Opinión
La Jornada Maya
22/03/2026 | Mérida, Yucatán
Este domingo llegó a su final la edición XIV de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), luego de una vertiginosa semana de actos culturales que incluyeron presentaciones de libros, conferencias sobre los más diversos temas, talleres iniciales, dinámicas con público infantil y juvenil, visitas escolares, conciertos, pero sobre todo de miles de encuentros entre lectores y la diversidad de formatos para practicar la lectura, que es el principal objetivo de la feria.
En esta ocasión, debe reconocerse el gran despliegue de logística que realizó el equipo de la FILEY, integrado en gran medida por estudiantes de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), quienes ya nos han habituado al esmero para operar el registro de la manera más ágil posible, y también para guiar a quienes no ubican el punto donde tendrá lugar la actividad de su interés; puntos en los que se ha conseguido mantener una muy alta calidad y que hablan muy bien de la planeación del evento.
Sin duda, después de catorce ediciones, la FILEY se ha consolidado como uno de los eventos culturales concentradores más importantes del sur-sureste del país, superando el alcance que en su momento tuvieron el Otoño Cultural y el FIC-Maya; al grado que para cualquier otra institución le resulta mejor programar sus eventos para antes o después de la Feria. Esto pareciera indicar un muy bajo volumen de actividades culturales, pero resulta lo contrario: La FILEY es capaz de concentrar un gran número, al grado que puede contar con público en prácticamente todas las dinámicas que se realizan en los diferentes salones temporales que instala, por lo que también resulta mucho más fácil incorporarse a ella y exponer ahí el trabajo que se realiza a tratar de mantenerse en el aislamiento alegando una supuesta independencia.
Si algo hemos aprendido con la FILEY es precisamente que el libro existe mucho más allá de las grandes editoriales y que para leer muchas veces basta con tener acceso a Internet y que alguna institución publique en formatos electrónicos. Aquí debe agradecerse a la UADY que haya puesto ediciones recientes, que se presentaron en la Feria, al alcance de una descarga que además es gratuita. No es la primera ni la única casa de estudios que ha hecho esto, pero sí la que lo ha hecho con primeras ediciones. Ojalá esto sea el preámbulo para contar con una biblioteca virtual de la UADY que ofrezca sus ediciones históricas de forma abierta.
También debe llamarse la atención a lo que sin duda fueron dificultades que la dirección de la FILEY supo subsanar, aunque el resultado puede no haber dejado satisfechos a muchos. Fue notoria la baja en la presencia de grandes editoriales y librerías. Los espacios que hasta 2024 ocuparon grandes franquicias hoy estuvieron disminuidos severamente. Incluso el Fondo de Cultura Económica ocupó aproximadamente la mitad del espacio que tuvo en años anteriores, lo que para el mercante es un mensaje inequívoco de menor cantidad de libros a ofrecer por parte de la que se presume es la editorial mexicana con mayor presencia.
Eso sí, estuvieron presentes varias editoriales emergentes que también son foro para nuevos talentos tanto como autores como en lo que se refiere al diseño del objeto-libro; sin duda, una renovación que siempre será bienvenida.
El riesgo que se percibe es el desequilibrio entre actividades y oferta editorial, de un lado, con la organización periférica, al otro extremo. En esta ocasión, el área de comidas ocupó el salón Chichén Itzá, que hasta el año anterior albergó los stands de las editoriales y los salones; que ahora estuvieron en el salón Uxmal del Centro Internacional de Convenciones Siglo XXI, que es un tanto más reducido. Esto también hizo visible la presencia de emprendedores que ofrecían separadores, calcomanías, libretas de dibujo, pinturas; en fin, instrumentos más creativos que de lectura. Sin duda, son negocios que ayudan a llevar a cabo una lectura, permitiendo un sello personal a quienes leen, al mismo tiempo que alientan la escritura e incentivan el coraje frente a la hoja en blanco. De nueva cuenta, el desafío al futuro es hallar una proporción adecuada frente al objetivo principal de la FILEY, que es la lectura.
Y tal vez sea precisamente el momento para darle mayor presencia a la lectura en formatos digitales. 2027 puede ser el año de las bibliotecas digitales en la FILEY, al tiempo que se siguen promoviendo encuentros entre lectores y la palabra escrita. Eso, sin embargo, será tarea de María Teresa Mézquita Méndez y la UADY, que seguramente volverán a ofrecernos grandes sorpresas.
Edición: Fernando Sierra