Opinión
Dalila Aldana Aranda
31/03/2026 | Mérida, Yucatán
El Día Mundial del Agua se celebra anualmente el 22 de marzo para concientizar sobre la importancia del agua dulce y promover su gestión sostenible. Este día nos recuerda que el agua es un recurso vital para la vida, el desarrollo y los ecosistemas, pero también limitado y amenazado por factores como la contaminación, el cambio climático y el uso irresponsable. Promueve acciones individuales y colectivas para garantizar el acceso equitativo al agua potable y al saneamiento. La edición de 2026 se centra en el agua y el género: Donde fluye el agua, crece la igualdad.
En Yucatán, el agua se caracteriza por su alta disponibilidad y origen subterráneo. Por ello, el ciudadano no se percata de la fragilidad de este recurso. Sin embargo, a pesar de su aparente abundancia, su acceso enfrenta desafíos importantes por sobre explotación y contaminación. El consumo de agua también refleja grandes diferencias entre sectores. Incluso las actividades tecnológicas como la inteligencia artificial utilizan agua. Por ejemplo, una conversación de 5 a 10 preguntas consume alrededor de 0.5 litros de agua debido al enfriamiento de los centros de datos.
Por otra parte, a nivel mundial, la recolección de agua representa una gran carga para las mujeres y niñas, quienes dedican un promedio de 250 millones de horas diarias a esta tarea. En México se estima que casi 12 millones de personas acarrean agua. En muchos casos esta responsabilidad recae principalmente en las mujeres. Se estima que cada mujer invierte de 30 minutos hasta ocho horas diarias para acarrear agua. Este esfuerzo implica desgaste físico, limitando sus oportunidades de educación, trabajo y desarrollo personal. Estas cifras evidencian que el acceso al agua no solo es un tema de recursos, sino también de equidad. La seguridad también depende del agua. Bajo la consigna “Seguridad es también agua”, es fundamental comprender que este recurso no sólo es indispensable para la vida, sino también para la estabilidad social, económica y ambiental.
México presenta una situación compleja en cuanto a sus recursos hídricos, ya que su disponibilidad está limitada en relación con su población. México tiene tan sólo 0.1 por ciento del agua dulce disponible del planeta. Esto lo coloca muy por debajo de países con grandes reservas (como Brasil, Canadá o Rusia). En términos generales, se considera un país con disponibilidad media-baja, de 3 mil 200 - 4 mil m³ per cápita por año, ubicándonos en una condición de estrés hídrico. Además, el agua se distribuye de manera desigual: mientras en el sur hay mayor abundancia, en el norte y centro predomina la escasez. A esto se suman problemas como la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de ríos y mantos subterráneos, y el aumento en la demanda debido al crecimiento poblacional y las actividades económicas, especialmente la agricultura/ganadería, que concentra el mayor consumo. Estos factores ponen en evidencian la necesidad urgente de una gestión más eficiente y sostenible del agua en el país.
El principal problema es la contaminación del acuífero. El suelo kárstico permite la filtración de plaguicidas, metales, materia orgánica e incluso micro plásticos. A esto se suma el bajo tratamiento de aguas residuales, donde solo 3 por ciento es tratada, el resto se infiltra al subsuelo. El estado ocupa uno de los últimos lugares a nivel nacional. Otro factor crítico es el uso masivo de fosas sépticas, con cerca de 300 mil en Mérida, muchas de ellas sin regulación, lo que incrementa la contaminación del manto freático. Asimismo, las actividades productivas, como las granjas porcícolas, generan grandes volúmenes de desechos, llegando a descargar millones de litros de agua contaminada al día. Existen más de 500 granjas con una producción de casi 2 millones de cerdos al año.
Las embotelladoras de refresco y las cerveceras usan un promedio de 2 litros de agua por litro de cerveza o refresco. Con la producción proyectada a 400 millones de litros anuales, implica un millón de metros cúbicos de agua utilizados al año, aumentando la presión sobre el acuífero del estado. Finalmente, el crecimiento urbano, turístico e industrial está aumentando la presión sobre el acuífero, causando sobreexplotación y deterioro.
Este uso intensivo del agua resulta especialmente problemático, ya que toda el agua proviene del acuífero, lo que ha generado preocupaciones por la sobreexplotación y contaminación del agua. En el Estado, el problema no es la cantidad de agua, sino su calidad, su manejo y su sostenibilidad a largo plazo, convirtiendo su cuidado en un tema prioritario.
En conclusión, cuidar el agua es una cuestión de seguridad. “Aguas con el agua” no es solo una advertencia, sino una invitación a tomar conciencia y actuar. Proteger este recurso es garantizar la salud y un desarrollo sostenible. Los retos persisten y requieren una participación de toda la sociedad y de la aplicación de las políticas públicas existentes sobre Aguas Nacionales y el Programa Nacional Hídrico.
Edición: Fernando Sierra