Opinión
Edgar Fernando Cruz
31/03/2026 | Mérida, Yucatán
La situación de Cuba amerita una reflexión muy profunda. Prácticamente todos los analistas internacionales, especialistas en geopolítica, historiadores, sociólogos, politólogos y periodistas, no hemos podido tener claridad absoluta sobre los hechos históricos de este enclave estratégico; primero para España, luego para Estados Unidos.
Analizar la situación de la isla y su socialismo, en conjunto con el bloqueo, exige una limpieza mental que se despoje de toda tendencia o simpatía por un sistema o por otro. Cerca del 80 por ciento de la población cubana nació bajo el socialismo y ha sido educada en él; hay, sin duda, un grupo disidente a la Revolución, y quienes aún comulgan con los principios marxistas del castrismo. Lo mismo sucede con el 20 por ciento restante: los viejos que simpatizaron con el movimiento y sus detractores.
De ninguna manera se puede estudiar el acontecer de la isla sin el contexto del bloqueo. Son 67 años de limitaciones impuestas para comerciar con el mundo y desarrollar libremente su economía, como cualquier otra nación. El bloqueo obedece, sin duda, a un resentimiento ancestral que hoy carece de razón de ser. No hay más motivo que el del "honor" del gobierno de Estados Unidos, que no ha podido derribar un sistema en casi siete décadas. Más allá de las razones de supuestas democracias —que también son manipuladas en el mundo democrático— y más allá de la violación a derechos humanos internos, no hay derecho a que ningún país intervenga directamente. Para eso existen los organismos internacionales que son, en el fondo, un parapeto ante el sufrimiento de millones de seres humanos estrangulados y aplastados por una nación.
Viendo el fenómeno a la distancia, lo que subyace es el sufrimiento y la soledad de una nación que resiste y que también pide democracia en su propio sistema. Aunque el gobierno de Cuba ha anunciado un programa de puertas abiertas a la inversión extranjera, no logra consolidar la confianza ni la fortaleza en países interesados para rebelarse a los chantajes de Donald Trump, quien busca a toda costa colgarse la medalla.
El periodista y compañero Luis Hernández Navarro entrevistó para La Jornada al presidente Miguel Díaz-Canel, quien fue claro sobre la crisis derivada del rencor. Se trata de una crisis que no ha dejado lucir con luz propia a un sistema que pudo haber demostrado al mundo cómo su fórmula superó el analfabetismo y prioriza la salud y la vida común. No se pudo ver ese brillo y, aun así, la isla ha sobrevivido, dejando muestra de una fortaleza inaudita.
Sin embargo, la población está exhausta. Desde 1990 hasta hoy, han vivido un "periodo especial" que se ha prolongado por 37 años; tres generaciones que solo conocen la carencia. Eso es un crimen de lesa humanidad. Más allá del sistema, cercar a un pueblo para impedir su desarrollo con otras naciones es, simplemente, un secuestro internacional.
En este contexto, la presidenta de México, con la voz de nuestro país, fue enfática este lunes al determinar que México no se alineará a los caprichos de su principal socio comercial. Así lo dijo la mandataria:
“Lo que siempre hemos dicho es que México tiene todo el derecho de enviar combustible, ya sea por razones humanitarias o comerciales, pero que no queremos afectar a México. En algún momento hubo tarifas relacionadas, bueno, aranceles sí se enviaron, después disminuyeron [los aranceles] y buscamos siempre la ayuda humanitaria. Anunciaron una apertura de su economía y todo eso se está revisando para ver qué distintas acciones tomamos. Mientras tanto se han enviado, pues, distintos productos a la isla. Y por otro lado, siempre hemos manifestado que el pueblo cubano tiene la autodeterminación. Nadie debe interceder y si hay algún problema relacionado con eso, hay organismos multilaterales; nos oponemos a la intervención de un país sobre otro país. Y la relación con Cuba, México-Cuba es histórica y vamos a seguir apoyando al pueblo cubano.”
A lo que, en la entrevista citada, el presidente Miguel Díaz-Canel respondió:
"Hay un hecho muy importante. Cuando Martí vivió en México, tenía solo 22 años, presentó al público mexicano una obra que se llama Amor con amor se paga. Yo creo que ahí, en esa frase, en el título de esa obra, está la esencia de nuestra entrañable relación. Por lo tanto, para México, para el pueblo mexicano, para el gobierno mexicano, toda nuestra admiración, todo nuestro respeto, todo nuestro cariño y todo nuestro compromiso. Y en particular para Claudia, la presidenta mexicana, que ha demostrado una firmeza de convicciones, una firmeza de principios, una valentía y una gallardía, que quisiera expresarle que México y la presidenta de México no tienen idea de cuántas cubanas y cuántos cubanos quisieran agradecer personalmente a su presidenta todo lo que ha hecho por Cuba en estos tiempos. Y nosotros sentimos un respeto tremendo y una admiración tremenda por ella y, por supuesto, por tu pueblo".
"¡Gracias México! ¡Mil veces gracias por ser y por estar siempre al lado de Cuba en los momentos más difíciles de nuestra nación!", señaló.
Más allá de cualquier inclinación ideológica, lo cierto es que la relación México-Cuba es un pilar de nuestra política exterior. Como bien decía Martí, y hoy resuena en la diplomacia actual, en los momentos más difíciles es cuando se demuestra que, efectivamente, amor con amor se paga.
Edición: Fernando Sierra