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Voces y gruñidos o en defensa de los cerdos

Narra las vivencias de una estudiante de veterinaria que desde su infancia siente amor desmedido por los puercos
Foto: Carlos Martín Briceño

Hace más de medio siglo, cuando volvíamos a Mérida por carretera luego de un viaje familiar a Tizimín, mi padre decidió desviar la ruta para saludar a un viejo amigo que vivía en Sucilá. Escasas son las imágenes que guardo en la memoria de aquel poblado: la fachada austera de la iglesia franciscana, el parque central con sus banquitas de madera, la frondosa copa rojiza de un flamboyán que nacía en la escarpa de la casa de nuestro anfitrión. Pero lo que hasta la fecha no olvido es la violenta escena que tuve oportunidad de presenciar en ese mismo pueblo, cuando el hijo del amigo de mi padre nos invitó a mi hermano Enrique y a mí a “gustar” la matanza de cochino en un local cercano. Y aunque en varias ocasiones había sido testigo del sacrificio del pavo navideño que mamá engordaba en el patio de la casa en Mérida, una cosa era presenciar que le cercenaran el cuello a un ave que ni siquiera protestaba y otra observar el sacrificio de un mamífero grande que se resistía a la muerte. Máxime cuando el que debía insertar el cuchillo en el cuello al animal, erraba en múltiples ocasiones. Los lastimeros gruñidos que soltó esa tarde la víctima jamás he podido olvidarlos. 

Mar Gómez, a través de las historias incluidas en sus Voces y Gruñidos (Kookay Ediciones 2025), me ha devuelto a algunas reflexiones que me nacieron aquella tarde. Volví a cuestionarme si los humanos tenemos derecho a aprovecharnos del resto de los seres vivos que conviven con nosotros en la tierra. Y deduje que, probablemente, todos los que escribimos, al igual que el sudafricano J.M. Coetzee, premio Nobel de Literatura, deberíamos de ser en algún momento de nuestras vidas firmes defensores de los derechos de los animales y utilizar la literatura para cuestionar el especismo y el trato industrial a estos seres indefensos.

 Por eso me congratula presentar esta novela en la que su autora, acaso sin proponérselo, al narrar las vivencias de una estudiante de veterinaria que desde su infancia siente un amor desmedido por los puercos, crea un sólido alegato a favor de los derechos de estos y otros animales con los que solemos alimentarnos.

Narrada en tiempo presente y en primera persona, la novela está dividida en cinco capítulos que coinciden con diferentes etapas de vida de la protagonista. Así, sin dejar de evocar nunca a los cerdos, hilo conductor de esta obra, Mar Gómez nos pasea por Jalisco, España, Cuba, Dinamarca y Yucatán. Becas y ofertas de trabajo para su personaje principal son el boleto imaginario que la ayuda a acceder a lugares muy distantes pero que tienen en común una misma cosa: el consumo desmedido de carne de cerdo. En pibil, al horno, en carnitas, curado, enlatado, sin importar la manera de cocinarlo, nada detiene a la protagonista de esta novela en su afán por acercarse a las delicias culinarias que provienen del animal que más admira. Aunque, hay que decirlo, no son pocas la ocasiones en que manifiesta culpabilidad por este hecho. 

Salpicada de referencias históricas, literarias, académicas y científicas sobre los cerdos, Voces y gruñidos es también una amena crónica de viajes que ilustra al lector con anécdotas poco conocidas relacionadas con estos ungulados. En el capítulo que transcurre en Yucatán, por ejemplo, asombra enterarse de que en las mega granjas privadas que exportan al extranjero cantidades ingentes de carne de puerco, uno de los productos más preciados en Corea del sur, sea el ano de estos animales. 

“Es una realidad, lo mejor de la carne de estos cerdos se va al extranjero. Hasta el pobre ano de los cerdos es vendido, pues últimamente les ha dado por decir que el ano es el valor más grande del cerdo, ¿se imagina? El ano de los cerdos es enviado en cajas a Corea, según porque es afrodisíaco; mandan los anos en charolitas como si fueran donas… ¡De verdad que estamos cada vez peor los humanos!” 

Algo que vale la pena destacar en esta novela es la frescura del lenguaje. Sin complicaciones, la autora va contándonos la historia con fluidez, dejando al mismo tiempo, en cada capítulo, microhistorias que nos congratulan con el cerdo, animal que ha sido vilipendiado por la humanidad desde siglos atrás. Judíos, musulmanes y cristianos, todos por igual, cargan sobre sus espaldas maldiciones que le achacan a estos pobres seres que, en realidad, son mucho más inteligentes y parecidos al hombre de lo que creemos.

¿Cómo olvidar Babe, el puerquito valiente, aquella película de 1995 en la que un pequeño cerdo decide demostrarle a su dueño que no había venido al mundo solo para acabar como trofeo central en la mesa de Navidad? Por algo el filme recibió siete nominaciones al Oscar, incluyendo una para James Cromwell, el actor gringo que le daba vida al granjero, quien —dicho sea de paso— luego de haber participado en este filme y darse cuenta de cómo se trataba a los animales en las granjas​, se hizo vegano y activista a favor de los derechos de los animales.

Pero volviendo a Voces y gruñidos, más allá de lo pintorescos que podrían parecernos ciertos pasajes —el espectacular almuerzo de lechoncito en el poblado cubano de Ranchuelo, la visita al legendario Museo del Jamón en Madrid o el emotivo almuerzo de horchatas y relleno negro en el mercado Lucas de Gálvez— pienso que estamos ante una novela inteligente que merece la pena de ser leída porque, además de amena, constituye una invitación directa de la autora para reflexionar acerca del papel del hombre respecto a los animales. Quién quita y algunos, al término de su lectura, decidamos elegir el camino del vegetarianismo.     

contacto@lajornadamaya

Lea, del mismo autor:  Narrar los días de mal presagio


Edición: Estefanía Cardeña


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