Opinión
Andrés Silva Piotrowsky
16/04/2026 | Mérida, Yucatán
“Déjalos que lleguen y les partimos la madre”; así respondía José Revueltas a la advertencia de Ignacio Hernández, durante una de las noches del movimiento estudiantil del 68: “Pepe, tenemos que huir, avisaron que viene la policía a tu casa”. Revueltas tenía unas manos muy pequeñas, pero las colocaba en guardia de boxeador sin chistar un instante.
Nacho contaba con hilaridad esta anécdota, al recordar a su mentor y testigo de boda con la formidable actriz, Dunia Saldívar.
Nacho, que era alumno de la UNAM cuando Revueltas era maestro, no se imaginaba la estrecha amistad que los unió pese a la diferencia de edades, al calor de la lucha por lograr un país más justo y más equitativo; tampoco imaginó convertirse en el espléndido director y maestro de teatro que fue, teniendo como sede y púlpito La Casa del Lago, en el bosque de Chapultepec.
En una época viví más de tres años, casi de tiempo completo, en La Casa del Vago (así la apodamos con ironía) tomando clases de teatro, creación dramática, poesía y danza, con personajes cuya dimensión no comprendía, debido a mi muy lejana juventud: Nacho Hernández, Alejandro Aura y Salvador Flores Canelo, por mencionar sólo a algunos.
Nacho, lúcido y generoso, me compartió la primera novela de Revueltas: Los muros de agua y me contó de su entrañable relación. Con el paso de los años hice acopio de las obras completas de Revueltas, publicadas por la editorial Era y aunque no las he leído todas, recuerdo el impacto que me causó el prólogo de esa inaugural creación que habla de una compañía de teatro formada por leprosos; luego, el escorpión gigante de El Apando; los cuentos de Dormir en tierra, (no recuerdo de cuál de ellos Pepe le regaló los derechos a Nacho, para llevarlo al cine, cosa que nunca sucedió), el ensayo El guión cinematográfico y sus problemas, cuya lectura cambió definitivamente mi forma de ver el cine y de concebir la actuación; sus obras de teatro El Cuadrante de la Soledad y Pito Pérez en la Hoguera me confirmaron la vastedad de recursos de este excepcional mexicano.
Hace unos días, el 14 de abril, se cumplió medio siglo de su partida, lo que dio lugar a dialogar con Abelardo Gómez Sánchez, amigo y escritor oaxaqueño que ha explorado su extenso trabajo con profundidad (en su libro de cuentos Mala Mujer no tiene Corazón hace convivir en Lecumberri al escritor y al actor Pedro Infante, con su narración Por qué Pepe ya no puede ser el toro) y recordamos que fue en aquella tarde en que tomamos por asalto la cava de una periodista, amiga de él, cuando Nacho nos remontó a Pepe el boxeador.
Nacho y Dunia murieron después de muchos años separados, literalmente en la calle, destino que labraron con intensidad durante toda su vida. Abelardo y yo mantenemos una amistad inquebrantable y de nuestra última conversación surgió la idea, junto con Fabrizio León Diez, de honrar la memoria del gran
Pepe Revueltas, “El revolucionario puro, el férreo militante” (Abelardo, dixit) con este brevísimo video de
La Jornada.
Edición: Estefanía Cardeña