En 2002 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) creó el programa Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam) como estrategia para revertir la pérdida de sistemas alimentarios y conocimientos ancestrales, y estableció los criterios para otorgar el reconocimiento:
La FAO considera que los Sipam tienen una relación intrínseca con su territorio. Están en constante evolución, son resilientes, tienen una alta biodiversidad agrícola, reflejan sólidos conocimientos tradicionales, culturas y paisajes invaluables, manejados de manera sostenible por agricultores, o en su caso pastores, pescadores y poblaciones forestales, de tal manera que contribuye a sus medios de vida y seguridad alimentaria. La milpa es esto y mucho más.
Ayer 22 de mayo, en Roma, Italia, la FAO otorgó reconocimientos a 24 nuevos sitios Sipam. Estos nuevos sitios se eligieron después de evaluaciones, visitas de campo, entrevistas, discusiones grupales, consulta con expertos, entre otros. Los países seleccionados fueron: Brasil (1), China (4), Ecuador (2), Irán (2), Italia (2), Japón (2), Corea (2), México (1), Marruecos (2), España (3), Tailandia (1), y Túnez (2); en paréntesis se muestra el número de sitios reconocidos por país.
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En el caso de México, el sistema reconocido es el de la milpa maya. Anteriormente, en 2017, se había reconocido a las Chinampas.
La palabra milpa es de origen náhuatl, resultado de la combinación de: milli quiere decir parcela sembrada, y pan, que significa arriba. La palabra se adoptó en toda Mesoamérica. Los mayahablantes de la península de Yucatán prefieren la palabra “kool”, aunque al hablar español usan la palabra milpa. La palabra “kool” en maya está articulada a otros aspectos de la cultura, por ejemplo “óol” (alma, esencia) y “k’óol”, preparado que se usa en los tamales. Es decir, kool o milpa, es parte de nuestra esencia como mayas.
De acuerdo con Rodríguez-Robayo y colaboradores, (Journal of Rural Studies, [2020], 77, 47-54), la palabra milpa tiene diversas interpretaciones, unas son más enfocadas a la producción, otras a aspectos sociales o económicos o ambientales, y otras combinan los puntos anteriores. Al obtener el reconocimiento Sipam se abren más y nuevas oportunidades para estudiar y mantener y mejorar los valores y productividad de la milpa.
Ese es precisamente el reto que sigue después de ayer. Lo saben las personas y organizaciones que lograron el reconocimiento Sipam a la milpa, todos ellos milperos, de origen maya, de los tres estados de la península de Yucatán. Por Quintana Roo destaca Miguel Kú Balam de REPSERAM, y por Yucatán, Jesús Poot Yah, de Agroecología de Misioneros AC y Guardianes de la Semilla. Todos con el apoyo de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán y del PPD-PNUD.
El reconocimiento Sipam a la milpa debe comprometer a los tres niveles del gobierno para apoyar las comunidades mayas en la conservación y mejora de un sistema alimentario que por su nivel de sofisticación explica, nada más ni nada menos, la presencia de nosotros en el presente. No lo olvidemos.
Es cuanto.
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