Opinión
Mauricio Dardón Velázquez
22/03/2026 | Mérida, Yucatán
Han pasado tres semanas desde que se inició el artero e ilegal ataque de Estados Unidos e Israel contra la República de Irán, y todo indica que ambos genocidas y sus poderosos ejércitos fallaron en sus cálculos y evaluaciones sobre las capacidades iraníes. El “día de excursión” que refirió Trump al inicio del conflicto, se ha convertido en un fangoso pantano de destrucción y muerte que ya lleva más de veinte días.
Irán se vio sometido a un intenso bombardeo en el que murieron su líder máximo y otros altos cuadros políticos y militares, pero finalmente se escogió como nuevo líder a Mojtabá Jameneí, hijo del fallecido dirigente.
En un principio Irán utilizó sus viejos misiles y drones en respuesta al ataque para lograr que Tel Aviv agotara sus misiles defensivos Patriot, de la Cúpula de Hierro, a la par que atacó a diversas bases militares estadounidenses en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Arabia Saudita e Irak.
Agotados los misiles Patriot, Teherán pasó a la segunda etapa de su estrategia y empezó a utilizar sus más modernos misiles balísticos y de crucero. Según diversas fuentes militares Irán posee dentro de su arsenal diversos tipos:
Misiles Balísticos de Mediano Alcance:
Sejil, de combustible sólido, capaz de alcanzar 2,000 kms.
Kheybar Shekan, de precisión, con un alcance de 1,450 kms.
Khorramshahr-4, de combustible líquido capaz de transportar múltiples ojivas, con un alcance de 2,000 kms.
Misiles Hipersónicos:
Fattah-1 y Fattah-2, con velocidades de hasta Mach 13-15 (Mach 1 es la velocidad del sonido), diseñados para evadir sistemas antimisiles.
Tales proyectiles han impactado distintas zonas de Israel causando graves daños, los cuales no son reportados por la prensa local, ya que está sometida por el gobierno a una censura total. No obstante, el pasado sábado 21 de marzo, la cadena de noticias de Qatar, Al Jazeera, informó que la central nuclear de Dimona, ubicada en el desierto del Néguev al sur del Israel, fue atacada por diversos misiles iraníes. En este lugar está el Centro de Investigación Nuclear del Neguev, principal instalación nuclear israelí. Previamente, fue bombardeado el Centro de Enriquecimiento de Uranio Shahid Ahmadi Roshan, en la provincia de Natanz.
A la par de lo anterior, Teherán cerró el estrecho de Ormuz a la navegación de barcos petroleros que se dirijan hacia los países agresores o de sus aliados, con lo cual el precio del barril de petróleo ya rebasa la barrera de los 100 dólares.
Pero el misil más poderoso que golpeó la línea de flotación de la administración trumpista, fue la renuncia de Joe Kent a la dirección del Centro Nacional Antiterrorista. En su carta de renuncia, Kent remarcó que “Irán no representaba una amenaza inminente para Estados Unidos” y acusó que “Estados Unidos entró en la guerra en medio de la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”.
La renuncia de Kent hizo tambalear a la fracción del movimiento MAGA que está a favor a la guerra y abrió el espinoso debate sobre quien dicta las prioridades de política exterior en Estados Unidos.
No damos crédito a los reiterados rumores cuya fábula sostiene que el Mossad israelí tiene filmaciones de Donald Trump teniendo sexo pederasta con niñas y que Satanyahu lo tiene chantajeado con ello. Pero queda muy claro que Trump se ha rodeado de personajes sionistas de extrema derecha como Jared Kushner, Steve Wittkof, Charles Kushner o Mike Huckabee y que su simpatía por el ultraderechista de Netanyahu es patente, lo cual lleva a concluir que por la megalomanía del magnate fue fácilmente atrapado por el canto de las sirenas de Tel Aviv, con un pequeño empujoncito del lobby judío/sionista estadounidense.
Por otra parte, la prolongación de la guerra ya se convirtió en un búmeran para la actual administración, cuyo Secretario de Guerra ya se apresta a solicitar un financiamiento adicional de más de 200 mil millones de dólares al Congreso, los cuales habrán de pagar los contribuyentes.
Los ciudadanos estadounidenses suelen ser un tanto indiferentes cuando su ejército masacra a ciudadanos de otros países, pero tienden a pegar de gritos y protestar airadamente cuando les aumentan el costo de los combustibles. Actualmente el costo del galón de gasolina regular en Estados Unidos está en un promedio de 3.90 dólares y, al parecer, aumentará próximamente. Con certeza, Trump pagará ese aumento en las urnas de las elecciones intermedias.
Edición: Fernando Sierra