Opinión
La Jornada Maya
21/01/2026 | Mérida, Yucatán
Un signo de la importancia del turismo en la economía mundial es la presencia de prácticamente todos los países en los encuentros del rubro, como ocurre ahora en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) en Madrid, que se inauguró ayer miércoles y que concluirá el 25 de enero. A esto agreguemos que las representaciones nacionales son oficiales, y aunque los negocios son los grandes protagonistas, las notas suelen darlas los funcionarios y diplomáticos que acuden a respaldar los pabellones de sus naciones.
En el caso de México resulta notorio este apoyo oficial, pues al pabellón han acudido el embajador en España, Quirino Ordaz Coppel; Josefina Rodríguez Zamora, titular de la Secretaría de Turismo federal; María Elena [Mara] Lezama Espinosa, gobernadora de Quintana Roo; Darío Flota Ocampo, secretario de Desarrollo Turístico de Yucatán, y Adda Solís, secretaria de Turismo de Campeche, entre otros muchos funcionarios, porque a la Fitur se presentaron los 32 estados mexicanos.
Más allá de fortalecer la relación con el país anfitrión de la Fitur y del número de citas de negocios que se celebren, la Feria es en realidad un espacio de competencia tanto entre los asistentes como al interior de las representaciones, que se disputan grandes adquisiciones de paquetes turísticos por parte de touroperadores, aerolíneas y agencias de viajes en línea. Como en toda competencia comercial, importan tanto el producto como la estrategia de mercadeo, y las tres entidades que conforman la península de Yucatán, de alguna manera, han apostado por ofrecer diversidad de atractivos.
Quintana Roo lleva cinco décadas como el destino de sol y playa por excelencia, pero ha sumado parques temáticos, recorridos de aventura y ahora un circuito de cenotes. Por su parte, Yucatán ha recibido el nombramiento de Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica Precolombina 2016, a lo que debe añadirse el atractivo de zonas arqueológicas reconocidas mundialmente. Campeche, históricamente, no se ha distinguido como destino turístico, pero sin duda cuenta con atractivos naturales, gastronómicos, y zonas arqueológicas no tan “secretas”, pero sí debe recalcarse que las inversiones en dicha entidad pocas veces miran hacia atraer grandes grupos de visitantes. Baste mencionar que un solo evento deportivo, como el Ironman, cada año pone a prueba la capacidad de hospedaje de la capital.
Diversificar atractivos debiera implicar el ofrecer una garantía de autenticidad y conservación de estos. Uno de los riesgos, que ya se está padeciendo, es la reducción de la cultura maya ancestral al mero espectáculo para consumo del turista e incluso a la oferta de la pobreza como “atractivo”, cuando se ofrecen al visitante bailes “prehispánicos” que no fueron documentados jamás, o que acuda a una “aldea maya” para contemplar “cómo viven” actualmente “los descendientes de esa gran cultura”.
Por otro lado, los recorridos ecológicos tienen el riesgo de exponer a la contaminación precisamente el atractivo, no sólo por la huella del paso humano sino porque el mantenimiento del mismo no se contempló desde un principio. Existen cientos de casos de cenotes que han tenido que sanearse más de una vez en cinco años.
Mencionar la disparidad de tarifas de acceso a las zonas arqueológicas, que suelen ahuyentar a los turistas nacionales, es un tema mucho más extenso. Por otra parte, existe un delicado equilibrio entre lo que es patrimonial y lo que puede ofrecerse como atractivo turístico; así, la gastronomía es más que unos cuantos guisos, y llevar el título de capital de la precolombina es una responsabilidad cultural cuyo sustento está en la trazabilidad de ingredientes y técnicas de cocción (un lechón al horno, por más que esté impreso en el ADN yucateco, no es precolombino).
En fin, la competencia por las divisas que genera el turismo está nuevamente desatada, y la demanda va en crecimiento sostenido, como se vaticinó que ocurriría después del confinamiento a que obligó la pandemia de Covid-19. Diversificar es una estrategia válida; cuidar el destino siempre será la obligación y esto también requiere de planificación.
Edición: Fernando Sierra