Opinión
La Jornada Maya
26/04/2026 | Mérida, Yucatán
Eduardo D. Puc Vázquez
Los animales han sido fundamentales en la vida humana desde tiempos antiguos, su domesticación ha sido relevante para el desarrollo y organización de las sociedades. La relación humano-animal ha permitido que se forjen lazos afectivos, estableciendo una conexión emocional entre especies e incluso, se ha documentado que la convivencia con animales tiene repercusiones en la salud física y emocional. En una encuesta realizada por Mars Petcare en 2020, el 30 por ciento de la población participante mencionó que considera a su perro como “un mejor amigo” y el 31 por ciento a su gato como “un compañero”.
Esta cercanía se refleja en los datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) (2021), donde se reportó que el porcentaje nacional de hogares que cuentan con algún tipo de mascota es del 69.8 por ciento. Para el caso de Yucatán, el porcentaje asciende al 76.4 por ciento con un aproximado de más de 2 millones de animales, principalmente perros y gatos.
Pese a los aspectos positivos de contar con una mascota, una de las prácticas más difundidas es el abandono. Un animal en esta situación es propenso a perder el contacto humano, asilvestrarse y vivir en el entorno natural; es decir, se convierte en parte de la fauna feral. Este fenómeno no debe entenderse únicamente como un asunto de bienestar animal o de simples "animales callejeros", sino como un serio conflicto de salud pública y equilibrio ecológico que demanda ser abordado desde el enfoque de la gobernanza. Entre los riesgos relacionados con esta problemática se encuentran transmisión de enfermedades zoonóticas a humanos como rabia, sarna, parásitos; inseguridad por ataques a la ciudadanía; depredación a fauna nativa, entre otros.
Yucatán cuenta con herramientas jurídicas como la Ley para la Protección de la Fauna del Estado de Yucatán y el Reglamento para la Protección de la Fauna en el Municipio de Mérida que prohíben el abandono, promueven campañas de esterilización y trato humanitario. De igual forma, el Código Penal estatal tipifica y sanciona el maltrato y el abandono. Pese a la existencia de este marco legal la realidad cotidiana evidencia una brecha significativa. Factores como la falta de presupuesto, infraestructura y/o personal; costumbres arraigadas; y la cosificación de los animales, contribuyen a que el abandono sea una práctica frecuente. Esto demuestra que las leyes escritas resultan insuficientes sin la participación de diversos sectores de la sociedad.
Desde el ámbito académico la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la UNAM se ha presentado como un actor clave, organizando y vinculando a la comunidad en jornadas periódicas de esterilización canina y felina, en colaboración con la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY). Estas acciones no han representado únicamente un servicio médico gratuito o a bajo costo; significan espacios de educación ambiental y concientización. De esta manera, la ENES Mérida funge como un catalizador social capaz de articular esfuerzos para impactar positivamente en su entorno inmediato. Es importante mencionar que tanto la sociedad civil organizada como las personas rescatistas independientes, también han tomado un rol fundamental en la atención de esta problemática.
Resolver el desafío feral no depende de redadas masivas ni de la buena voluntad de la ciudadanía. Desde la gobernanza, implica tejer un esfuerzo sinérgico y horizontal entre el sector público, la academia y la ciudadanía organizada. El objetivo debe ser respaldar a las leyes con mayores; proveer información y espacios de acción directa; y sobre todo, asumir una tenencia estrictamente responsable.
Edición: Fernando Sierra