Opinión
La Jornada Maya
21/04/2026 | Mérida, Yucatán
Carlos Trejo García
Durante décadas, los estudiantes yucatecos desempeñaron un papel activo que iba mucho más allá de la simple asistencia a clases. Ellos escribieron, debatieron, denunciaron y se organizaron, mostrando una inquietud permanente por transformar su entorno educativo y social. Los periódicos estudiantiles y documentos como las Cartas a Ramón reflejaron este espíritu crítico y participativo, sirviendo como testimonio de una generación que comprendió que la educación no se limita al aprendizaje académico, sino que también implica desarrollar una conciencia política.
Este artículo se enfoca principalmente en el análisis de periódicos y revistas estudiantiles como espacios de expresión y formación política juvenil, resulta pertinente incorporar otros escritos estudiantiles como el testimonio de Antonio Betancourt Pérez y, de manera destacada, el documento conocido como Cartas a Ramón no como una desviación temática, sino como manifestaciones concretas de la conciencia estudiantil en proceso de organización. El estudio en perspectiva histórica de Cartas a Ramón muestra cómo los estudiantes de la Facultad de Medicina en los años cuarenta del siglo pasado abordaron de manera colectiva problemas como el autoritarismo institucional, la injusticia social y la negación de derechos académicos, reivindicando la importancia de la participación estudiantil en la vida pública. A través de este documento, la palabra escrita se consolidó como la expresión tangible de los movimientos estudiantiles, al traducir la conciencia crítica formada en la prensa estudiantil en acción colectiva organizada, con demandas claras, estrategias definidas y responsables identificables.
Breve historia de la FEY
La Federación Estudiantil Yucateca (FEY) tuvo su origen en el proceso de organización y politización del estudiantado yucateco que siguió al conflicto generado por el discurso estudiantil del 3 de marzo de 1927. Como resultado de esa experiencia y de la necesidad de articular a los distintos círculos estudiantiles de enseñanza media y superior, el 21 de abril de 1927 se fundó la Confederación de Estudiantes de Yucatán, organismo que, como precisa Antonio Betancourt Pérez, “dos años después, acatando el acuerdo del congreso nacional de estudiantes efectuado en Mérida, cambió su nombre por el de Federación Estudiantil Yucateca (FEY)”. De acuerdo con el mismo testimonio, la nueva organización nació con objetivos explícitos que iban más allá de lo escolar, entre ellos “participar en la vida social, política y cultural de la entidad como sector organizado” y luchar por la renovación de los sistemas educativos, así como por la vinculación del estudiantado con los sectores obrero y campesino, lo que definió desde sus inicios el carácter social y político de la FEY.
Cada 21 de abril se celebra en Yucatán el Día del Estudiante, pero pocas veces se recuerda que esta fecha nació como un acto de conciencia histórica y no como un simple festejo. Su origen está ligado a la memoria de los jóvenes que perdieron la vida durante la intervención estadounidense de 1914, y durante décadas fue una jornada marcada por discursos, asambleas y reflexiones sobre el papel social de la juventud y el estudiantado.
En palabras del activista estudiantil Antonio Betancourt Pérez, el Día del Estudiante fue concebido para honrar “a quienes, siendo alumnos de la Escuela Naval de Veracruz, perdieron la vida heroicamente defendiendo el territorio patrio”, dotando a la conmemoración de un significado profundamente nacionalista y crítico.
Una juventud que no quería callar: testimonio de un combatiente social
Antonio Betancourt Pérez denunció públicamente el estado de la educación yucateca el 3 de marzo de 1927, durante la ceremonia cívica oficial realizada frente al monumento del general Manuel Cepeda Peraza, en el Parque Hidalgo de Mérida, con motivo del aniversario luctuoso del héroe liberal. Lo que dijo quedó registrado como uno de los primeros actos modernos de inconformidad estudiantil organizada
“Esa ocasión fue la ceremonia frente al monumento al Gral. Cepeda Peraza, en el conocido Parque Hidalgo, el día 3 de marzo de 1927… me puse de pie y lo leí frente al gobernador y las demás autoridades civiles y militares del estado … “En realidad el Instituto Literario era una isla ajena a todo lo que ocurría en aquel momento en el mundo, incluyendo a nuestra patria… una fortaleza del pasado, cerrada a piedra y lodo a la modernidad.”
