Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
Desde Michoacán, la presidenta destacó los programas sociales y la igualdad para las mujeres
La Jornada
Un penal convertido por su estrella Kylian Mbappé, al minuto 70, le dio el triunfo al combinado europeo
La Jornada
La víctima fue identificada como Mario Núñez Campuzano de 82 años
La Jornada
Vicente Aldape Moncada aseguró que enfrentará el proceso con confianza en las instituciones
Miguel Améndola