Opinión
Óscar Muñoz
13/05/2026 | Mérida, Yucatán
La escritura, como la lectura, también ofrece una diversidad de beneficios que contribuyen a la transformación humana. A través de algunos estudios, ha sido descubierto que escribir mejora la claridad y la precisión del pensamiento. No es igual pensar en términos abstractos que en términos concretos. Este puente entre el pensamiento y la escritura favorece la nitidez y la exactitud de lo pensado Incluso, escribir lo que se piensa permite la reflexión sobre lo pensado. Esta claridad mental que proporciona la escritura, además de otorgar a los lectores pensamientos precisos, permite mejorar el pensamiento de quien escribe sus ideas.
Además, la escritura reduce el estrés y la ansiedad, al manejar de mejor manera las emociones de las personas. Al escribir pensamientos sobre un papel, el individuo logra liberar ciertas cargas emocionales, las cuales provocan el estrés. Por ello, muchos terapeutas recurren a la escritura como terapia para aquellas personas que sufren estados emocionales difíciles de controlar. En este sentido, escribir sobre experiencias complicadas ayuda a manejar las emociones intensas y mejorar el estado anímico del individuo. Por ello, quienes escriben un diario se ven favorecidos por las reflexiones personales que anotan, amén de que les permite reordenar sus emociones.
Por otra parte, la escritura fortalece el aprendizaje y la memoria. Esto se debe a que, al escribir a mano, muchísimo más que en teclado, exige mucho más concentración y atención: quien escribe debe cerciorarse de que escribe las palabras correctas y precisas (en tanto los sistemas con teclado corrigen los vocablos y hasta la sintaxis), lo que le permite fijar mucho mejor las ideas en el cerebro. Y si la escritura favorece la mayor claridad de los pensamientos, ésta ayuda a estructurar mejor las ideas más abstractas. Además, al escribir se activan las neuronas más de lo común e impulsa la creatividad, que siempre será requerida para la resolución de problemas de todo tipo: científicos, sociales o personales.
Respecto de otros aspectos que se ven beneficiados por la escritura, destacan los procesos de comunicación, ya que escribir con frecuencia, sobre todo a mano, mejora la expresión, aun si se trata de ideas complejas, cada vez con mayor claridad y puntualidad. Por otra parte, la escritura permite organizar mejor las actividades y los propósitos de éstas, ya que facilita que el cerebro aplique materialmente las tareas sin desviarse de los objetivos planeados Todo ello, en consecuencia, asegura la productividad de la gente. Por si fuera poco, el acto de escribir mejora el manejo del lenguaje: asegura la escritura de las palabras (ortografía), potencia la imaginación (creatividad) y acrecienta las formas de expresar las ideas (vocabulario).
Cabe destacar que, para asegurar los beneficios de la escritura, habrá que considerar que ésta debe ser a mano, ya que estimula más el sistema nervioso y mejora el almacenamiento de la información (memoria), mucho más que los sistemas con teclado. De ahí que haya la necesidad de impulsar la escritura a mano en todos los espacios: el hogar, la escuela, las instituciones públicas y privadas, y recuperar del olvido los diarios personales y las cartas, así como otras formas manuscritas (recados, apuntes, anotaciones y más).
Tomar notas en papel obliga al cerebro a detenerse para escuchar, resumir y decidir qué conviene escribir. En cambio, al teclear las notas, se pierden estas oportunidades a cambio de velocidad. Al escribir notas a mano, el individuo transforma lo que escucha en ideas breves y propias, identifica prioridades y ordena la información, todo lo cual corresponde al proceso de análisis-síntesis. Por todo ello, es posible asegurar que, a través de la lectoescritura, los seres humanos serán más humanos y menos robotizados.
Edición: Estefanía Cardeña