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Espacios de recreo… en Itzimná

Noticias de otros tiempos
Foto: El Eco del Comercio, 22 de abril de 1902

Los derechos a las vacaciones y al ocio son materia de discusión apenas en este siglo. Por siglos, los tiempos para suspender el trabajo cotidiano estuvieron determinados por las festividades religiosas o civiles. Durante el porfiriato la situación cambió para Yucatán, pues a partir de la fundación del puerto de Progreso se empezó a hablar de “la temporada”, que consistía en pasar los meses de julio y agosto en la playa. Esto, por supuesto, era un privilegio. Muchos no tenían más oportunidad que pasar unos cuantos días fuera de Mérida, pero, en cambio, tenían otras opciones para pasar un rato de esparcimiento; una de las más populares fue el parque conocido como “Los recreos de Itzimná”.

 

Foto: El Eco del Comercio, 22 de abril de 1902.

 

Según nos deja saber el diario El Eco del Comercio, en su edición del 22 de abril de 1902, los yucatecos tenían casi por costumbre ausentarse especialmente de Mérida, donde ya se concentraba la mitad de la población a raíz de la Guerra de Castas. Los más pudientes 

“en una gran parte emigran a Europa, Estados Unidos o al interior de la República; otras se van a Progreso, a Telchac y otros puertos peninsulares, no faltando regular contingente para Lerma y Campeche y para las fincas de campo”.

La nota hace mención a la práctica de “huir” durante el verano. Así, el periódico pone como referencia a Nueva York como otra ciudad de donde la gente se ausenta para descansar, “y en la ciudad de México se hacen temporadas largas en Tacubaya, San Ángel, Mixcoac, Coyoacán, etc.”. Mérida, por su parte, contaba ya con villas de recreo. Sin embargo, el punto más favorecido para veranear era “el pueblo de Itzimná”, donde las rústicas casas se habían transformado en quintas y chalets “de gusto y de costo”.

Sin duda, aquella población, hoy colonia de Mérida, tenía su atractivo particular: “Los extranjeros buscan ese pueblo que ya se presenta pintoresco, hermoseado con jardines particulares y un local amplio para recreos, donde las tardes de los días feriados se descuelgan las familias meridanas a respirar el aire libre del campo”. 

 

Foto: El Eco del Comercio, 22 de abril de 1902.

 

El periódico se refería a Los Recreos de Itzimná, un parque propiedad de la Empresa de Tranvías que ofrecía a los visitantes atracciones como “el Laberinto, instalación de madera en donde se pierden los jugadores novieros, las Montañas rusas, Carrocel, Carreras de velocípedos, etc.” En el lugar se celebraban también kermesse “cuyos productos destinados a proyectos filantrópicos han resultado verdaderamente provechosos”.

La novedad en la nota está en que para ella se publicaron cuatro “grabados”. En realidad se trató de reproducciones de fotografías, dos de ellas aparecidas primero en la obra Yucatán Industrial, Artístico y Monumental y otros dos inéditos hasta entonces. El estado del periódico no permite apreciarlas a detalle, pero al menos son identificables el mirador de dos pisos, en el cual se instalaba una banda de música, y la pista para carreras de bicicletas y la montaña rusa. Cabe destacar que ni El Eco del Comercio ni La Revista de Mérida, los diarios de la época, destacaba por incluir fotografías en sus ediciones, por lo que esta nota debió ser muy especial.

Hoy en día, la idea de un parque de diversiones está asociada a un alto costo de entrada y a marcas que se han vuelto franquicia, o a precios elevadísimos para ingresar a uno de los juegos mecánicos en las ferias de Xmatkuil o San Román. Los Recreos de Itzimná fueron concebidos por la Empresa de Tranvías como un lugar de entretenimiento accesible; eso sí, asociado al movimiento de pasajeros. La nota de El Eco destaca que “Para el arreglo de esos recreos la Empresa de Tranvías de la ciudad de Mérida destinó una fuerte cantidad que, si no produce la utilidad relativa, contribuye al mayor movimiento de pasajeros en los coches y constituye un paseo que es verdadero ornato y alivia algo los rigores de nuestro clima, llenando además una necesidad social en el vecindario de Mérida”.

Los Recreos desaparecieron en los años de la Revolución y el terreno que ocuparon tuvo varios usos. Hoy alberga un colegio que ya lleva instalado ahí más tiempo que el que duró aquel parque que todavía sigue siendo una referencia en la historia de Mérida.

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Lea, del mismo autor: Balas contra el pueblo



Edición: Estefanía Cardeña


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