Opinión
Mauricio Dardón Velázquez
29/03/2026 | Mérida, Yucatán
Para tener una mejor perspectiva sobre la guerra desatada por Estados Unidos e Israel en contra de la República de Irán, así como de los profundos impactos que ha producido específicamente en Oriente Medio, conviene señalar algunos antecedentes.
Con el derrocamiento de Sadam Hussein en Irak y el desmantelamiento de las milicias del llamado Estado Islámico (Dáesh), las distintas administraciones estadunidenses continuaron promoviendo entre los países del Medio Oriente, específicamente entre los estados del Golfo Pérsico (llamados popularmente los Golfos del Golfo) y Arabia Saudita, el establecimiento de bases militares por toda la zona. La moneda de cambio fue siempre muy sencilla: dejan establecer nuestras bases militares en sus países y Washington les garantiza seguridad y estabilidad en la región para que sus camarillas de reyes, príncipes, emires y sultanes continúen con el suministro y el lucrativo negocio del petróleo, siempre con la divisa del dólar americano.
A continuación, la lista de países y bases militares que Estados Unidos ha construido en la región:
-Qatar: Base Aérea Al Udeid, la más grande en toda la región, sede del cuartel general avanzado del Comando Central estadunidense.
-Bahréin: en Manama sede de la Quinta Flota de la Armada.
-Kuwait: Base Aérea Ali Al Salem funciona como plataforma logística y operativa clave con el Campamento Arifjan.
-Emiratos Árabes Unidos: Base Aérea Al Dhafra, vital para operaciones de combate y vigilancia.
-Arabia Saudita: aloja personal en la Base Aérea Príncipe Sultán.
-Irak: mantiene presencia en la base aérea de Ain Al Asad y Erbil.
-Jordania y Siria: operan bases estratégicas y puestos de apoyo logístico.
Durante el último año de su primer mandato (2020), Trump, junto con su yerno Jared Kushner, promovieron la firma de los llamados Acuerdos de Abraham, mediante los cuales se establecieron relaciones diplomáticas, económicas y de seguridad entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán. Entre sus objetivos expresamente se estableció “crear alianzas estratégicas para fortalecer la seguridad frente a amenazas comunes, específicamente el poder expansionista de Irán”.
En el contexto descrito, se inició en febrero de 2026 la patraña de la supuesta negociación de paz en Ginebra, protagonizada por la dupla Jared Kushner y Steve Wittkoff. Según fuentes europeas citadas por The Guardian, el asesor británico Jonathan Powell consideró que los términos planteados por los iraníes eran muy aceptables, pero, por la impericia y quizá el doble discurso del dúo estadunidense, fue rechazado.
Días después, Washington y Tel Aviv lanzaron los arteros ataques en contra de Irán. Los gobernantes de Teherán respondieron atacando a Israel y lanzaron decenas de misiles en contra de las bases militares de Estados Unidos. Al segundo día, Irán destruyó los importantes sistemas de radares antimisiles construidos en los Emiratos Árabes Unidos y en Jordania, con gran impacto negativo en las defensas estadunidenses.
Conviene observar que ninguno de los países árabes donde se atacaron las bases militares de Estados Unidos ha reaccionado con ataques de represalia en contra de Irán. El mensaje de los gobernantes en Teherán es muy claro: fuimos arteramente atacados por Israel y Estados Unidos y nuestra represalia se enfoca hacia estos países y sus intereses en la región.
Junto a los misiles iraníes también cayeron estrepitosamente la estabilidad y seguridad prometidas por Washington a sus domesticados socios y aliados árabes en la región y, menos aún, a su delfín israelí. Con su insensata guerra, Trump los involucró directamente ya que sus bases se convirtieron automáticamente en objetivos militares de Irán.
En lo referente a Israel, el 21 de marzo pasado varios misiles iraníes impactaron la central nuclear de Dimona. Para un país que desde su nacimiento ha lanzado con toda impunidad guerras, invasiones y ataques contra palestinos y libaneses, es la primera ocasión en que recibe una respuesta contundente, la cual abarca a la orgullosa joya de su corona bélica. Dimona ya se convirtió en un síndrome del desamparo y humillación militar de los fatuos gobernantes de Tel Aviv.
En el plano internacional, Trump y Netanyahu se han quedado prácticamente solos en su desastrosa y desatinada aventura bélica, mientras Irán mantiene parcialmente cerrado el estrecho de Ormuz donde no sólo pasa 20 por ciento del petróleo mundial, sino también llegan todo tipo de insumos y mercancías que requieren los países del Oriente Medio.
Existe un dicho que dice "el que siembra vientos, cosecha tempestades". En el Medio Oriente Benjamín Netanyahu y Donald Trump sembraron tempestades y probablemente cosechen huracanes.
Edición: Fernando Sierra