Álvaro Quiñones Aguilar
La Jornada Maya
Viernes 20 de enero, 2017
Se dice que “cuando veas cortar las barbas de tu vecino, pon las tuyas a remojar”, y lo cierto es que ya no podemos mirar hacia otro lado y fingir que no pasa nada. Con los demonios sueltos en Cancún, entre tiroteos y ejecuciones, la violencia sentó sus reales: El pánico transitó por las avenidas del paraíso. Lo primero que debemos apuntar es que este hecho no brotó de forma espontánea: ya Cancún, antes que hoy, registró niveles de inseguridad altos. Por mencionar un ejemplo le presentamos las cifras de percepción de seguridad en el año que recién concluye. En diciembre, el dato estaba sobre el 25 por ciento, lo que significa que tres de cada cuatro habitantes de la ciudad ya vivía con la sensación de inseguridad de manera cotidiana. Con los últimos acontecimientos, prácticamente nadie está seguro ni a salvo. Esta cifra contrasta con las ciudades de Campeche y Yucatán, donde más de la mitad perciben vivir seguros y, hasta ahora, lo están.
[i]Mérida, Yucatán[/i]
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