Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
Exige ONU a Tel Aviv que devuelva sus instalaciones asaltadas
La Jornada
Insuficiencias de juicio y omisiones que distorsionan hechos
José Juan Cervera
La SSY deberá demostrar avances en prevención y atención del consumo de sustancias
Astrid Sánchez
Tras una semifinal con mucho drama, vencen a Bencic y Cobolli en un desempate
Ap / Efe