de

del

Petróleo

Seguimos destinando esfuerzos a recuperar la condición de país productor que ya no volveremos a tener
Foto: Afp

Unas cuantas declaraciones poco afortunadas no constituyen una narrativa. Pero sí son piezas de un rompecabezas que nos permiten vislumbrar el relato del que forman parte, quizá sin quererlo. El derrame de hidrocarburos que ha azotado en estas semanas la costa del Golfo de México (que no “de América”, por cierto) es un ejemplo claro de lo que quiero decir con esto.

La gobernadora del estado de Veracruz, Rocío Nahle, nos regaló la joya de que se trataba “de unas simples gotas” de petróleo o chapopote, y las atribuyó a un mágico barco privado que nadie pudo encontrar. Un barco fantasma como el Perla Negra del capitán Jack Sparrow en Los Piratas del Caribe.

La doctora Alicia Bércena, en una serie sorprendente de declaraciones, sostiene la importancia de rechazar o demostrar el papel de las “chapopoteras naturales” como causas del derrame e insiste en que no se han detectado daños relevantes al sistema arrecifal veracruzano, sin considerar que se trata de un área relativamente reducida en relación con las dimensiones del golfo, y acotada por su condición de área protegida. Esto ante un impacto que afecta a alrededor de 900 kilómetros de litoral en la región. La urgencia por apaciguar la preocupación de las poblaciones locales y las organizaciones no gubernamentales ambientalistas lleva a la contraproducente tentación de minimizar el deterioro.

El paso del “barco fantasma” a la respuesta de “en PEMEX tenemos muchos barcos”, y de ahí a “se está investigando” para determinar el barco que originó el derrame es una danza inquietante que apunta a una ineficacia de la autoridad para determinar quién hace qué cosas en las aguas nacionales o a un intento deliberado por solapar una acción que sí se conoce. Al menos por ahora, no lo sabemos.

A estas declaraciones se ha sumado la idea expresada durante una mañanera, de que los estados de Tabasco y Campeche tienen “vocación petrolera”. Esta visión no puede menos que hacernos pensar que las actividades relacionadas con la extracción e industrialización de hidrocarburos deberán dominar en el futuro previsible las actividades económicas, por lo menos en esas dos entidades, sin importar qué efectos pueda tener esto sobre otras actividades como la pesca, agricultura, apicultura, ganadería o producción forestal, y subordinando a la industria petrolera y petroquímica la estabilidad de los ecosistemas, la conservación de la biodiversidad y la permanencia de servicios ambientales, cuyo acceso constituye, además, derechos humanos.

La insistencia en el papel de las emanaciones naturales de las chapopoteras es otro factor que debe llamar la atención. ¿Las chapopoteras tienen eventualmente emanaciones catastróficamente masivas?, ¿las imágenes que sitúan a las chapopoteras en la Sonda de Campeche muy lejos de los sitios cubiertos por el derrame son falsas, o están alteradas? ¿Hay otras chapopoteras más cercanas, que los ambientalistas, cegados por su postura contestataria, se niegan a ver?  De ser así, ¿podremos saber dónde están, y se nos mostrarán imágenes georreferenciadas que permitan determinar su relevancia como causas del accidente? ¿O son solamente distractores (cortinas de chapopote, que no de humo) para distraer la atención de actividades – legales o no – que puedan haber ocasionado vertimientos o daños a ductos? 

Para más, nuestro anaranjado vecino del norte se avienta la puntada de suspender la normatividad que protegía a las especies marinas ante las actividades de extracción de petróleo en el Golfo (insisto: de México), con lo que tortugas, delfines, especies de importancia pesquera, aves marinas y un largo etcétera de componentes de la biodiversidad regional quedan destinadas con desprecio a los daños que se desencadenarán sobre su hábitat ante la sed de apropiarse de la mayor cantidad posible de hidrocarburos lo más rápidamente que se pueda.

La actitud ante los accidentes relacionados con los hidrocarburos fósiles no es novedosa: la tónica usual gira alrededor de reconocer la existencia de derrames o incendios y sostener de inmediato que los daños serán menores, la situación está controlada, y no ha habido bajas que lamentar (excepción hecha, desde luego, de los cinco recientes decesos en la refinería de Dos Bocas, en Tabasco) Parece que estamos atrapados sin remedio en un desarrollo basado en el uso de hidrocarburos, sin importar los riesgos que esto implica para la vida en el planeta, sin considerar los compromisos hechos ante el mundo para abatir las contribuciones de carbono a la atmósfera, más allá de la certeza de que los yacimientos se agotarán más pronto que tarde. La transición energética queda en el vasto universo de las buenas intenciones.

Los daños y los riesgos parecen ser, pues, lo de menos: se pueden contener, remediar o compensar (así sea con exiguos subsidios). Lo que no parece ser posible es hacer un alto en la ciega carrera por recuperar una condición de país productor de petróleo que sabemos que no volveremos a tener. Mientras tanto, seguiremos destinando esfuerzos a la refinación para la producción de combustibles, aportando materia prima para la fabricación de plásticos de un solo uso que terminarán contaminando por siglos los suelos y aguas de nuestro país y del mundo y contribuyendo a una crisis climática que ya nos tiene al borde de un punto de no retorno. Es hora de hacer un alto en la implementación de un modelo de desarrollo que sabemos que resulta insustentable. Es hora de dejar de considerar externalidades al medio ambiente, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, y construir una economía que ponga en el centro la construcción de soluciones basadas en naturaleza para construir de manera sustentable lo que México requiere para continuar siendo un proyecto viable de nación.

Lea, de la misma columna: Flamencos

Edición: Fernando Sierra


Lo más reciente

Una credencial y una garantía

Editorial

La Jornada Maya

Una credencial y una garantía

La paradoja: el lado oscuro de la luna y la guerra

Kilómetro 0

Edgar Fernando Cruz

La paradoja: el lado oscuro de la luna y la guerra

Cuando la desolación nos alcance

María Elena González reúne sus cuentos en su ópera prima 'El jardín que se apropia de mí'

Carlos Martín Briceño

Cuando la desolación nos alcance

Petróleo

Seguimos destinando esfuerzos a recuperar la condición de país productor que ya no volveremos a tener

Rafael Robles de Benito

Petróleo