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Cuando la crítica se equivoca

Noticias de otros tiempos
Foto: Carlos P. Escoffié Zetina, El Padre Clarencio, 28 de agosto de 1904

Cuando uno se dedica a leer periódicos, y especialmente si se revisan noticias antiguas, es fácil perder el sentido de objetividad y, en lugar de empatía con quienes están a favor o en contra de un gobernante, nos dejamos llevar por la simpatía. Esto es un riesgo y termina por cuestionar la credibilidad de quien aspira a considerarse investigador profesional. Llevada al extremo, la simpatía termina por convertir al historiador en propagandista.

Pero algo que ayuda a prevenir este declive es encontrar notas que, precisamente en el ánimo de hacer propaganda en contra de tal o cual prócer, hallamos otras que se encuentran sumamente equivocadas. Es cierto que exigir rendición de cuentas a los servidores públicos es un derecho, pero también es posible que las acciones de estos se encuentren adelantadas a su época y la ciudadanía tarda en comprender el alcance de la actuación.

A manera de ejemplo, ofrecemos una nota que tiene cierto grado de rareza en el semanario El Padre Clarencio, en su entrega correspondiente al 28 de agosto de 1904. Rareza porque la noticia es apenas unas cuantas líneas en la sección “Casos y cosas”, pero a ese pequeño texto, el director y caricaturista, Carlos P. Escoffié Zetina, le dedicó la caricatura de la portada; es decir, le pareció el asunto más llamativo para sus lectores, que por esos años iban en aumento gracias a la red de distribución que había establecido con los hermanos Flores Magón, la cual hacía posible que el semanario llegara a poblaciones de Veracruz, la Ciudad de México y Guadalajara.

Ahora, como tal, la nota deja la sensación de que se ha leído un chisme, algo inverosímil, que precisamente le llegó de oídas a Escoffié: “Nos han contado y no es nada difícil que sea verdad, que el hábil y genial D. Primitivo Díaz, conocido jefe de la policía reservada, tiene un ‘armario’ fin de siglo, un escaparate lleno de cajoncitos, marcados con las letras del alfabeto y que en cada uno de esos departamentos, pondrá cuidadosamente, en sobres rotulados, el retrato y la ‘biografía’ de cada uno de los individuos que, por sus buenas hazañas, tuviesen que ver con la justicia. Y D. Primo está tan ufano con su invención que dice que ni en París, ni en Londres, ni en Nueva York hay algo parecido”. 

El tono burlesco es notorio, pero a la distancia la crítica parece carecer totalmente de fundamento. Ese escritorio fue, sin lugar a dudas, la expresión material del principio de una base de datos cuyo principal objetivo era averiguar rápidamente si alguien que hubiera sido detenido por algún delito tenía antecedentes. Lo que sí es cierto es que las corporaciones policiacas en el mundo también se encontraban en una época en la cual trataban de profesionalizar el servicio y definir pautas para la investigación delictiva. Entonces, Primitivo Díaz se encontraba a la vanguardia en cuanto a la innovación en las averiguaciones previas. Sin embargo, Escoffié remató la nota con dos oraciones: ¡Lo que vale el talento de D. Primitivo! Esto tiene más bemoles que la invención de la pólvora”.

En la caricatura, se observa al funcionario frente al portentoso escritorio y se distinguen precisamente los cajoncitos identificados con las letras del abecedario, mientras que la descripción reza lo siguiente:

No se encuentra uno igual
en Chicago o París,
en Londres o New York,
en Viena o en Pekín.
¡Jamás verá una cosa 
mejor don Agustín!
Sólo falta saber
y espero descubrir
cual de estos casilleros
me corresponde a mí

En esto último sí tenía razón Escoffié. Meses antes había estado en la cárcel, acusado de injurias por el cura del pueblo de Sotuta; y al año siguiente volvería a estar en prisión, ahora señalado por Audomaro Molina Solís, hermano del gobernador, en un sonado caso en el que el caricaturista haría compañía al abogado Tomás Pérez Ponce y al también periodista José A. Vadillo, así que con toda seguridad había un sobre con su nombre en el cajón marcado con la letra E.

Pero de que en Yucatán se estaba intentando establecer protocolos de investigación policiaca, al igual que para detectar rápidamente a reincidentes, eso es una realidad. Lo malo es que la preparación de los policías y, por supuesto, su paga, no era algo para enorgullecerse, pero eso es tema de otras notas… y otros tiempos.



Lea, del mismo autor: Cuando el Sector Salud era omiso


Edición: Estefanía Cardeña


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