Dios es bueno: lo sabemos porque únicamente se aburre de nosotros cuando insistimos en atribuirle afirmaciones que Él nunca ha hecho, sin tomarnos a mal esa insolencia. Esta presunción es verosímil, a partir de una consideración que aparece como lógicamente necesaria: Dios es mudo.
Su mutismo, sin embargo, sólo obedece al hecho de que en Él todo es silencio e interioridad, lo que nos permite inferir que Dios no tiene nada que decir y por ello no necesita reivindicar Su derecho a las palabras.
Dios sólo nos pensó, desde Su silencio limpio, y así aparecieron el tigre y su sigilo verde, la hormiga y su multitudinaria voracidad, la araña con sus babas de nostalgia, la sarcástica hiena y los hombres, las mujeres, las estrellas, los ensueños y la música.
Dios es bueno porque no deja de pensarnos, sobre todo los domingos por la mañana cuando el tedio parece espesar entre sus sienes: entonces Dios se refugia en un rincón del universo y se reconforta leyendo a Marx y escuchando tangos.
Lea: Brevísima teología para ateos indecisos
Edición: Emilio Gómez
El apoyo mensual es de 9 mil 582 pesos, además de seguro médico del IMSS
La Jornada
Visión Intercultural
Francisco J. Rosado May
Las piezas son resguardadas por el INAH en el Laboratorio de Zooarqueología de Chetumal
La Jornada Maya
Los Leones suman experiencia, juventud y versatilidad con las incorporaciones de Brooks, Nelson y Urías; regresa Corbett
La Jornada Maya