Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
Cerca de 77 mil hectáreas afectadas por el fuego
Afp
Tal como sucedió el sábado, la jornada inició con un metal dorado en remo
La Jornada
El país norteamericano propone institucionalizar de forma permanente la colaboración con la nación de Medio Oriente en temas bélicos
La Jornada
Rechazan las reformas al Código Civil que permiten modificar legalmente identidad y género
La Jornada