Opinión
Felipe Escalante Tió
26/02/2026 | Mérida, Yucatán
El proceso de conformación de la actual división política de la península de Yucatán es una de esas largas historias de las que hacen falta varios capítulos y voces para poder entender por qué, del lado de los actuales yucatecos, parece existir una colección de afrentas, por una parte, y por la otra, lo que hay es una sucesión de pleitos por límites a los que nadie quiere poner punto final.
En particular, la creación de Quintana Roo es una que necesita una revisión desde una perspectiva amplia, desde el interés nacional más que del local. Pero de que hubo también grandes intereses detrás de esta acción, los hubo. Por ello también se dieron largos debates en la prensa de la época.
Una muestra, no del debate, sino del ánimo por explicar la nueva situación del territorio peninsular, la encontramos en el periódico El Eco del Comercio, en su edición del 10 de noviembre de 1901, en la que aparece un artículo sin firma con el título “El nuevo territorio de Quintana Roo. Su línea divisoria con Yucatán y Campeche”, el cual pretende explicar precisamente cómo quedaría la nueva división.
Cabe mencionar que, para 1901, Yucatán apenas estaba viendo nacer una prensa moderna. Periódicos como El Eco veían la luz tres veces por semana, aunque su principal competidor, La Revista de Mérida, ya había logrado establecerse como diario gracias a que consiguió importar una rotativa y con ello empezar a lanzar grandes tirajes. Eso y que el gobernador Francisco Cantón Rosado era tío del propietario de La Revista. Una relación de cercanía ideológica propició que en la siguiente administración, que encabezó Olegario Molina Solís, El Eco siguió los pasos de La Revista y empezó a circular todos los días.
Esta modernización tenía un límite: la reproducción de imágenes. Las fotografías aparecían esporádicamente, y para las ilustraciones era necesario un procedimiento todavía bastante tardado como para poder ofrecer una nueva todos los días. Esto explica por qué no se recurrió a un mapa para hacer más accesible el texto.
El artículo “El nuevo territorio de Quintana Roo” entra en la clasificación de editorial del periódico; es decir, no va firmado por nadie en particular, por lo que se entiende que es parte de la línea de la publicación. Por eso mismo parece no opinar y sí, por el contrario, dar por consumada la separación de esa porción territorial de Yucatán, pese a que la iniciativa de reforma al artículo 43 de la Constitución de 1857 apenas había sido presentada a las Cámaras. Al respecto, El Eco promete dedicarse posteriormente “con el detenimiento que merece” a la “interesante iniciativa del Supremo Gobierno”, pero mientras “nos limitamos por hoy, a dar a conocer a nuestros lectores la línea divisoria que nos separará de ese Territorio, que llevará el nombre del más ilustre de los yucatecos, como sabio y patriota, D. Andrés Quintana Roo”.
La manera de procurarse los datos se le encargaría hoy a algún motor de inteligencia artificial. Mientras, se mencionaba cómo se había conseguido el trazo: “en vista del plano de la península y ayudados de los elementos que nos proporciona la citada iniciativa que tratamos”. En otras palabras, estaban intentando visibilizar la línea divisoria sin más elementos que lo dicho en la iniciativa.
“La línea divisoria principia en un punto de nuestra costa Norte, situada a cerca de 8 kilómetros al Oeste del ‘Cuyo de Ancona’, que es aproximadamente el punto por donde pasa el meridiano de los 87° 47’ 30” al Oeste de Greenwich [aquí aclaran que esto debió ser un error, porque esas coordenadas mandarían al navegante al Indostán, pero otro día repasaremos las lecciones de geografía].”
En el mismo largo párrafo, continuaba: “Este arco de círculo terrestre se prolonga hacia el Sur, hasta encontrar el paralelo que pasa por el pueblo de Chemax, a cerca de 22 kilómetros al Este de dicho pueblo. De allí, la línea divisoria se dirije transversalmente sobre el vértice de la línea angulosa que separa a Yucatán de Campeche, dejando al Norte los pueblos de Chemax, Chichimilá y Tihosuco (este último recuperado y despoblado), Ichmul, Uaymax y Sabán, pueblos igualmente recuperados y ocupados hoy militarmente. Esta línea oblicua, corta Norte de la laguna Chichankanab, y, desde un punto situado aproximadamente, según el plano, a cuatro kilómetros de las ruinas arqueológicas de Macobá y a 35 al Este del cantón militar de Iturbide, en Campeche, según su directriz sobre un meridiano, hasta encontrar la frontera con la República de Guatemala, dejando al Oeste la aguada “Carolina” del Estado de Campeche”.
En conclusión, la iniciativa establecía claramente que varios poblados que hoy se encuentran en Quintana Roo debieron mantenerse bajo jurisdicción de Yucatán, porque la división se hacía mediante líneas rectas y sin cortes en zigzag, como se encuentra actualmente luego de tantas controversias.
Poner en claro esos límites seguramente pondría fin a prácticas como el “turismo electoral” entre los tres estados, pero… eso sí que es materia de otras notas y otros tiempos.
Edición: Estefanía Cardeña