Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
El movimiento telúrico no ameritó la activación de la Alerta Sísmica a través del sistema de altavoces de la capital del país
La Jornada
Exigen transparencia y denuncian que no se está respetando el criterio de antigüedad establecido para la movilidad laboral
Jairo Magaña
Autoridades aseguran que cuentan con insecticidas, equipo y personal suficiente para enfrentar la temporada de lluvias
Jairo Magaña
Autoridades impulsan acciones de conservación
Jairo Magaña