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La vida que me traje en la bolsa. La fiesta de semillas en Xbox, Yucatán

El proyecto reúne a decenas de productores y resguarda la diversidad del maíz
Foto: Sabina León

Veinte años se dicen fácil. Para una persona se llegó a la edad adulta, para una pareja es formar una familia y verla crecer. Para muchos de los árboles que serán los más vetustos de la zona estarán dando sombra mientras echan semillas.

Para los guardianes de las semillas del sur de Yucatán, Káa nán iinajoob, 20 años ha sido lo que ha ido madurando un proyecto que reúne a decenas de productores, resguarda la diversidad del maíz con un arcoíris de colores en variedades que no pude contar y abre los brazos para personas curiosas e interesadas en diseminar todo tipo de semillas.

 

Foto: Sabina León

 

El domingo 28 de abril, se llevó a cabo la veinteava fiesta de semillas, en esta ocasión en la comunidad de Xbox, Yucatán. Si habitas en Mérida, la comunidad está a un poco más de hora y media de la ciudad y al llegar te encuentras con un poblado chiquito que en esta ocasión abrió los brazos a recibir la fiesta. Cuando nos bajamos del coche, después de saludar, empezamos a observar cómo todas las personas ayudaban en medida de sus posibilidades a que el espacio quede listo. Bajo el domo se acomodaban mesas y sillas, en el toldo el equipo de sonido quedaba listo y hasta los músicos hacían una prueba de sonido.

En el rincón, con mejor orientación del espacio, había una mesa que se fue llenando de flores, semillas y ofrendas. Un incensario ocupó el lugar central en lo que se alistaba todo. La fiesta se estaba completando antes de empezar: todo espacio que implique celebración debe tener comida y música, pero también tiene que celebrar la vida y entender que no hay memoria sin ritualidad para que una cosa de paso a la otra. Por ello el incensario se llenó de humo apenas empezó el evento y asistimos a una ceremonia de inicio que nos abrazó la nariz con olor del copal.

 

Foto: Sabina León

 

Las semillas florecen con el intercambio. En esta relación ancestral que tenemos con las plantas nos hemos hecho a su servicio proliferándolas por cualquier lugar donde puedan germinar sus semillas. Ha sido el capitalismo el que le ha puesto precio a una de las relaciones más antiguas que tenemos con otros seres, y provocado que estos espacios donde se celebra a las semillas parecieran pequeños ante el consumo voraz que ha colonizado y vuelto producto todo lo nos alimenta y lo que no lo hace.

En esta fiesta la diversidad que estábamos festejando se volvió aún más amplia: ya no sólo se celebraba la semilla que se entierra para encarnarse, sino que por primera vez estuvo un grupo de mujeres que presentaba otro tipo de intercambio, el de la semilla de seres sintientes que habitan en sus traspatios.

El grupo de mujeres ha estado practicando la diversificación de variedades de pollos para producir carne y huevo con la mejor calidad y sabor que germina en sus propias casas.

 

Foto: Sabina León

 

Por una mirada que atraviesa mi cotidianidad, suelo detenerme en eventos donde se aglomera mucha gente a observar el calzado pues me parece una representación compleja de la diversidad y uniformidad de los espacios. En la fiesta de las semillas encontré que las personas acomodan su paso según la semilla que le gusta sembrar. Hay niñas y niños corriendo con chanclas en forma de tiburón, los jóvenes que migraron al campo para ensuciar sus botas y sus manos al trabajar la tierra, señores con zapato de vestir que son parte del equipo de anfitriones por lo que se ponen sus mejores galas para la fiesta y, probablemente mi favorita, señoras con hipiles que traen chanclas confortables con colores estridentes. En la comodidad del calzado habitamos nuestra casa, pero también, caminamos la vida.

Al irnos del evento me subo al coche con Omar, Ingrid y Sabina, conversamos todo el camino de regreso, tomamos fotos del recorrido y contamos historias. Durante todo el trayecto de vuelta pienso en el valor de las semillas que traigo en la bolsa del pantalón, es increíble que al meter mi mano a la bolsa encuentre entre mis dedos la historia de centenas de generaciones que se han dejado domesticar por las plantas a las que les hemos dedicado tanto amor.

 

Foto: Sabina León

 

Por más pequeñas que sean, estas semillas cargan en sus espaldas la historia de la humanidad, nuestra esperanza de futuro y los anhelos de gente maravillosa, como los guardianes de las semillas, que siguen soñando con un mundo tan diverso como el color de cada grano de maíz que bailó en Xbox el domingo pasado.

@RuloZetaka

Lea, del mismo autor: Sostener los afectos y complejizar la mirada de la ausencia

 

Edición: Estefanía Cardeña


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