El 2024 se prepara para llegar, después de las 12 uvas que se atragantan las personas para acompañar las 12 campanadas y la quema de cohetes que hacen aullar a muchos. Aún le quedan unos días previos a recibir la estafeta y conforme estos pasan, cada vez se siente más confundido entre las historias que escucha en las mañanas, de cómo todo está maravilloso y nunca hemos estado mejor y luego, por otros medios, noticias que tienen otros datos. ¿A quién creerle?
Con eso de que llegará para todo el mundo, también está enterado de que, en el país del norte, durante su periodo, será una guerra inmisericorde entre dos candidatos con exceso de años e historiales que hace que uno se pregunte cómo es posible que los votantes -sabiendo que tiene juicios en proceso- sean capaces de votar por el más bravucón, sin el mínimo intento de razonar si le conviene o no a su país. Lo único importante es ganarles a todos.
Lo vimos hace unas semanas, donde los ciudadanos, en el país de la Patagonia, eligieron a un candidato que en sus mítines mostraba una sierra con la que cortaría la educación y la cultura, instituciones que pregonaba, estaban dañando la economía. Y ahora, apenas unos días de haber tomado el poder, los votantes han salido a las calles a manifestarse en contra de las medidas que está implementando con la sierra que propuso. “Sobre aviso, no hay engaño”. ¿Alguien escuchó?
Sí, el 2024 se encuentra muy confundido, ¿asustado? Ha intentado hablar con el saliente 2023, pero este se la pasa en posadas, despedidas, duelos, carreras locas a ninguna parte y como algunos políticos, haciendo ruido para que no se olviden de él.
Siendo 2024, acorde a la cantidad de siglos transcurridos, según la medición del Vaticano, tiene información de todos ellos y de pronto, le pareció recordar una canción para niños que cantaba Margarita Robleda, que grabó en los 80: “De los niños de Quintana Roo, para los niños del Mundo, Margarita Robleda”, que el gobernador de ese estado, Pedro Joaquín Coldwell, le apoyó a producir: “El hombre de lata”, cuya letra, con más de 40 años parece escrita para el día de hoy:“Hay un hombre de lata, colgado en ese poste, es un hombre de lata, de aceite de motor. Y sus pensamientos, los gobierna el viento, tiene una veleta, en vez de convicción. Hay un hombre de lata…”
El futuro 2024, antes de entrar al quite, tiene tiempo suficiente para observar y preguntarse. ¿Cuántos de los políticos actuales tienen convicciones? ¿Qué quieren? ¿Cuál es el sentido de su lucha? ¿En favor de quién trabajan? ¿Cuáles son los que sirven y quienes los que se sirven? ¿Quiénes coleccionan partidos? “Y sus pensamientos, los gobierna el viento…”
¡Ayyy! El 2024 se estruja y se pregunta si no hubiera sido mejor sacar el turno del 2026, seguro que ese año será más tranquilo. Bueno, a saber. Para entonces ya habrán brotado las consecuencias de las decisiones que tomarán en las urnas los ciudadanos de ambos países, sobre todo las divisiones entre familiares y amigos tan espantosas que los candidatos, sin medir consecuencias, han creado. Después de escuchar tantos meses de arengas ¿cómo sanaremos del odio y reconstruiremos el puente? ¿Cómo pagaremos las deudas de las estratosféricamente caras campañas y las alianzas con los benefactores de las mismas?
El apesadumbrado 2024, está considerando rajarse, no llegar; que el 2023 se repita, como la pandemia que hizo nebulosos a los 2020, 2021 y 2022, quizá nadie se entere. Sabe que tiene que presentarse, no le queda de otra. Pienso que no sería tan espantoso si tuviera participación, pero eso de ser únicamente testigo silencioso, es doloroso y desgastante.
Es horrible ver como los fabricantes de armas inventan guerras para venderles a ambos bandos; ahí está Siria y Ucrania; Belén en medio del zafarrancho entre las potencias mundiales, que ahora, con la inteligencia artificial, se sienten más poderosas que nunca.
Lo único que consuela al joven 2024, es saber que detrás de tanta máscara que impone la sociedad para ser aceptados, hay muchos seres humanos buenos y solidarios que están buscando en comunidad, la forma conectar, la de pensar y si siguen por ahí, encontrarán la manera. ¡Victorioso 2024, para todos!
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