Opinión
La Jornada Maya
23/03/2026 | Mérida, Yucatán
Pocas personas pueden mantenerse ecuánimes ante la presencia de cámaras y micrófonos, incluso menos cuando se trata de una transmisión en vivo. Al igual que en el teatro, la falta de hábito para hablar en público o de enviar un mensaje que va más allá de los espectadores inmediatos, hace surgir el pánico escénico y otros vicios de la comunicación, como empezar a enredar ideas.
Existe, sin embargo, una gran diferencia entre una idea mal expresada y el “lapsus”, la llamada traición del inconsciente que termina por revelar un modo de hacer las cosas que está muy apartado del ideal que se promueve. Cuando éste viene de una persona a la que se le presume sumamente experimentada, tanto por su edad como por su trayectoria en la vida pública, es prácticamente imposible dejar de cuestionar la motivación de lo que se haya dicho.
Por supuesto, tal afirmación es leña para el fuego de quienes son enemigos sistemáticos del régimen de la 4T, quienes apuntan a que esta fue una declaración cínica acerca de cómo operan los mecanismos de acceso a las candidaturas por parte de Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Estos han reaccionado blandiendo el consabido “A confesión de parte, relevo de pruebas”, dando a entender que no es necesario profundizar en los dichos de la gobernadora para demostrar que los mexicanos vivimos bajo un “narcogobierno”.
Dada la natural espontaneidad de la mandataria, resulta sumamente difícil intentar explicar si su psique pudo haber sido más cauta. Ahora, intentar darle su justa dimensión a lo dicho por Sansores también es una proeza para la lógica aristotélica, aunque el contexto sí aporta muchos más elementos. Por principio, el tema que se discutía era el “
Plan B” de la presidenta Claudia Sheinbaum para llevar a cabo una reforma electoral. Desafortunadamente, lo dicho deja ver que el tema fue tratado con descuido y que no hubo la asesoría para hacer una presentación eficaz del mismo. La consecuencia: que se haya facilitado la construcción de una narrativa contraria al interés del gobierno, algo que también fue favorecido por la tardanza para el control de daños por parte de la Unidad de Comunicación Social, que esperó hasta este lunes para emitir un comunicado para “aclarar” las expresiones de la gobernadora.
Por otro lado, la frase de Layda Sansores afecta indirectamente a más de uno. Pongamos por ejemplo a su vecino, Joaquín Díaz Mena, Huacho, gobernador de Yucatán, quien durante su primer informe fue pródigo en elogios a la mandataria campechana e incluso la llamó “mi madrina”, una elección de palabras que en este momento resulta reveladora.
Queda también abierta la necesidad de hablar del tema de fondo. No se trata de si Layda Sansores fue sacada de contexto, sino de discutir, investigar y proceder por la vía judicial contra quienes en verdad hayan sido financiados por el crimen organizado. Por supuesto, la fiscalización de las campañas y directamente a los partidos políticos es una vía, pero también contamos con un largo historial de demandas por irregularidades en la jornada electoral sin ninguna consecuencia. Esperamos, de buena fe, que la gobernadora de Campeche retome el tema esta noche durante su programa y abunde en lo que realmente quiso decir, porque a todos nos interesa limpiar la vida política del país.
Edición: Fernando Sierra