Opinión
La Jornada Maya
11/03/2026 | Mérida, Yucatán
Los pronósticos se hicieron válidos en la Cámara de Diputados, a pesar de que el dictamen de la iniciativa de reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum avanzó en comisiones, donde obtuvo 45 votos a favor de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y 39 en contra de la oposición, entre los que se deben contar los sufragios de los representantes de los partidos que habían sido aliados de la Cuarta Transformación, del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PT).
En el posicionamiento de narrativas, la negativa es un triunfo para la Presidenta, pues posiciona a Morena como la única fuerza política interesada en disminuir el gasto electoral y las erogaciones en dietas (esto con el intento por reducir la cantidad de senadores), así como en que quienes lleguen a la Cámara Baja sean mayoritariamente quienes conocen su demarcación y estuvieron cerca del electorado durante la campaña. Si se trataba de sacudirse acompañantes incómodos, la jugada ha salido muy bien.
En el registro, desde 2018 cuando la alianza Morena -PT -PVEM llegó a la Presidencia de la República y a obtener mayorías legislativas, esta es la primera vez que los socios minoritarios de la misma se niegan a apoyar una iniciativa presidencial en el Legislativo. Los líderes de ambos partidos han salido a decir que esta diferencia no debe interpretarse como un rompimiento. Sin embargo, la lectura es que esa negativa es en realidad la expresión de las cúpulas de esas mismas fuerzas políticas a transformarse en organizaciones que verdaderamente compitan por el voto.
Los morenistas, por su parte, han dicho que se trata de un “desacuerdo momentáneo” y en breve estará listo un “Plan B”.
Ahora, si se revisan los principales puntos de la iniciativa, se entiende la negativa generalizada de los actuales legisladores de oposición y la particular del PT y PVEM: porque el esquema actual favorece que las cúpulas de los partidos controlen el acceso a las candidaturas plurinominales, que la mayoría de las veces se reparten entre los integrantes de los respectivos comités directivos.
Tanto el Verde como el PT han sido, históricamente, aliados de ocasión: su estrategia de supervivencia es “con el campeón hasta que pierda”. Esto significa, en cada temporada electoral, que militantes con cierta trayectoria de partidos más grandes encuentren acomodo entre sus candidaturas, quedando formalizada la “alianza”. En otras palabras, estos espacios se niegan a sus propios militantes -si es que los tienen -con tal de asegurar los votos que les traiga una figura conocida.
Eso sí, los votos que obtienen impactan no en los cargos de elección directa, sino en el porcentaje necesario para obtener una posición plurinominal, que está en manos de quienes manejan estas franquicias.
La negativa a que una mayor parte de las plurinominales sean para quienes hicieron campaña es, pues, la renuncia del PT y PVEM a ser partidos, a competir por el voto de la ciudadanía presentando una plataforma propia en lugar de prometer apoyar a Morena o a cualquier otro, como ya han apoyado al PRI, al PAN y en su momento al extinto PRD. No se trata de que sobrevivan como organización, sino que sus dirigentes perduren en las Cámaras. Tal vez termine pasándoles lo que a
los lores en Reino Unido.
Edición: Fernando Sierra