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La responsabilidad de nuestra voz

Invitación a la lectura de 'Lugar de enunciación' de Djamila Ribeiro.
Foto: Rulo Zetaka

Para Diderot y la comunidad MEIS

Hace unos años comencé una inesperada búsqueda, había empezado el proceso para entrar a un posgrado y recibí una pregunta que no entendí a cabalidad: ¿cuál era mi “locus de enunciación”? Tuve que enfrentarme a una expresión que para ese momento de mi vida era totalmente ajena y me percaté que para otras personas que estaban en formación conmigo, y que ahora son entrañables amistades, tampoco había tanta claridad con el uso de esa expresión. “El lugar desde donde hablo” fue la forma en la que decidí organizar esas ideas cuando me explicaron lo que significaba.

Después de escribir la propuesta de dicho lugar, que estará incluida en mi tesis de maestría aún inconclusa, me di cuenta de que quería seguir investigando e investigándome al respecto y utilizándolo en las aulas que habito ahora como docente universitario. Todo esto me llevó al libro que había estado orbitando y que me parecía totalmente inaccesible. Apareció gracias a la recomendación de otro sabueso de libros, mi buen amigo Diderot, que me dijo que Lugar de enunciación (2020, ediciones ambulantes) de la autora feminista brasileña Djamila Ribeiro estaba disponible para comprar en línea y lo enviaban desde Argentina.

El pequeño libro, que bien podría ser un texto central de alguna clase en la licenciatura de sociología o antropología, se volvió una compañía indispensable de mis reflexiones y por eso es que decidí escribir este texto. La autora nos lleva a discutirnos frente a la mirada del otrx, ese espejo que nos permite vernos a través de la profundidad de lo que nos define, para ello quiero destacar tres ideas que se cuestionan en el texto: las preguntas incómodas que tenemos que hacernos, la noción de universalidad que debemos transformar y la dificultad de la autorización para hablar.

En primer lugar, quiero destacar las preguntas que pueden generarnos incomodidad y que a mí me hicieron tomar algunas decisiones en esta columna mensual. ¿Qué libros solemos leer? ¿A qué le llamamos clásicos y quién los escribió? En un abismo infinito de letras, las que han sido mayormente reproducidas en la literatura o el periodismo han sido de varones blancos por los últimos 500 años desde el invento de la imprenta, y por dos milenios desde que tenemos registro. Djamila nos pregunta ¿a cuántas autoras y autores negros tuvieron acceso? En nuestro contexto y si cambiamos negros por mayas ¿qué podríamos contestar? Y preguntarnos con mayor profundidad ¿qué podemos hacer para cambiar esto? 

Por otro lado, para contestar estas preguntas necesitamos también saber ¿qué entendemos por universalidad? El afán de la ciencia occidental, que tantas alegrías nos ha dado, también se ha encargado de dejar a un lado las experiencias vitales y las formas de investigación diversas que no encajan a la perfección con el método científico, la autora nos invita a preguntarnos sobre el lugar social que ocupamos dialogando con otras voces que ya habían puesto la mirada en ello como Gayatri Spivak, Donna Haraway o Bell Hooks para construir otras nociones más equitativas que la universalidad que aplana y unifica. 

La tercera idea, sobre la autorización para hablar, parece en un primer momento tal vez la menos clara, pero me recordó una anécdota con una compañera académica donde su voz, con toda la experiencia suficiente sobre el tema, no fue autorizada sino hasta la intervención de otro académico blanco que le secundó es que tomó fuerza. Las voces que no han sido autorizadas, mujeres, negrxs, indígenas y otras tantas diversidades pueden sucumbir ante el miedo de la desautorización. Esto nos podría llevar en dos direcciones ¿qué se preguntan y cómo se organizan esas voces? De eso nos habla la autora, ¿cómo quienes tienen voz hacen uso de ella y cómo la comparten? De eso nos deja tarea para quienes podemos habitar esos espacios de una u otra forma.

Todas estas preguntas son parte del pequeño texto que lleva a la autora brasileña a guiarnos en la búsqueda de nuestra propia voz, de entender la diversidad que habitamos en este mundo y de cómo cualquier pequeño esfuerzo por pluralizar las voces pasa también por la pluralización de las escuchas. Dice que todxs nos necesitamos a todxs para ver las distintas partes de un mismo problema, pero que quienes tenemos poder o autorización, necesitamos preguntarnos con más ahínco cuáles son nuestras estrategias para escuchar primero y ceder el poder.

@RuloZetaka

 

Lea, del mismo autor: Autogestión: La semilla germina


Edición: Estefanía Cardeña


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