Opinión
Felipe Escalante Tió
23/04/2026 | Mérida, Yucatán
La historia política mexicana tiende a ser bipolar y maniquea. Esto porque la crítica también tiene un historial de fundarse mucho más en el sentimiento que en el argumento, o porque el ánimo detrás de muchas publicaciones era ser parte de la oposición tolerada. Se cuenta que el general Porfirio Díaz, ya en su segundo período presidencial, solía exclamar: “Ese gallo quiere máiz”, después de revisar la prensa y hallar escritos en su contra.
Y en efecto, aún entonces, mucha de la crítica proveniente de la oposición se hizo sin argumentar, o sin mayores fundamentos; pero a pesar de ello, a quienes nos encontramos sus escritos en el tiempo presente, nos dejan algunos datos que resultan hasta encantadores.
Veamos, por ejemplo, una nota titulada “Las obras del molinismo”, publicada en el semanario Pólvora y Dinamita el 10 de julio de 1911. El semanario era dirigido por Manuel María Escoffié Zetina, quien con este periódico prácticamente se iniciaba en una carrera que duró varias décadas, aunque fue mucho más conocido por títulos como El Yucatanista.
La nota en cuestión se toma como ejemplo de una crítica sin fundamento porque no se encuentra un argumento, pero en cambio sí una enumeración que resulta sumamente abstracta. Desde la entrada, el autor -con toda seguridad, el propio Escoffié -pretende involucrar al lector como para encargarle que encuentre una o varias obras que le hubieran parecido excesivas. Así, el primer párrafo es una frase exclamativa: “¡Cuántas y cuán nefastas son las obras que el molinismo ha hecho al desventurado Estado de Yucatán!”
Y si uno esperaba una enumeración y un argumento sobre su impacto negativo en la calidad de vida de los yucatecos, lo que sigue es todavía mayor apelación a involucrar al lector: “¡Cuántos monopolios! ¡Cuántas injusticias! ¡Cuántos atropellos a la soberanía de la libertad! ¡Cuánta calamidad pública! ¡Cuántas amarguras! ¡Cuántas pobrezas! ¡Cuántas plagas!”... Pero nunca menciona uno en particular.
Sin embargo, el siguiente párrafo sí descuadra cualquier idea preconcebida que se pueda tener sobre la época, sobre todo porque es una pregunta y ésta involucra los recuerdos de quienes la pudieran leer: “¿No recordamos con sorpresa, aunque poco tiempo después del advenimiento del Lic. Olegario Molina al poder se sintió en todo el Estado el primer temblor de tierra, fenómeno seísmico que nunca se había sentido en esta Península?”
¡Una extraña coincidencia! ¡El registro del primer sismo en la península de Yucatán, que debió haber ocurrido en 1901! ¿Qué diría don Manuel María de enterarse que en 2026 ya llevamos un par de temblores, y que no están relacionados con la política local? Porque lo que siguió en su texto fue cuestionar si la naturaleza no había protestado “contra ese absurdo del destino que colocó en las manos de un tirano la suerte entera de una humanidad”.
Por otra parte, don Manuel María omitió la obra constructora de Molina, y en cambio hizo mención de eventos naturales que coincidieron con su gobierno, haciendo que en Yucatán “se ha sentido la crisis más prolongada y dañosa; la langosta no ha querido un solo día ausentarse de nuestros campos, y neptuno ha sido egoísta negando sus aguas, cuya ausencia dejó nuestras tierras tostadas, áridas hasta lo increíble, muriendo casi toda la vegetación”.
Ahora, la motivación de don Manuel era la misma que el grupo político que combatió la candidatura de José María Pino Suárez: los morenistas, partidarios de Delio Moreno Cantón. La acusación fue un tema que repitieron durante la campaña electoral, que los triunfantes maderistas se habían aliado con el grupo de Olegario Molina, a quien también habían combatido. La explicación es que los pianistas representaban un relevo generacional para los liberales históricos de Yucatán.
Eso sí, la presión a los medios sí fue real y el semanario dejó de editarse por unas semanas después de la aparición del número en que apareció esta crítica. La reaparición, y la trayectoria de Escoffié, es tema de otras notas.
Edición: Estefanía Cardeña