Opinión
Edgar Fernando Cruz
21/04/2026 | Mérida, Yucatán
La presencia de México en España, personificada por la presidenta Claudia Sheinbaum en la reciente
Cumbre por la Defensa de la Democracia, ofrece lecturas que obligan a una reflexión profunda sobre el tablero geopolítico actual. No fue una reunión menor: la representación de naciones como España, Brasil, Uruguay, Colombia y México suma un mercado de casi 600 millones de habitantes. Es un bloque apetitoso no sólo para sus propios integrantes, sino para una China que observa con atención —y se frota las manos— desde la periferia de los BRICS.
El mensaje enviado desde Barcelona trasciende la retórica social; es el anuncio de un bloque que aspira a una autonomía operativa frente a la hegemonía de Estados Unidos. Ante la política bélica y las amenazas que emanan de la narrativa "MAGA" de Donald Trump, la postura de la mandataria mexicana fue determinante. Especialmente relevante fue su defensa de la soberanía en el Caribe, donde Sheinbaum sentenció:
"La democracia no se impone por la fuerza ni a través del aislamiento. México reitera su rechazo a cualquier forma de intervención militar o bloqueo contra Cuba; los procesos internos de cada nación pertenecen exclusivamente a sus pueblos".
Sin embargo, la cumbre mostró sus costuras. Aunque esta posición de respeto fue respaldada por los asistentes, la ausencia de un comunicado conjunto desnudó las tensiones internas por las deficiencias democráticas en la isla. Una cumbre en defensa de la democracia que omite señalamientos críticos a las crisis internas —incluyendo a Venezuela— corre el riesgo de volverse un ejercicio vacío. Resultó irónico que, mientras se discutía el progresismo, Corina Machado se manifestaba en la Puerta del Sol, reafirmando su respaldo a figuras como Trump.
El punto de quiebre más audaz fue el replanteamiento de la ONU. El presidente Lula da Silva fue demoledor al respecto, señalando las omisiones de un organismo que parece haber perdido su brújula ante la ruptura de la legalidad internacional. Lula fue claro:
"La ONU de 1945 ya no representa la realidad del siglo XXI. Su parálisis ante los conflictos actuales y su incapacidad para frenar los abusos de las potencias demuestran que el organismo necesita una reforma estructural o quedará condenado a la irrelevancia".
Para México, este coqueteo con un nuevo bloque económico independiente es un proyecto de alta complejidad. La dependencia del gas natural estadunidense y los lazos del T-MEC son realidades ineludibles. No obstante, el reposicionamiento de la izquierda mexicana es un triunfo estratégico: México ha vuelto al escenario internacional con fuerza, buscando liderazgo, visibilidad y respaldo popular internacional que le permita gestionar junto con estos 4 mandatarios plantear un destino común ante el desequilibrio mental de Trump y la creciente influencia de China en el mercado.
México y China podrían fortalecer su relación, o al menos utilizar ese interés mutuo como una herramienta de negociación ante la incertidumbre comercial del norte. Lo de Barcelona no fue solo un discurso; fue un "mensaje escopeta" de alto impacto.
La próxima sede de esta cumbre será México.
Paso de Gato
Mientras en Hidalgo se busca prohibir las corridas de toros con un trasfondo que huele más a estrategia electoral que a bienestar animal, porque "Nuestra identidad nacional es un tejido de mestizaje que no puede entenderse sin sus contradicciones; negarlas es negar lo que somos. La cultura es el espacio donde nos reconocemos, no un botín político".
Bajo esta premisa, no se puede ignorar que la tauromaquia es una actividad económica, cultural y turística que sostiene a familias y tradiciones, como se ve hoy en la Feria de Aguascalientes. El ataque a estas prácticas en la CDMX ya ha causado un daño de gran alcance. Es imperativo sacar las ambiciones de los partidos de la gestión cultural: la misión de la tauromaquia es sobrevivir al tiempo, no a las encuestas.
Edición: Fernando Sierra