Opinión
Stephany Thamara Noriega Muro
12/01/2026 | Mérida, Yucatán
Aunque la caries dental suele ocupar el centro de atención cuando se habla de enfermedades bucales, no es la única que ha acompañado a la humanidad a lo largo del tiempo. Existe otra afección igual de antigua y frecuente, pero mucho menos visible: la periodontitis. Una enfermedad que no solo afecta a la boca, sino que deja huellas profundas en el cuerpo y en la historia de las personas.
La periodontitis es una infección que daña los tejidos que rodean y sostienen a los dientes. Comienza de manera lenta y, en muchos casos, sin causar dolor. Las encías se inflaman, pueden sangrar y, con el paso del tiempo, el daño alcanza el hueso que mantiene a los dientes en su lugar. Cuando esto ocurre y no existe atención especializada, los dientes pueden perderse. A su vez, la pérdida dental afecta distintas esferas de la vida, desde la apariencia física hasta la capacidad de alimentarse y la calidad de vida en general.
En el estudio de restos óseos de poblaciones del pasado, la periodontitis ha sido difícil de identificar. Esto se debe a que, después de la muerte, las encías desaparecen y solo permanece el hueso. Esta situación complica su reconocimiento, ya que muchas de las alteraciones observadas en el hueso que rodea a los dientes pueden atribuirse también a otras causas, como golpes, infecciones derivadas de caries avanzadas o daños provocados por el entorno donde los restos fueron depositados.
Hoy sabemos que la periodontitis no es un problema exclusivo de la boca. Afortunadamente, nuevas formas de análisis han permitido reconocer que estuvo presente desde hace siglos y que ha sido tan común como la caries en numerosas poblaciones. Además, la inflamación prolongada que genera puede afectar a todo el organismo y se ha relacionado con enfermedades como la diabetes, los padecimientos del corazón y otras complicaciones de salud. De este modo, una enfermedad que comienza en la boca puede tener consecuencias en todo el cuerpo.
Aunque la periodontitis se inicia por la proliferación de bacterias en el espacio entre la encía y el diente, no tiene una causa única. Influyen factores como la susceptibilidad genética, la higiene bucal, la alimentación, el estrés constante y el hábito de fumar. Sin embargo, las condiciones de vida juegan un papel fundamental. Los bajos ingresos, los trabajos precarios y la falta de acceso a atención dental favorecen que la enfermedad avance sin control, ya que solo los tratamientos especializados permiten detenerla en etapas avanzadas. Por esta razón, convivir durante años con encías inflamadas y dientes flojos fue algo común en muchas épocas.
En la península de Yucatán, por ejemplo, los restos de personas que vivieron hace siglos muestran evidencia de la presencia de periodontitis: pérdida del hueso que sostiene los dientes, lesiones alrededor de las raíces y ausencia de piezas dentales. Estas marcas reflejan no solo procesos biológicos, sino también formas de vida, tipos de dieta, niveles de estrés y desigualdades en el acceso a una alimentación adecuada y a cuidados básicos de salud. Sin embargo, estas condiciones no pertenecen únicamente al pasado.
Estudios realizados en restos humanos procedentes de poblaciones urbanas de Mérida, de finales del siglo XX, confirman que la periodontitis sigue siendo frecuente, especialmente entre personas que enfrentan pobreza, empleos inestables y atención dental tardía o inexistente. Este patrón se repite en distintas regiones del mundo y pone en evidencia que la enfermedad afecta con mayor intensidad a quienes enfrentan mayores barreras para cuidar su salud.
Todo ello permite comprender que la periodontitis es una enfermedad profundamente ligada a las condiciones sociales, las cuales quedan registradas en el cuerpo y pueden conservarse incluso después de la muerte. Cuando hoy se identifican estas lesiones en restos humanos, no se observa solo un daño óseo, sino la experiencia prolongada de una enfermedad crónica y las limitaciones que impidieron su atención.
La periodontitis, presente desde hace siglos hasta nuestros días, recuerda que la salud no depende únicamente de hábitos o estilos de vida individuales. Está estrechamente relacionada con las condiciones en las que las personas nacen, crecen, trabajan y envejecen. Mirar estas huellas del pasado permite comprender mejor los problemas del presente y reflexionar sobre la importancia de garantizar el cuidado de la salud como un derecho, y no como un privilegio.
Stephany Thamara Noriega Muro es investigadora posdoctoral en el Departamento de Ecología Humana del CINVESTAV y colaboradora en la Sección de Antropología Física del INAH, Yucatán.
Coordinadora editorial de la columna: María del Carmen Castillo Cisneros, antropóloga social del Centro INAH Yucatán
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Edición: Estefanía Cardeña