Y fue aún más directo:
“Nuestro instituto no es ya el nido de águilas que soñaran los liberales… se ha transformado en un nido, pero no de águilas, sino de cuervos que se alimentan con una ciencia anticuada.”
Aquella crítica no solo incomodó a autoridades y profesores: marcó una línea clara entre una juventud pasiva y otra que comenzaba a asumirse como actor social.
Cuando los estudiantes hicieron periódicos
Esa conciencia no se quedó únicamente en los discursos. Durante décadas, los estudiantes de Yucatán crearon revistas y periódicos propios. Acción Estudiantil, Cisnerista, Gaceta Preparatoriana y Voz Estudiantil, entre muchísimos rotativos que fueron espacios de formación, denuncia y organización. Estas publicaciones surgieron como modo no solo de expresión política, sino también social y lúdica, donde los estudiantes buscaban voz propia ante los retos sociales de Yucatán.
En Acción Estudiantil, órgano ligado a la Federación Estudiantil Yucateca, se afirmaba con claridad el propósito del movimiento:
“La Federación Estudiantil Yucateca está compenetrada de la obligación de propender al mejoramiento moral y material del conglomerado estudiantil que deposita en ella toda su confianza.”
Para estos jóvenes, educarse no era solo aprobar materias. Por eso advertían:
“Han permanecido casi en el olvido las justas intelectuales, tan necesarias para impulsar el desarrollo moral de nuestra juventud.”
El periódico Cisnerista dejó aún más clara su vocación pública al presentarse como:
“Una tribuna del estudiante, no una empresa mercantil.”
En estos medios impresos se fomentaba el debate, se procuraba la información de los estudiantes, se publicaban manifiestos y se defendía la importancia de la organización. Por ejemplo, los estudiantes organizaban debates sobre temas políticos y sociales, y redactaban manifiestos que luego compartían con la comunidad educativa.
“La designación del presidente del círculo tiene para la lucha estudiantil una importancia decisiva.”
Para muestra un botón: La conciencia estudiantil de la facultad de medicina. Las Cartas a Ramón (1943).
Uno de los ejemplos más contundentes de esa cultura organizativa es el documento conocido como Cartas a Ramón, redactado en 1943 por estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yucatán. No se trató de un volante anónimo ni de una protesta improvisada, sino de un memorial formal, dirigido al rector de nuestra máxima casa de estudios
Desde el inicio, los estudiantes se presentaron como un cuerpo colectivo:
“Los suscritos, estudiantes de la Facultad de Medicina y Cirugía, ante usted respetuosamente comparecemos y exponemos…”
La denuncia era directa:
“La actuación del director se ha caracterizado por un marcado despotismo dictatorial, pasando sobre los estatutos de la Universidad para imponer su voluntad a la que él llama LEY.”
El documento detalla humillaciones, arbitrariedades y abusos. Uno de los pasajes más reveladores describe cómo se obligaba a los alumnos a suplicar por derechos académicos:
“¿Se da usted cuenta que en mis manos está usted, que de mí depende su suerte?”
Cuando las autoridades universitarias no respondieron, los estudiantes tomaron una decisión colectiva:
“Acordamos declarar un paro en nuestras labores escolares.”
Y asumieron públicamente las consecuencias. El documento cierra con una fórmula poco común hoy en día:
“POR ELCOMITÉ DE LUCHA:
Carlos Urzaiz, Francisco Espinosa C. y Antonio Torres”
Con nombres y apellidos, estos jóvenes dejaron constancia escrita de que la protesta tenía rostros, responsables y organización.
¿Qué cambió? Hoy existen causas, inconformidades y activismos juveniles, pero pocas veces se traducen en organizaciones duraderas, prensa propia o liderazgos claramente asumidos.
Conclusión: Una lección para el presente
En retrospectiva ¿Qué cambió? Hoy existen causas, inconformidades y activismos juveniles, pero pocas veces se traducen en organizaciones duraderas, prensa propia o liderazgos claramente asumidos.
Al leer hoy los periódicos estudiantiles y documentos de lucha del siglo XX resulta incómodo. No por su lenguaje —directo, duro, a veces solemne—, sino porque exhiben una distancia alarmante entre aquella juventud organizada y la experiencia estudiantil actual. Los estudiantes que firmaron las Cartas a Ramón no pedían likes ni viralidad: documentaban abusos, apelaban a estatutos, declaraban paros y firmaban con nombre y apellido. Asumían el costo político de la protesta.
