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del

Carlos Mena
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Miércoles 18 de octubre, 2017

¿Ya se dieron cuenta que la pesca ribereña es cada día peor? En la península de Yucatán se está observando una minimización de la importancia en la pesca de redes de arrastre en los manglares y su efecto en la población de peces, provocada por una ausencia de operativos y sanciones en las leyes estatales y federales.

El artículo 33 del reglamento de la Ley Federal de Pesca dice: “queda prohibido el uso de redes de arrastre en bahías y esteros, excepto en aquellos casos que expresamente lo autorice la Secretaría oyendo la opinión del Instituto Nacional de la Pesca”.

La misma NOM-022-SEMARNAT-2003 que protege el manglar no hace referencia clara a la depredación y sanción de estas prácticas de pesca.

Las funciones biológicas de los manglares son fundamentales para la actividad pesquera ribereña, ya que sirven de crianza de una diversidad de especies de peces, crustáceos y moluscos al recibir alevines, larvas, postlarvas y juveniles que se utilizan para la alimentación de las poblaciones de pescados en el mar.

Los efectos de su degradación repercuten de manera significativa sobre el deterioro de la pesca en las playas colindantes.

El problema está en que la Profepa protege los árboles de manglares y canales de agua, pero no la pesca furtiva con redes de arrastre, la Semarnat sí otorga permisos por tres meses para la captura de camarones en esteros, pero los utilizan para depredar especies como el robalo, pargo, corvina y liza todo el año.

La policía estatal tiene embarcaciones y vigila la pesca ribereña de pepino de mar y especies prohibidas como el caracol y langosta, pero jamás entran en los manglares. La realidad es que ni los pescadores locales de subsistencia, ni los policías de los municipios y autoridades tienen la información de la relación tan destructiva de la pesca de redes en manglar y pesca ribereña.

Desde Sisal hasta Dzilam he visto cientos de kilos de peces, pequeños y grandes, no comerciales (sábalo, macabí, etcétera), muertos en espacios escondidos en los manglares, porque instalan las redes en las tardes y las recogen en las madrugadas. La vigilancia nocturna no existe, mucho menos hay operativos con el objetivo de corregir este grave problema.

La baja captura de meros y otros peces ribereños, hace que los pescadores volteen al pepino de mar, langosta y caracol, pero algunos también a otras actividades como el robo de casa habitación en la costa de Yucatán, siempre se culpó a la sobre explotación, pero su desaparición también es por hambre.


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