de

del

René Ramírez Benitez
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 16 de febrero, 2018

Estamos a unos días de la entrega del informe de la Auditoría Superior del Estado ante el Congreso; a unos días de señalar a los “presuntos” responsables; a unos días de sacar a relucir los trapos sucios; a unos días de desnudar a los que se sienten dueños del erario público. Este órgano con autonomía técnica, dedicado a temas de rendición de cuentas y combate a la corrupción, es una de las instituciones con mayor credibilidad dentro de la opinión pública y que tiene un papel fundamental para la construcción de una democracia funcional y una vida pública transparente; sin embargo, el papel de dicha institución se da en un contexto de reorganización jurídica con el Sistema Estatal Anticorrupción, y su rol en el combate frontal a la corrupción se ha convertido en un imperativo y sujeto obligado en limitar los excesos del poder. De igual manera, la Auditoría Superior vivió un cambio de dirigente, el cual da señales a todos los ciudadanos de una modificación sustancial dentro del órgano fiscalizador, y podemos vislumbrar que está asumiendo el rol que le compete en el espacio democrático. La pregunta obligada ante todo lo anterior es: ¿Qué podemos esperar de dicho informe?

Lo que yo espero, estimado lector, es que dicho informe despierte la voluntad política en el tema de la corrupción; lo que yo espero, es que los señalamientos de la Auditoría Superior tengan la fuerza coercitiva que los ciudadanos añoramos desde tiempos inmemorables; lo que yo espero, es que sacudan el tablero de juego y poder llevar ante la justicia a aquellos que tomaron algún pedazo de pastel del dinero público que no es suyo, que se han apropiado.

La Auditoría Superior del Estado está en el momento clave de definir el terreno respecto a la administración pública, y mandarles un mensaje a todos los ciudadanos sobre la fortaleza institucional y las nuevas formas de investigar y señalar las anomalías respecto a las cuentas públicas y los recursos públicos ejercidos por instituciones.

Si bien, el Auditor Superior ha construído una nueva imagen y expectativa sobre el órgano que encabeza, es con este informe en el que reafirma su visión, tintes, y marca la forma en que esta administración trabajará. Porque merecemos algo más que un tigre sin garras; porque merecemos a una autoridad fiscalizadora que innove y tenga una manera más ciudadana de trabajar.

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