Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
La alcaldesa promoverá la adopción, esterilizaciones y mega operativo de rescate
Astrid Sánchez
Desde la entrada en vigor del cese al fuego con Israel en octubre, el movimiento islamista afirmó estar dispuesto a ceder el poder
Afp
Gobernanza y sociedad
Bertha Hernández Aguilar y Ruth Cerezo-Mota
El centrocampista agradece a la afición por el apoyo: “Creo que se va contenta a casa”
Efe