La prensa estudiantil de esas décadas no se limitaba a anunciar bailes o eventos; formaba conciencia, llamaba a la responsabilidad colectiva y denunciaba la evasión de la realidad. Ya en 1953 se advertía que cuando los estudiantes “no se preocupan por mejorar las condiciones de su escuela”, también renuncian a mejorar la sociedad. La advertencia no era retórica: era una crítica a la apatía como forma de complicidad.
Hoy, muchas conmemoraciones del Día del Estudiante han perdido su sentido histórico. Se festeja al estudiante, pero se le priva de contenido político. Se celebra la juventud, pero se evita hablar de organización, conflicto, poder o responsabilidad social. En nombre de una supuesta neutralidad, se domestica la memoria incómoda de una generación que entendió que educarse era tomar postura.
El problema no es que falten causas: sobran. El problema es que falta estructura, falta prensa propia critica, falta la decisión de asumir el conflicto como parte de la vida pública, y, sobre todo, falta la convicción de que el estudiante no es un espectador del presente, sino un actor con deberes históricos.
Las generaciones anteriores demostraron que la juventud podía organizarse sin permiso, escribir sin miedo y firmar sus demandas. La pregunta que queda no es si hoy los estudiantes pueden hacerlo, sino si están dispuestos a recuperar esa responsabilidad. Porque la historia muestra algo con claridad: cuando los estudiantes dejan de organizarse, no desaparece el conflicto, solo gana quien siempre ha tenido el poder.
Y quizá esa sea la lección más incómoda que todavía nos interpelan esas viejas hojas impresas: el olvido también es una forma de renuncia.
Concluyo con una frase de los estudiantes de hace más de setenta años:
“La Federación Estudiantil está en ti. Ámala y respétala.”
Tal vez hoy la consigna podría adaptarse: la historia estudiantil también está en nosotros. Solo hace falta volver a leerla —y escribir la siguiente página.
Bibliografía
-Fuentes primarias (documentos y prensa estudiantil)
-Betancourt Pérez, A. (s. f.). Memorias de un combatiente social. Manuscrito y fragmentos hemerográficos del movimiento estudiantil yucateco (1927). [Lecturas p...histórica | Outlook]
-Círculo de Estudiantes de Medicina. (1943, 13 de noviembre). Cartas a Ramón: Memorial dirigido al C. Gobernador del Estado solicitando la destitución del Dr. Ramón Osorio y Carvajal. Universidad de Yucatán. [cartas a r...dicina OCR | PDF]
-Cisnerista. (1942, septiembre). Órgano mensual de los estudiantes cisneristas. Escuela Secundaria “Adolfo Cisneros Cámara”, Mérida, Yucatán. [onedrive.live.com]
-Federación Estudiantil Yucateca. (1942, 19 de marzo). Convocatoria al Primer Certamen Escolar de Declamación. Acción Estudiantil. Mérida, Yucatán. [Lecturas p...histórica | Outlook]
-Gaceta Preparatoriana. (1953, 7 de octubre). Nuestra universidad igual que antes. Vocero estudiantil de la Universidad Nacional del Sureste, Año I(5). [ACCION ESTUDIANTIL | PDF]
-Voz Estudiantil. (1952). Bodas de Plata de la Federación Estudiantil Yucateca. Mérida, Yucatán. [onedrive.live.com]
Fuentes secundarias
-Dip, N. (2022). Movimientos estudiantiles contemporáneos en México: desafíos de investigación sobre una experiencia inconclusa (2010–2020). Revista de la Educación Superior, 51(201), 87–110. [infobae.com]
-Ramírez Zaragoza, M. Á., & Osorio Orozco, R. (Coords.). (2024). Los movimientos estudiantiles en México: reflexiones sobre su potencia transformadora. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México–UNAM. [oji.fundacion-smorg]
Nota:
Los documentos citados forman parte de periódicos estudiantiles, memoriales de protesta y testimonios directos producidos por estudiantes yucatecos entre 1927 y 1953, y constituyen fuentes primarias fundamentales para la reconstrucción de la historia del movimiento estudiantil en la entidad. Consultados en el fondo hemerográfico de la biblioteca particular Dr. Jorge Ermilo Alonso Avila
Edición: Fernando Sierra