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En mi columna del pasado 24 de diciembre, lanzaba una pregunta al aire respecto al asedio de Estados Unidos contra Venezuela: ¿Será el 2026 el año de la diplomacia o del estallido? Tras la incursión relámpago del ejército estadunidense en territorio venezolano el pasado 3 de enero, todo indica que el estallido ha ganado la partida. Sin embargo, aún abrigo la esperanza de que la diplomacia brille, aunque el panorama sea lúgubre.

El asalto a Miraflores parece ser menos una operación quirúrgica de inteligencia y más una acción concertada con desertores del régimen, cooptados o corrompidos. Sin embargo, la narrativa dio un vuelco complejo: la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido la presidencia interina, denunciando el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Al jurar ante la tumba de Chávez y recibir el respaldo de "Nicolasito" y los embajadores de China, Irán y Rusia, el escenario se aleja de la resolución sencilla que Washington pretendía vender.

Ayer mismo, Donald Trump, frente a su tropa política, dejó entrever su inseguridad ante la elección de noviembre. Prometió dinero directo y salud a su pueblo, al tiempo que alardeaba de poseer el ejército más letal de la tierra. Este mensaje, más que fortaleza, acusa debilidad frente a un electorado que podría cobrar la factura por proyectar la imagen de un país desorbitado, invasor e irrespetuoso de la legalidad internacional. Mientras gasta su presupuesto en músculo bélico, China continúa fortaleciéndose en el mercado global.

Planteó una segunda tesis: la operación del 3 de enero —que dejó un centenar de muertos en Venezuela, incluyendo 40 cubanos del círculo íntimo de Maduro, pero sin bajas estadunidenses— es una puesta en escena cinematográfica. Trump busca el drama y la exhibición de poder para amenazar al mundo, pero la cúpula chavista sigue intacta, acomodándose y jurando lealtad a la nueva presidenta.

Dentro y fuera de Venezuela, la sociedad se fractura: unos festejan la caída de quien consideran un tirano; otros recriminan la invasión que rompe el orden mundial. Lo cierto es que Estados Unidos no tiene el control de la transición. El propio Trump ha demeritado a la Nobel de la Paz, María Corina Machado, mientras afirma que Delcy Rodríguez "está cooperando". El objetivo real es el petróleo: controlarlo a través de extractoras para chantajear a China y desequilibrar ideológicamente  a América Latina.

La declaración de Maduro el pasado lunes ante un juez —como inocente y auto definiéndose como prisionero de guerra y presidente constitucional secuestrado— pone a la justicia estadunidense en el ojo del huracán. Al invocar los Acuerdos de Ginebra, abre una puerta para que los demócratas cuestionen la honorabilidad del proceso. El posicionamiento de la ONU en los próximos días será vital para su propia supervivencia como organismo.

América Latina debe unirse. México ha fijado una postura enérgica basada en su Constitución y su historia como país invadido. Colombia y Cuba se sienten amenazados ante este precedente. La fuerza real, sin embargo, reside en el electorado estadunidense: el voto de castigo en noviembre será el que avale o condene esta deriva de la derecha republicana. Ante la reacción global adversa, Trump ya ha comenzado su ataque habitual, afirmando que el periodismo "no tiene credibilidad".

La crisis de Venezuela debe ser resuelta por los venezolanos, sin las manos de una potencia que históricamente busca el caos para imponer el control. Revisemos la historia y las señales;  la reacción global  es apenas el inicio de un conflicto mayor que debe solucionarse por vía diplomática. 

El Lunes la presidenta Claudia Sheinbaum  dio el Posicionamiento de México ante la Intervención en Venezuela, dijo; 
La posición de México frente a cualquier forma de intervención es firme, clara e histórica. 

Rechazamos de manera categórica la intervención en los asuntos internos de otros países. Nuestra posición está claramente consagrada en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, pero no es solo un principio nacional. La Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional establecen de manera inequívoca el respeto a la soberanía de los Estados, a su integridad territorial y al derecho de los pueblos a la libre determinación.

Esa es la visión que defendemos y seguiremos defendiendo: integración económica del continente y cooperación con respeto a la soberanía. Finalmente, es necesario reafirmar que en México manda el pueblo y que somos un país libre, independiente y soberano. Cooperación sí, subordinación e intervención no.

Paso de Gato

Mientras la Plaza México permanece cerrada por negligencia ideológica, en Mérida, Yucatán, la tauromaquia brilla. El 1 de enero se celebró la tradicional corrida de rejones con Emiliano Gamero, Cuauhtémoc Ayala y Pablo Hermoso de Mendoza. Fue una gran tarde donde el yucateco Ayala resultó triunfador tras cortar una oreja a un toro imposible, manso y burriciego. ¡Felicidades, Temoc Ayala!


Edición: Fernando Sierra


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