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Toca deshacernos del 'bullyngero' que todos llevamos dentro

Los primos mayores incluyendo el papá se comían vivos a los más pequeños
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Quizá porque en mi familia éramos cinco niñas y un varón, no vivimos lo que me sorprendió descubrir en casa de los primos que eran cinco varones y una niña. Ahí, pronto comprendí que me salvaba quedando “calladita, te ves más bonita”. Las comidas era unas tormentas. Los primos mayores, incluyendo el papá se comían vivos a los más pequeños, que, con el tiempo, fueron aprendiendo a responder y a preparar su arsenal.

Estudié en colegio de niñas donde el bullying eran rimas con respuesta. “¿Qué ves? ¡Tu cara al revés! ¡Pues súbete al techo y la verás al derecho”! “Tu cuchillo no corta. Ah, ¿sí? ¡Pues tu tenedor no trincha! Después, cantando para niños, descubrí que el pique comienza desde el juego de pequeños. “¿Sabes qué? ¿Qué? Que tienes cara de panqué. ¿Sabes qué me han dicho? ¿Qué? ¡Que tienes cara de bicho! ¿Qué hay de nuevo? ¡Que tienes cara de huevo!

¿Será que por eso los hombres disfrutan tanto picarse todo el tiempo? Cuando los veo jugar al dominó o a las cartas y escucho las carcajadas tan gozosas, me pregunto ¿a quién se estarán devorando ahora. Se que son amigos de toda la vida, hay un cariño y lealtad a toda prueba, pero el placer de descubrir en el otro un error para hacerlo público, no tiene precio. La educación que recibieron no les permite manifestar cariño directamente, como hacemos las mujeres. Y bueno, los chiquitos ven eso. Aprenden a picarse y lo malo es que ahora, ya no son solo varones, incluyen a las niñas, quienes ya utilizan el lenguaje de “carreteros” como decía mi abuela.

Ahora, los pequeños también escuchan a mujeres que cuando se reúnen, en lugar de intercambiar ideas o propuestas, de alentarse unas a las otras, se pueden pasar horas juzgado y sentenciando vidas ajenas y compitiendo a ver quién sufre más. Antes, por lo menos, nos mandaban a ver si la marrana ya había puesto.  Como muestra, recuerdo a un niño quejarse, con gran escándalo, porque le dolía la matriz. 

La UNESCO, nos dice: “Investigaciones sobre la agresión en la infancia revelan que el aprendizaje tiene un papel muy importante. Los niños y adolescentes aprenden la agresión de los adultos o de otros niños y niñas a través de la observación y la imitación.

Además, este aprendizaje sólo se consolida si tiene consecuencias positivas para el agresor, de tal modo que, si la conducta agresiva es reforzada por el entorno, es probable que se generalice. Si por el contrario es rechazada o mal valorada por el grupo, podrá desaparecer.

Aunque hablamos de acoso escolar, los estudiantes que acosan pueden haber aprendido las conductas agresivas fuera de la escuela: en su familia, en su entorno cercano o a través de los medios de comunicación, Internet o redes sociales. Los valores culturales y sociales son clave para fomentar o frenar la agresión. Los desencadenantes del acoso son una mezcla de factores emocionales e instrumentales:

Por una parte, es habitual que quien acosa experimente emociones de frustración, activación emocional o dificultad para controlar impulsos, siendo la agresión una forma de liberar estas emociones. Aunque existen otras formas de lidiar con el estrés o el malestar, es frecuente que muchos niños, niñas y adolescentes no las conozcan. 

Por otra, dentro del acoso se da además un factor instrumental en el que se busca, de manera calculada, un beneficio social o de poder grupal.

Para que esto ocurra es necesario que el entorno tolere y apoye el acoso. Es importante fortalecer competencias de participación, negociación, colaboración y otras habilidades sociales para que niños, niñas y adolescentes sean capaces de adaptarse socialmente y lograr sus objetivos sin vulnerar los derechos de otras personas.”

Los tipos de bullying más comunes son físico (golpes, empujones), verbal (insultos, burlas), psicológico/emocional (chantaje, manipulación), social (exclusión, rumores), sexual (actos o comentarios inapropiados) y ciberacoso (acoso digital). Estos pueden ocurrir solos o combinados, buscando dañar la autoestima, reputación o bienestar de la víctima.

Se dice que 7 de cada 10 niños sufre bullying en la escuela.  

Estoy segura que esto no es lo que queremos para nuestros niños. ¿Qué nos toca hacer?

@mrobelda
 
Edición: Ana Ordaz


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