de

del

Mi país...

Recordar es nostálgico —a veces agridulce— pero es mejor tener recuerdos que no tenerlos
Foto: Magú

Daría la vida por mis seres queridos, la daría sin miramientos. He vivido en plenitud; he tenido muy pocos caprichos, pero todos están plenamente satisfechos; he aprendido a desear desde los ideales; tengo amigos entrañables y una indudable correspondencia afectiva con ellos (recientemente me descubrí como alguien que entiende radicalmente la amistad y sólo la practica convirtiendo a los amigos en hermanos); he viajado y estoy en posición de seguirlo haciendo; he ejercido una profesión que amo y lo he hecho al límite de mis capacidades sin mezquindad alguna; he tenido la oportunidad de ver gobernado a mi país por gente que ha luchado por ideales cercanos a los míos, mas no por ello he abandonado mi conciencia crítica; me encanta escribir, pero creo que tengo un obsesivo y enfermizo gusto por corregir mis textos; no me gusta presentar libros propios ni ajenos, pero a veces me gana la solidaridad; adoro mi intimidad, y cualquier cosa que se aproxime al exhibicionismo me resulta incómoda, pues soy feliz en mi anonimato artificial, a pesar del cual a veces me sorprenden algunos encuentros con personas a las que nunca había tratado en mi vida.

Daría la vida por mis seres queridos, pero quizá también por alguna esquina de la Ciudad de México, por algún aroma o por algún rincón. He llorado en secreto frente a algún pórtico (como sucedió frente a la casa de mi amiga Alda, en el centro de Coyoacán, quien murió de un balazo en el abdomen, en 1985); he viajado en el tiempo y he regresado a los bajos de la Torre Latinoamericana para sentarme en la pequeña cafetería donde probé por primera vez el café capuchino; me he detenido algunos segundos en la explanada del bazar de Valladolid para buscar en el ambiente aquel aroma cordial y generoso de los panuchos que vendía un establecimiento llamado “La Rancherita” o para mirar con la imaginación la nevera multicolor de don Licho, en cuyo local me refrescaba con sus espléndidos “embotellados” (refrescos de frutas naturales que envasaba en botellas de cristal escrupulosamente lavadas).

Recordar es nostálgico —a veces agridulce— pero es mejor tener recuerdos que no tenerlos; es mejor alimentarnos de nostalgia que vivir en la resequedad de la indiferencia y los olvidos.

Ahora mismo estoy mirando un mapa de mi país: quiero viajar a alguno de sus lugares prodigiosos; este país es un milagro por donde se le mire. No podría jamás envenenarme de regionalismo: en el catálogo de las perversidades, el regionalismo ocupa un sitio especial porque envenena nuestros cinco sentidos y degrada todo aquello que se pretende ponderar.

Miro el mapa generoso de mi país y recuerdo que he visitado al menos 27 de sus entidades: he recorrido el prodigio de sus texturas, aromas y sabores; he ido del pan de cazón al pescado zarandeado y del cochito con arroz al zacahuil o a los escamoles, siempre asombrado por la profundidad de mis raíces y siempre abierto a la sorpresa.

Mi país, mi país, mi país… ése que otros sólo esquilman, ése que algunos quieren ver hollado por plantas extrañas… ése que ha sido durante décadas un botín para unos pocos, un consorcio turbio del crimen organizado, de los políticos corruptos y las industrias transnacionales.

Miro el mapa de mi país queriendo viajar a cualquiera de sus rincones, pero algo me conduce corazón adentro. Sí, sin duda: daría la vida por mi país y lo haría anónimamente porque no tengo vocación de héroe y porque me asumo sacerdote de la discreción.

Miro el mapa de mi país y lo confundo con una radiografía de mi corazón.


Edición: Estefanía Cardña


Lo más reciente

Narrar la despedida paterna

Hay episodios en la vida que nos marcan, ya sea por lo trágico en su acontecer o por lo significativo que resultan

Cristóbal León Campos

Narrar la despedida paterna

Cuando la crítica se equivoca

Noticias de otros tiempos

Felipe Escalante Tió

Cuando la crítica se equivoca

Mi país...

Recordar es nostálgico —a veces agridulce— pero es mejor tener recuerdos que no tenerlos

José Díaz Cervera

Mi país...

Pepe Revueltas: férreo militante, revolucionario puro

El oficio de vivir

Andrés Silva Piotrowsky

Pepe Revueltas: férreo militante, revolucionario puro