Opinión
Edgar Fernando Cruz
24/03/2026 | Mérida, Yucatán
En un mundo en guerra, parece que toda la información es desinformación, y toda la desinformación juega como un arma estratégica de planeación con efectos medidos. Una declaración puede ser tan falsa como verdadera; así es el disfraz de la guerra. Aun rota toda la legalidad, la información y los mensajes también juegan en el tablero de la economía global.
Desde el pasado lunes, Donald Trump afirmó estar en negociaciones con altos funcionarios de Irán, algo que el país asiático negó rápidamente. ¿Quién miente? Antes de analizar, hagamos un recuento necesario.
Al finalizar la tercera semana de conflicto, la tensión creció al grado del ultimátum: Trump amenazó con destruir todas las centrales eléctricas de Irán si no se abre el Estrecho de Ormuz —la "garganta del mundo"—, mientras que Irán respondió que, de ser así, atacaría los suministros y productores de energía del Golfo Pérsico que cuenten con capital estadounidense. Con esta contraofensiva discursiva, Teherán ponía contra la pared al gobierno de Washington.
Sobre este escenario reactivo y potente, Trump parece recular, dando dos pasos atrás y extendiendo la amenaza por cinco días más para aligerar la tensión, buscando efectos benéficos en la bolsa y en el precio del petróleo como una "esperanza de paz". Bajo el liderazgo de Trump y su cuerpo de asesores, el conflicto se percibe estancado; sin embargo, al tratarse de una potencia económica con un arsenal bélico insospechado, el análisis se vuelve complejo.
Los escenarios posibles abarcan desde lo más disparatado hasta lo más sesudo en materia de inteligencia bélica y geopolítica. Todos los analistas hacen sus cálculos jugando con los intereses de grupos empresariales y partidos políticos en escena. Lo cierto es que el gobierno de Irán no ha caído, y aquella idea de derrocarlo para entregarlo a ciudadanos disidentes ha resultado, hasta ahora, un fracaso para la administración Trump.
Reflexionemos sobre estas líneas: por un lado, la estrategia en la resistencia de Irán declara que podría aguantar hasta seis meses de guerra gracias a un armamento basado en drones y una sólida estrategia de inteligencia. Por otro lado, el nudo gordiano ha sido el Estrecho de Ormuz. Irán controla este paso vital por donde circula gran parte de la capacidad energética e insumos del planeta. En este contexto, el mundo se aproxima a una crisis energética y alimentaria donde Israel y Estados Unidos podrían verse estrangulados, señalados y solos; tan solos como Irán lo ha estado hasta el momento.
La reacción es innegable: Donald Trump parece haber decidido distanciarse de la agresión de Israel contra Irán para intentar manejar la zona por su cuenta, sin acordar con Benjamín Netanyahu, quien también ha actuado por la libre en sus persistentes ataques, al menos hasta donde la información disponible permite saber. Así, Israel se ha inclinado por atacar al Líbano en un afán de incluirlo en el conflicto, mientras organismos como la OTAN y la ONU mantienen un papel muy criticado y calificado como "caduco", aunque claramente este no es el momento para debilitar aún más a estas instituciones.
En conclusión pienso que existe un desacuerdo evidente entre Trump y Netanyahu. Mientras que las líneas de análisis sugieren que la estrategia de Estados Unidos al aliarse con Israel frente a Irán ha fallado, Israel corre el riesgo de quedar aislado y ser abatido.
El otro frente pendiente es Cuba. Mientras el escenario sea incierto en el Medio Oriente, la isla no será invadida, aún cuando Marco Rubio se perfila y sueña como el abanderado de una transición cubana. Tal escenario se ve improbable: en Cuba existen opositores a la Revolución, pero hay más fieles al socialismo y al castrismo, pese a que el pueblo está al punto del colapso económico y social. Cuba no está en la misma línea de tensión que Venezuela, que a todas luces sorteó una traición interna.
En Cuba no sucede lo mismo, y no le conviene ni a la isla ni al mundo una invasión a su estructura de poder. De ser así, el orden internacional se rompería definitivamente. El último bastión del socialismo americano aún no está por caer. Podría colapsar, pero el sistema podría resurgir si la comunidad internacional delimita las acciones de Estados Unidos. Más allá de un punto estratégico, la isla representa en Trump un símbolo de triunfalismo sin más fondo que una estrella y posible triunfo en el electorado de Florida.
Finalmente, en Estados Unidos factores como la inflación y el precio de la gasolina golpean la economía doméstica, mientras la figura de Trump se encamina inevitablemente hacia las papeletas electorales de noviembre.
Paso de gato
Ahora sí ya sabemos que es turismo comunitario, el lunes lo explicó la presidenta, bueno ya veremos si con turismo las comunidades salen adelante en movilidad social y desarrollo. Suena bien, integrador y aunque habrá inversión hace falta infraestructura en lo más básico.
Edición: Fernando Sierra