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Con febrero en sus últimos días, la agenda nacional ya da pasos hacia los eventos programados para el próximo trimestre, entre los que destaca la Copa Mundial de Futbol, de la cual México es sede junto con Canadá y Estados Unidos. Este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso el tema en la mesa al asegurar que existen todas las garantías para que se lleven a cabo los partidos programados.

La mención no es casual. El pasado domingo, cuando que fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue tal vez la jornada más violenta que ha tenido el país en varios años, y si se pone en la balanza el poder de este grupo del crimen organizado, la seguridad para el evento es un compromiso de talla internacional no sólo por la marca de ser el único país en ser sede en tres ocasiones de esta justa deportiva, sino por el interés económico detrás de la misma.

Tomemos en cuenta que a pesar de celebrarse entre tres países, el Mundial será el primero en recibir a 42 selecciones nacionales, y esto implica brindarles las condiciones para trasladarse con seguridad e igualmente momentos de ocio; además de alimentación, acceso a instalaciones deportivas adicionales a los estadios, en fin, un despliegue de logística. A ello debemos sumar la cantidad de turistas que asistirán y que, primero que nada, consiguieron un boleto para cualquier partido. 

Guadalajara, epicentro de la organización que encabezaba El Mencho, tiene asignados cuatro encuentros, por lo que controlar la ciudad y el estado de Jalisco es vital en estos momentos; justamente ahora, el esfuerzo debe dirigirse a pacificar la zona de influencia del CJNG, porque éste es ahora un animal herido que se ha dedicado a asaltar tiendas de conveniencia y gasolineras, pero esto no puede ser minimizado por los gobiernos estatales y menos por el Gabinete de Seguridad federal.

En otras palabras, la muerte de El Mencho no termina con el CJNG. Al contrario, es plausible esperar luchas intestinas por sucederlo al frente de la organización, y también que estos enfrentamientos afecten a la población. 

Por otra parte, salvo intereses sumamente mezquinos y presumiblemente ligados a la delincuencia organizada, nadie ha buscado demeritar a las Fuerzas Armadas en cuanto al papel que han tenido hasta ahora en el combate a los cárteles. Esto no quiere decir que el desafío sea mínimo; al contrario, si algo se ha comprobado en estos días es la capacidad de fuego y económica del CJNG y su capacidad de alianzas; la cual, si se tratara de una empresa, sería una trasnacional sumamente exitosa. De ahí que sea legítima la preocupación porque la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) mantenga al país entre las sedes, aunque a estas alturas ya es sumamente complicado cancelar el evento.

Lo que queda ahora es marcar también una agenda internacional, o por lo menos norteamericana en el combate a los cárteles. Es posible ir más allá de bravuconadas del tipo “si tocan a mis ciudadanos, aténganse a las consecuencias”. Lo siguiente es llamar a los países en los que se encuentren los socios de estas agrupaciones a realizar acciones semejantes, que terminen por cortar el flujo de divisas al crimen organizado. El beneficio sería mutuo, pues también implicaría la recuperación de ingresos fiscales para ellos. Eso sí, tendría que desmontarse la narrativa de naciones que se presentan como víctimas de los “bad hombres” cuando en realidad son sus socios comerciales.

Lea, de la misma columna: Al día siguiente de la sicosis


Edición: Fernando Sierra


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