Opinión
Mauricio Dardón Velázquez
23/04/2026 | Mérida, Yucatán
Durante la guerra impuesta por Estados Unidos e Israel, Irán sufrió una enorme destrucción de su infraestructura, pero logró resistir y contraatacar a Israel, causando graves daños en ciudades como Tel Aviv, Dimona, Beersheba, Arad, Haifa y Beit Shemesh, los cuales fueron silenciados por el gobierno del genocida Benjamín Netanyahu, buscado por la Corte Penal Internacional. De igual forma, Irán atacó todas las bases e instalaciones militares estadounidenses radicadas en los países del Golfo y Arabia Saudita que rodeaban por completo a la República Islámica. Tales instalaciones fueron gravemente dañadas o totalmente destruidas por los misiles y drones iraníes, lo cual representa enormes pérdidas económicas para Estados Unidos. Pero más allá del daño material, Irán mandó al basurero de la historia toda la estrategia diseñada por Washington durante los últimos cincuenta años para la seguridad regional en Oriente Medio. Las oligarquías del Golfo Pérsico y Arabia Saudita cedieron partes de sus territorios para que Estados Unidos construyera sus bases e instalaciones militares con la promesa de obtener seguridad y estabilidad regional, sin darse cuenta que en una guerra de solo cinco semanas todas ellas se convirtieron en objetivos militares para Irán.
El cierre total del estratégico golfo de Ormuz obligó a Trump a proponer negociaciones y un cese al fuego. Y aunque el magnate continúa gritando sus insulsas peroratas de que logró todos sus objetivos y ganó la guerra, para todo el planeta queda claro que EU e Israel sufrieron una humillante derrota militar que hoy coloca a la República Islámica de Irán como la nación dominante en la región, la cual cuenta con el apoyo de China y Rusia. Algunos analistas militares estadounidenses se atreven a caracterizar esta derrota estratégica como catastrófica.
Trump y Netanyahu no sólo equivocaron sus cálculos políticos, militares y económicos sobre Irán y la guerra, sino que por su voluntarismo y miopía política no supieron elaborar una política de alianzas y rápidamente se aislaron: Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá, Gran Bretaña y países de la Unión Europea como España, Francia, Alemania y la OTAN, se negaron a respaldar el esfuerzo bélico de Estados Unidos, En otras palabras, el binomio compuesto por EU e Israel quedó prácticamente aislado de todo el mundo en su aventura militar en contra de Irán.
En fechas recientes, el ignorante vendedor inmobiliario que hoy gobierna Estados Unidos no sólo ha estado atacando al Papa León XIV por sus mordaces críticas, sino que ha posteado imágenes donde Trump aparece vestido con indumentaria de la época bíblica y, al parecer, sanando a un enfermo (algunos comentaristas identifican su rostro como el de Jeffrey Epstein) como si fuera Jesucristo y flanqueado por la bandera y el águila calva, su ave nacional, así como aviones de combate. Al margen de la falta de respeto o risas que pueda causar tan mayúsculo dislate, a nuestro juicio puede mostrar el grado de enajenación política, ideológica y religiosa que padece y enfrenta el psicópata Donald Trump.
En lo referente a Israel, en las elecciones parlamentarias de 2022, el partido de los Sionistas Religiosos obtuvo 14 escaños. Con esa fuerza, Netanyahu logró conformar su actual gobierno e integró a dos de sus más importantes líderes en carteras claves: Bezalel Smotrich en el Ministerio de Finanzas e Itamar Ben-Gvir en el Ministerio de Seguridad Nacional.
El Partido de los Sionistas Religiosos mantiene una visión bíblica, mesiánica y redentora de la realidad, basada en las profecías descritas por el profeta Ezequiel, las cuales señalan que se producirá la guerra de Gog y Magog (“una gran guerra donde Dios defenderá a su pueblo restaurado”), la cual es considerada una batalla apocalíptica que propiciará el advenimiento del nuevo mesías.
Desde hace muchos años, Donald Trump se ha visto rodeado por judíos sionistas que comparten los mismos dogmas que los sionistas religiosos. Su yerno Jared Kushner, casado con Ivana Trump, asiste a una sinagoga que comparte el mismo credo con sus homólogos en Israel.
Al igual que Kushner, Steve Witkoff, el enviado especial de Trump al Medio Oriente y miembro de la Junta de la Paz, también se identifica con los llamados teofascistas del sionismo religioso.
Por último, hay que destacar que Donald Trump, desde su primer mandato, ha mantenido estrechísimos lazos con su amigo Bibi Netanyahu Esos vínculos no sólo se explican por su estrecho círculo de judíos sionistas; también se fundamentan en que ambos comparten una visión fascista y militarista para enfrentar los desafíos de sus gobiernos.
Trump maniobró para ayudar a Netanyahu a sacar las castañas del fuego por el holocausto de los palestinos en Gaza, con la creación de la nefasta Junta de la Paz, que sólo ha servido para intentar lavar la cara a los gobernantes de Tel Aviv, con la pretensión de convertir las playas mediterráneas del enclave en la Riviera Dorada que yace sobre los escombros/tumbas de miles de gazatíes muertos.
No resulta descabellado suponer que con la guerra contra Irán, en los retorcidos cerebros de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, ambos se encarnen como los verdaderos paladines que abrirán las puertas para el advenimiento del nuevo Mesías. Las imágenes posteadas por Donald Trump parecen confirmar que ya se asume como líder divino.
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Edición: Estefanía Cardeña