Miro este calcetín viudo que no entiende la circunstancia de su inutilidad.
Yo ya lo había advertido. Las lavadoras se alimentan de calcetines: no gustan de la ropa interior, se les indigestan las manchas de mostaza que usualmente tienen las camisas y mascan los pantalones, pero no los tragan.
Por eso me apena este viejo calcetín y compadezco su soledad de pie derecho.
Uno puede perder un brazo, un ojo, un pie: lo que queda sigue cumpliendo sus funciones imprecisamente doctrinarias; mas un calcetín solitario es casi una aberración ontológica, un atentado contra cualquier mundo posible, una anomalía de la naturaleza, el mayor de los infortunios.
Este calcetín viudo es ya solamente una metonimia de la soledad, una metáfora siniestra del “no-ser”.
Edición: Ana Ordaz
La nueva infraestructura eléctrica busca garantizar soberanía energética, sustentabilidad y justicia social
La Jornada
La Celeste empató 2-2 en Miami y está obligada a vencer a España para avanzar en el Mundial 2026
Reuters
Comando Sur notificó a la Guardia Costera para que busque y rescate a los sobrevivientes
La Jornada
El ejemplar fue localizado y asegurado tras activar un protocolo de contención
La Jornada Maya