Opinión
Astrid Sánchez
06/03/2026 | Mérida, Yucatán
Escribo esto con un nudo en el estómago que surge ya no del dolor, sino de la rabia. Yo me pregunto y les pregunto ¿Cómo esperan que una mujer se sienta ante la impunidad?, una impunidad que en gran parte es responsabilidad de la falta de perspectiva de género con la que actúan jueces, juezas, magistradas y magistrados, sin recibir sanción alguna por sus acciones revictimizantes y que no cumplen en absoluto con la protección a la vida o la integridad física.
Cada año se ha vuelto un ciclo: las mujeres salen, se manifiestan de la forma que consideran adecuada y la crítica siempre es “esas no son las formas”. Intervenir monumentos, hacer iconoclasia, realizar pintas, gritar consignas o compartir testimonios, a muchas personas -principalmente hombres- les parece abominable y quisiera entender a qué se refieren con las formas que sí son válidas.
Creo haber seguido una forma en la que no cabe el cuestionamiento y la que comúnmente exige la sociedad: poner una denuncia ante las instancias correspondientes. Yo me presenté ante el Centro de Justicia para las Mujeres de la Fiscalía General del Estado de Yucatán y comencé un proceso en contra de mi agresor, quien intentó matarme en mi propia casa porque me negué a continuar un noviazgo con él.
En abril se cumplen cuatro años de los hechos de los que fui víctima y hasta el momento mi agresor sigue libre -a pesar de haber sido vinculado a proceso por tentativa de feminicidio- y no tenemos fecha para la realización del juicio oral.
Aunque quisiera, no podría resumir todo lo que he atravesado en estos cuatro años en un párrafo. ¿No les parece más detestable que una mujer tenga que perder tiempo, así como estabilidad mental y económica, para tener acceso a la justicia? ¿Esas sí son las formas?
Hace unos días entrevisté a la activista Muñeca Aguilar y mientras hablaba sentía que mis ojos se llenaban de lágrimas y que no iba a poder continuar. Le preguntaba sobre la criminalización de la protesta y me dijo: “Es válido entender que una mujer que está desde la digna rabia defendiendo y marchando por sus derechos lo hace porque no le fue cubierta una denuncia, no fue cubierta una violación, y que una pinta en un edificio no va a volver la vida ni la dignidad de las mujeres; hay que tener empatía con lo que sienten las mujeres que hacen esta denuncia”.
Y es verdad, yo quiero romperlo todo, quemar las instalaciones del Poder Judicial y ver arder al sistema que me da la espalda. No sólo por mí y mi familia, que ha resultado sumamente afectada en este proceso, sino también por las otras víctimas, las víctimas previas a mí que tuvo mi agresor y las que se siguen sumando después de mi denuncia, porque dejaron en libertad a un depredador que sigue acumulando vidas destrozadas.
En Yucatán, la tentativa de feminicidio sigue teniendo huecos legales. A pesar de que a nivel federal se determinó que es un delito grave que amerita prisión preventiva oficiosa, es decir, automática, en la entidad depende del criterio del juez o jueza a cargo del caso. Y en mi caso, la jueza Elsy del Carmen Villanueva Segura -ahora jubilada- consideró que no era necesario privar de la libertad a un hombre señalado por intento de estrangulamiento.
Jueces, juezas, magistradas y magistrados: las luces moradas y los post en redes sociales no nos protegen; sus decisiones deberían hacerlo. ¿Por qué, ante un delito tan grave, que en otras entidades requiere la privación de la libertad de la persona señalada, aquí la opción es permitir que siga siendo un peligro para todas las mujeres con las que se relaciona?
Hasta el año pasado, la tentativa de feminicidio pasaba desapercibida en las cifras oficiales de incidencia delictiva, a partir de este 2026, comenzó a aparecer en el reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y en Yucatán, durante enero, se abrió la primera carpeta de investigación. ¿Cuál será la meta anual?
Es hora de hablar de acciones reales para atender este delito, ¿cómo garantizar el acceso a la justicia a las mujeres si aún temen nombrar a las cosas por su nombre y prefieren minimizarlo para hacer procesos “más fáciles”?
No se atrevan a hablar de avances en materia de perspectiva de género cuando una jueza es perfectamente capaz de revictimizar a una mujer diciéndole “tu agresor no te quería matar, tú estabas alterada y malinterpretaste sus intenciones” para después reducir el delito a lesiones.
Eso hizo la jueza Elsy del Carmen, lo que me llevó a apelar la reclasificación del delito y a interponer una queja ante el Consejo de la Judicatura contra su actuar. La Primera Sala Colegiada del Tribunal Superior de Justicia de Yucatán acreditó que existen los elementos para la vinculación a proceso por tentativa de feminicidio, es decir, la reclasificación a lesiones fue incorrecta.
Sin embargo, el Consejo de la Judicatura determinó que no era el ente adecuado para determinar una sanción contra la jueza y ella continuó ejerciendo su labor como “impartidora de justicia” hasta que, por decisión propia, se jubiló.
¿Es esta la perspectiva de género que tanto presumen en sus boletines? No creo que para las víctimas la impunidad sea un mensaje positivo, al contrario, me lleva a entender perfectamente a todas las mujeres que se niegan a denunciar los delitos de los cuales son víctimas si no hay instancia alguna que las respalde.
Me concentré en un caso, en un delito, porque las páginas no me alcanzarían para hablar de todas las vejaciones que las mujeres yucatecas padecen sin ser atendidas con perspectiva de género, bastaría revisar las cifras de incidencia delictiva y confirmar que las cifras de abuso sexual, violación y violencia familiar no están disminuyendo.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el lema de este 2026 para conmemorar el 8 de marzo es “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”, ¿Para ustedes qué es justicia? Para mí, el Poder Judicial no lo es.
Mis mayores actos de justicia han sido seguir en la lucha para que mi agresor reciba una sanción por lo que hizo y continúa haciendo y deje de ser un peligro para otras mujeres; resistir a amparos, dilaciones del proceso y audiencias canceladas, aunque eso implique perder tiempo y dinero; fortalecer mi red de contención, la cual ha sostenido mis innumerables crisis durante cuatro años; y acercarme a la Colectiva Sobrevivientes de Feminicidio para darnos fuerza entre víctimas.
¿Qué van a hacer para que las mujeres ya no tengan miedo a denunciar y confíen en que no terminarán aún más frustradas después de todo lo que han vivido? Urge una revisión de criterios que se aplican y avances reales en clasificación del delito y determinación de sentencias.
Ojalá llegue el 8 de marzo en que las mujeres no estemos enojadas, donde se celebren logros, escribamos sobre los cambios positivos; mientras, seguiremos incomodando en las calles y en todos los espacios que sea posible. La protesta nunca será cómoda.
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Edición: Estefanía Cardeña