de

del

Para transformar la educación

Noticias de otros tiempos
Foto: INAH

Una de las principales tareas del Estado mexicano, desde hace ya mucho más de un siglo, es la educación pública. Establecer un sistema nacional no ha sido fácil, y por momentos ni siquiera algo sobre lo cual existiera consenso. Recordemos que, desde antes de la independencia, la Iglesia católica estaba presente en las pocas escuelas que existían, y que incluso quienes se formaron como abogados durante buena parte del siglo XIX estudiaron en algún seminario.

Las continuas disputas entre republicanos y monárquicos, centralistas y federalistas, liberales y conservadores, además de la guerra con Estados Unidos y la Intervención francesa, fueron un poderoso freno para el desarrollo de un plan educativo nacional, toda vez que las arcas terminaban exangües al término de cada guerra. No fue sino hasta el Porfiriato que se consiguió cierta estabilidad e incluso bonanza económica (entendida más como el dinero recaudado que como riqueza repartida entre la población) como para institucionalizar los esfuerzos por montar un sistema educativo.

Durante el porfiriato ocurrió también se elevó la población alfabetizada, aunque esto fue lento. En algunos estados, sin embargo, a principios del siglo XX, el incremento era notorio para los visitantes. Aquí debe tenerse en cuenta el enorme esfuerzo de Rodolfo Menéndez de la Peña, que por más de 20 años publicó el semanario La Escuela Primaria, a través del cual difundió las novedades en materia educativa.

Pero para 1909 apenas salía una novedosa ley federal sobre educación primaria, que mereció la atención de un editorialista del Diario Yucateco, que en su edición del 28 de abril de ese año comentaba la publicación de la norma en el Diario Oficial de la Federación.

Lo primero que llamó la atención del editorialista fue que la ley recuperaba un principio que le parecía sumamente valioso: “La instrucción en las escuelas se considerará sólo como un medio de educación”. En seguida, señalaba que en Yucatán, como ocurría en otros lugares de México y otros países latinos, “la instrucción se toma como un fin y no como un medio. Nuestras escuelas abren únicamente para impartir conocimiento de las asignaturas que marcan los difusos programas […] y este mal afecta a todo organismo de la enseñanza”.

El comentarista, posiblemente formado como profesor, añadía: “En la práctica, la educación se confunde con la instrucción, y se tiende únicamente a formar alumnos capaces de recitar las lecciones aprendidas, prestándose exclusiva atención a la cultura de la inteligencia y de la memoria, (y esto no siempre de una manera conveniente) olvidándose la educación de la voluntad. La educación física, como hacíamos notar no hace mucho en nuestros editoriales, es deficiente y se reduce a una gimnasia con tendencias al acrobatismo y a los ejercicios militares.”

En otro párrafo agrega sus ideas sobre las necesidades de educación, entendiendo ésta como algo mucho más amplio de lo que ofrecían las escuelas entonces: “La sola instrucción no constituye la educación, y lo que todo pueblo necesita es que se le eduque y no tan solo que se le instruya, porque el triunfo en todas las cosas no corresponden a los que son más instruidos, sino a los que tienen la mejor educación, es decir, a los que realizan mejor el desenvolvimiento integral y armónico de todas las facultades humanas”.

Finalmente, el autor anónimo se extiende sobre el programa de la nueva ley, en lo que ésta establecía como las principales características de la educación, como nacional, integral, laica y gratuita. Da la impresión de que para quienes habían cursado la primaria entre el período de la República Restaurada y el Porfiriato encontraban novedoso tanto las características de la educación planteada en la ley como la claridad del legislador para que no hubiera equívocos en la interpretación.

Igualmente, adelanta que esa educación sería para el desarrollo del individuo: “No se trata de formar niños sabios, capaces de disertar sobre mil temas y asignaturas. Se necesitan buenos mexicanos, dotados sí de inteligencia desarrollada, pero también de robusta voluntad, de carácter bien templado, de espíritu de iniciativa, de amor a lo bueno y a lo bello, de culto fervoroso a los sentimientos morales, sin los cuales ningún progreso es sólido; gentes capaces en el futuro de realizar el ideal de la raza mexicana y de formar una nacionalidad con vida bastante para resistir material, intelectual y moralmente contra toda raza enemiga y toda nacionalidad invasora.”

Se notaba, al final, que quien escribió estaba marcado por la Guerra de Castas y la narrativa de la Intervención francesa. Pero esto no demerita lo que había entendido como los objetivos de la ley. Añadía que ésta también consagraba otro principio de importancia trascendental, “suprimiendo todas esas trabas, inspecciones, exclusivismos y formalidades que en otras partes se imponen a la enseñanza particular”.

Posiblemente, los estudiantes de entonces habrían obtenido mejores calificaciones en la prueba PISA, pero entonces México tenía otras metas.

[email protected]

 

Lea, del mismo autor:  El gobernador y el parque nuevo


Edición: Estefanía Cardeña


Lo más reciente

Ayer y hoy de la cascada de Tamul en la Huasteca potosina

La escasez de lluvias del año pasado secó la caída, una de las más grandes de México

La Jornada

Ayer y hoy de la cascada de Tamul en la Huasteca potosina

Así fue la carrera de 'Juana La Cubana', cantante y humorista que falleció a los 98 años

Bacallao fue un referente de los escenarios del cabaret de Cuba

La Jornada

Así fue la carrera de 'Juana La Cubana', cantante y humorista que falleció a los 98 años

Trump: sistematización de la mentira

Editorial

La Jornada

Trump: sistematización de la mentira

Chivas vence a Pumas en regreso del ‘Chicharito’ Hernández

El máximo goleador de la selección mexicana regresó a su equipo de origen tras su salida en 2010

Reuters

Chivas vence a Pumas en regreso del ‘Chicharito’ Hernández