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Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

En estos tiempos, seamos sinceros, ¿quién en su familia no tiene un hermano, tía, primo o ser querido cercano que sea mal llamado “chairo”, “fifí”, “conservador” o “liberal”? y ¿quién, en serio, no desearía llegar a las próximas fiestas decembrinas sin el tufo de tener que encontrarse con ese otro? en verdad ese otro, ¿es el adversario? 

Una serie de preguntas sinceras surgen en estos momentos del “México partido”, en el pleno apogeo de la partidocracia, donde cada parte canta sus pírricas victorias, pero que en el fondo el único que pierde es el país, en el que la mayoría ha sido orillada, forzada o convencida de tomar un rincón y desde ahí ver al otro. En tiempos en los que se puede ser testigo de la gran paradoja que consiste en el hecho de que cuando más unidos nos requerimos como nación frente a la incertidumbre de una Tercera Guerra Mundial, es cuando más anti sistémico se ha hecho en pugnar por la unidad. Esto nos hace vulnerables frente a cualquier extraño enemigo. 

Queda claro que es ingenuo pensar que la clase política de la partidocracia deje a un lado sus intereses personales, compromisos de grupo, secta o lucimiento de egos, sin embargo, como alguna ocasión dijo José Saramago: “en el mundo existen dos grandes super potencias, una es Estados Unidos y la otra eres tú, pequeña gran super potencia”, y este escrito está dirigido a ti, “pequeña gran super potencia”, quien en su microcosmos es poseedor de grandes dones, solo es cuestión de observarlos, contemplarlos, acrecentarlos, pulirlos, y compartirlos.  

Demos espacio a la fraternidad y la hermandad, para ganarle terreno a las discusiones que nos parten el alma y unirnos a través de diálogos compasivos, inteligentes y sinceros, desde una postura amorosa, comprensiva y siempre buscando la unidad. El enemigo no está en casa ni en tu círculo de amigos, como dice Enrique Quezadas, es preferible tener un amigo que tener la razón, vale el esfuerzo sumar a la lista de buenos deseos de año nuevo “la unidad”, pese a cualquier discurso político.

Empecemos por quitar de nuestro vocabulario esas palabras que nos etiquetan y procuremos la sabiduría Tolteca, escuchar más de lo que se dice y, sobre todo, que cuando hablemos de la política mexicana, pensemos primero en ¿qué es lo mejor para México? No le sigamos el juego a la política de la partidocracia y mantengamos una consciencia, sí crítica, pero principalmente proactiva, ¿qué puedo hacer yo para el otro, para el colectivo o el país?    

Los buenos deseos empiezan a compartirse como manantiales de agua y pueden ser yacimientos puros, cristalinos y sinceros, siempre la salud, la prosperidad, la abundancia y el amor, son parte de ellos, emanan de forma natural en los corazones buenos. Estoy seguro de que, si nos escuchamos y rompemos la apariencia de separatismo, podremos encontrar lo mejor como colectivo y cultura mexicana, aquello que nos unifique e identifique.

 

Lee, de los mismos autores: La medicina alternativa frente a la medicina alópata

 

Edición: Laura Espejo


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