Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
Luis Ernesto Espinosa Campos permanecerá en prisión preventiva en San Francisco Kobén
La Jornada
Los primeros reportes sugieren que las víctimas fueron ultimadas durante una persecución
La Jornada
La oficina representante de Estados Unidos aseveró que el documento es ''un privilegio, no un derecho''
La Jornada
La alcaldesa Cecilia Patrón fija meta de 200 kilómetros repavimentados
La Jornada Maya