Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
El siniestro se produjo de madrugada en Gilgil, una ciudad a unos 100 kilómetros al norte de Nairobi
Afp
Se esperan lluvias fuertes que se prolongarán hasta la noche
La Jornada Maya
Cuando en 1961 fundó la editorial ERA, el segundo libro que publicó fue de su tío: 'España Heroica'
Fernando Gálvez de Aguinaga