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En los últimos años, las ciencias antropológicas han aportado nuevos conocimientos sobre la situación y el papel de las mujeres en las sociedades mesoamericanas. Aunque persisten vacíos de información, existe un consenso creciente entre especialistas en ciencias sociales acerca de la relevancia que las mujeres tuvieron en los ámbitos político, económico, social y ritual de las culturas precolombinas. Durante mucho tiempo se creyó que las antiguas sociedades mayas estaban gobernadas únicamente por hombres poderosos, los famosos K’uhul Ajaw o “señores divinos”. Sin embargo, nosotros proponemos algo muy distinto: las mujeres también tuvieron un papel clave en el poder político, aunque durante siglos su presencia fue invisibilizada por una visión académica centrada casi exclusivamente en los hombres.

Es importante señalar que esta invisibilización no responde a la ausencia de evidencias, sino a una forma de interpretar el pasado heredada de la modernidad occidental, donde el poder se ha asociado tradicionalmente con la guerra, la fuerza y la autoridad masculina. Desde los estudios de género, se reconoce hoy que el poder adopta múltiples formas de ejercicio: no solo se manifiesta en la imposición, sino también en la influencia, el consejo, la mediación y la práctica ritual.

El conocimiento actual es resultado del trabajo articulado de diversas ramas de la antropología. En particular, la arqueología, a través de las excavaciones, ha recuperado una amplia variedad de materiales como vasijas, estelas, dinteles, altares y tableros que funcionan como soportes de imágenes e inscripciones jeroglíficas. Estos vestigios permiten reconstruir dimensiones de la vida cotidiana de quienes los produjeron y utilizaron, revelando creencias rituales, prácticas funerarias, formas de interacción con otros grupos y modos de vestir y adornar el cuerpo, entre otros aspectos. 

Para esta investigación se analizaron y compararon las imágenes de cincuenta y cuatro vasijas de la colección de Justin Kerr, junto con diversos monumentos pétreos que cuentan con información epigráfica, arqueológica y etnohistórica. El objetivo fue examinar la pertinencia del modelo heterárquico para comprender la organización y las dinámicas de poder en la sociedad maya precolombina.

Tradicionalmente se ha pensado el poder como algo jerárquico: alguien manda y otros obedecen. Nosotros proponemos otro modelo para entender a los mayas: el modelo heterárquico, donde existen distintos espacios de poder y prestigio, y donde hombres y mujeres pueden desempeñar funciones paralelas o complementarias, sin que uno sea necesariamente superior al otro.

En este modelo, las mujeres no aparecen como figuras pasivas; por el contrario, participan activamente en la esfera política, ritual y diplomática, así como en los procesos de legitimación del poder. Uno de los principales aportes del estudio ha sido el análisis iconográfico de vasijas pintadas, estelas, dinteles y esculturas.  En estas representaciones, las mujeres aparecen sentadas junto al gobernante en la estera del poder, portando insignias o símbolos de autoridad, oficiando o participando en rituales fundamentales y acompañando, e incluso legitimando, el acceso de los reyes al poder. Estas escenas difícilmente pueden interpretarse como meramente decorativas; por el contrario, la evidencia sugiere que las mujeres formaban parte del núcleo gobernante, ya fuera ejerciendo autoridad directa o compartiendo el poder dentro de estructuras políticas complejas.

Proponemos que en diversas ciudades mayas existió una forma de gobierno compartido, en la que el liderazgo recaía en una pareja real. Esta concepción no solo se manifiesta en el arte, sino también en la mitología: deidades creadoras como Itzamná e Ixchel gobiernan conjuntamente el cosmos, cada una y cada uno desde ámbitos distintos pero complementarios. Asimismo, ejemplos históricos y etnográficos más recientes, como los registrados en comunidades mayas del siglo XIX o en los Altos de Chiapas, muestran que el ejercicio del poder en pareja no constituye una anomalía, sino una forma cultural persistente.

Muchas mujeres mayas parecen haber ejercido lo que puede denominarse un “poder con”, más que un “poder sobre”: influir, aconsejar, ritualizar y mediar con ancestros o deidades. Algunas reinas actuaron como oráculos, mediadoras o figuras clave para la estabilidad política. Este tipo de autoridad, menos espectacular y menos asociada a la violencia, fue fundamental para el funcionamiento del gobierno, aunque la historiografía tradicional lo haya minimizado.

Releer el pasado maya desde una perspectiva de género no constituye únicamente un ejercicio académico; también permite cuestionar concepciones contemporáneas sobre el poder, la autoridad y el papel de las mujeres. Reconocer la agencia, la voz y el liderazgo de las mujeres mayas contribuye a construir una visión más compleja y equitativa tanto del pasado como del presente.

José Marcial Gamboa Cetina es profesor investigador del Centro INAH Yucatán 
Lucía Quiñones es investigadora independiente

Coordinadora editorial de la columna: 
María del Carmen Castillo Cisneros; profesora investigadora del Centro INAH Yucatán


Lea, de la misma columna: Saber trepar


Edición: Estefanía Cardeña


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