Una suerte de ensueño se vivió anoche en el Zócalo con la Fiesta de Culturas Comunitarias 2026: Voces vivas, salvando el fuego. Cerca de mil niñas, niños y jóvenes indígenas de 28 estados y casi 200 municipios recrearon el antiguo mito mesoamericano del tlacuache que robó el fuego para regalárselo a la humanidad.
Ni folclorismo ni afán por revivir un pasado ancestral. En su segundo año consecutivo, esta monumental fiesta de la palabra, la música y la danza habló del presente y de una esperanzadora visión de futuro para los pueblos originarios, a partir de la imaginación, el orgullo identitario y, sobre todo, la alegría de esos pequeños artistas.
Diecisiete de las 68 lenguas vivas del país resonaron vigorosas en la plaza más importante de la nación, durante esta monumental puesta en escena al aire libre, con libreto del poeta Mardonio Carballo y dirección escénica de Jesusa Rodríguez. El espectáculo fue organizado por la Secretaría de Cultura federal (SC), con el apoyo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
Las acciones transcurrieron en un escenario elevado, semejante al Sol mexica: un círculo amarillo con cuatro brazos de diferentes colores que representaban los elementos naturales: tierra, aire, fuego y agua.
La orquesta y el coro del Sistema Nacional de Fomento Musical, dirigidos por Roberto Rentería, guiaron musicalmente la historia de la mariposa monarca que pide al tlacuache recuperar el fuego.
Foto: Rogelio Coéllar
Fue el viaje del héroe, en el que se sortearon circunstancias que enfrentan actualmente las comunidades originarias de nuestro país. Se abordaron temas sensibles como la migración y la ausencia, pero también la resistencia. “Algunos mueren, otros llegan a sus destinos, otros no regresan”, declamaron los infantes en lenguas como el náhuatl, otomí, purépecha y tsotsil.
La fachada de Palacio Nacional sirvió en varios momentos como pantalla para proyectar un videomapping con diversas imágenes: mariposas monarca volando, tlacuaches descendiendo al inframundo y, por último, el Viejo Abuelo Fuego.
Fue un mosaico cultural protagonizado por diversos temas musicales y danzas tradicionales de distintos rincones de nuestra patria, desde el son jarocho Siquisirí y la pirekua purépecha hasta conocidas canciones como Guendanabani, El Querreque y México lindo y querido, acompañadas de jubilosos zapateados y bailables.
Entre momentos de tristeza, nostalgia, esperanza y júbilo, la historia continuó su curso hasta que el tlacuache logró recuperar el fuego de entre los dioses del inframundo, con lo que se encendió la cola del animal, que, según el mito, hasta la fecha carece de pelaje. “Las mariposas nunca se rinden hasta cumplir su camino”, corearon con entusiasmo las voces infantiles en sus lenguas maternas, para concluir con una colorida verbena de cantos y bailes.
Antes de la parte artística, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, se dirigió a los infantes: “Ustedes llevan en sus voces un tesoro que no cabe en ningún museo, que no se compra ni se vende, que se hereda y cultiva con amor”.
Después cedió la palabra a Claudia Curiel, titular de la SC; a Jesusa Rodríguez; a Mardonio Carballo, y a Adelfo Regino, titular del INPI.
Edición: Emilio Gómez
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