Opinión
La Jornada Maya
30/03/2026 | Mérida, Yucatán
Lo que hasta hace unas semanas era publicidad en materia de atención al brote de gusano barrenador del ganado, se ha vuelto un objetivo para las secretarías de Desarrollo Rural tanto de la federación como estatales. Si el mensaje es: “no se ha sacrificado un solo animal”, es porque se ha creado una estrategia de respuesta rápida ante el mero aviso de la presencia de estas larvas en alguna propiedad; ahora se trata de que esa estrategia pase del “hasta el momento” al “no se sacrificó” a ninguna res, borrego, cerdo, caballo o mula.
Yucatán se ha mostrado como ejemplo de voluntad, dado el despliegue logístico que ha dispuesto para mantener la producción pecuaria. El gobierno del estado ha dado a conocer que la entidad mantiene el número de defunciones animales en cero, gracias a las acciones estratégicas aplicadas, que incluyen la conformación de un equipo capacitado de 36 técnicos y 16 médicos veterinarios, quienes atienden los reportes de gusaneras en menos de 24 horas, acuden a los ranchos y la revisión, diagnóstico y curación son gratuitos.
Tomando en cuenta que el conteo de casos a partir de la llegada de la mosca Cochliomyia hominivorax a Yucatán, que está próximo a cumplir 10 meses, el acumulado de mil 726 infecciones en animales parece un saldo manejable, pero esto es engañoso: el reporte más reciente es de 33 casos nuevos en bovinos, fauna silvestre, caninos y equinos, repartidos en 15 municipios. Del total, Mérida y Tizimín se repartieron casi la mitad. Pero por otra parte, la plaga está atacando animales que solía ignorar en brotes anteriores, incluyendo seres humanos.
La Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) de Yucatán ha respondido adecuadamente con los instrumentos que tiene a su alcance. Hace falta, en todo el país, la introducción de moscas estériles, que fueron parte crucial para controlar el brote que se dio en 2016 y también en los años 80 del siglo pasado.
Pero, por otro lado, parece que la Seder no ha querido o no ha podido extender su coordinación hacia la Secretaría de Salud de Yucatán, o esta última no considera que el gusano barrenador sea un asunto de salud pública, a pesar de los 23 casos de miasis que acumula el estado, lo que vale para el segundo lugar nacional, solamente detrás de Chiapas.
Sobra decir que los casos de miasis en Chiapas son cinco veces más que los de Yucatán, pero como hemos mencionado anteriormente: lo que revela que el gusano barrenador ataque a humanos son las condiciones de vulnerabilidad de un sector de la población, por carecer de acceso a satisfactores mínimos en cuanto a condiciones de higiene y cuidados, pues las infecciones se han dado en personas con alguna enfermedad crónica como la diabetes.
Resulta que para las personas no hay médico que vaya a su casa, diagnostique y cure gratuitamente; que no hay una línea de atención a la cual reportar las heridas agusanadas; que la estructura familiar que Yucatán presume como sólida, tiene puntos muy frágiles cuando se trata de atender a adultos mayores; que las larvas pudieron prosperar porque la disponibilidad de agua potable es tan limitada que es necesario recurrir a un pozo posiblemente contaminado; en fin. Pero estos son temas sociales, no de Salud pública. El gusano barrenador ha retirado el velo que cubre la desigualdad en el estado más seguro.
Sigue leyendo:
Edición: Estefanía Cardeña