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El dulce ejercicio de la gobernanza

Noticias de otros tiempos
Foto: Bernardino Mena Brito, Diario Yucateco, 30 de julio de 1910

La toma de decisiones en cualquier sociedad suele ser un tema del cual muchos terminan por huir, pues cuando se trata de alcanzar consensos y establecer un diálogo con las autoridades, suele consumirse a veces demasiado tiempo y esfuerzo que no reportan ningún beneficio económico. Eso sí, es un ejercicio de ciudadanía sumamente enriquecedor.

La complejidad de la gobernanza tiene testimonios en la prensa, particularmente cuando se reporta la instalación de comités, juntas de mejoras y organizaciones temporales para programar algún evento. Un ejemplo enriquecedor lo encontramos en las páginas del Diario Yucateco para el verano de 1910, cuando este periódico publicó una serie de notas en las que daba cuenta de los resultados de la Junta Organizadora de las Fiestas del Centenario, la cual estuvo integrada por Faustino Escalante (sin parentesco con el autor de esta columna), Luis Rosado Vega (el mismo poeta y futuro autor de Peregrina), los doctores Antonio Ancona Pérez y Romualdo Manjarrez, el ingeniero David Casares, Máximo Ríos, Roberto Castillo Rivas, José M. Medina Ayora, Clemente Cepeda, Tomás Mediz, el licenciado Diego G. López, Francisco Álvarez, Edmundo G. Cantón, Manuel Peón Zetina, Tomás Peniche López y  Alfonzo Aznar Mendoza.

Muy probablemente, quien tenga el privilegio de hojear el volumen del Diario Yucateco actualmente, en busca de testimonios sobre la celebración del centenario de la independencia en la entidad, se encontrará con la historieta “El árbol del Milenario”, una de las primeras que se hicieron en Yucatán y aunque no está firmada, es obra de Bernardino Mena Brito, quien pocos años después estaría convertido en coronel del Ejército Constitucionalista. Este político y militar ejerció por algún tiempo la caricatura en el semanario La Campana y también realizó algunas ilustraciones para el Diario Yucateco, como ésta que apareció publicada el 30 de julio de 1910.

En la historieta de marras es notorio que Mena Brito no era precisamente muy talentoso para el dibujo, pero su narración mueve a la risa a pesar de que han transcurrido más de 100 años desde la publicación. La sucesión de cuadros narra un ¿supuesto? acalorado debate en el cual debía decidirse de qué especie debía ser el árbol que, con motivo de la conmemoración del centenario de la independencia, debía sembrarse. Mena Brito aprovechó para retratar las simpatías de algunas personas con las que debió reunirse la comisión conformada por Joaquín García Ginerés, el comisionado de jardines, Ildefonso Gutiérrez; don José E. Marín, inspector de Jardines, y el lic. Emilio García Fajardo, para zanjar la propuesta.

Así, los textos de la historieta, que no son más que una sucesión de viñetas que ilustran una reunión de varones, indican que estos discutieron “luengas horas” para elegir una planta, y sigue una sucesión de propuestas entre las que se encuentran el cocoyol, “pero temiose que en esto algún malicioso viera una alusión a ciertas gentes que no son amigas de contribuir con cosa alguna” (“duro como cocoyol”, dice un yucatequismo); luego, “uno de los componentes de la junta, miembro de todas las cofradías y hermandades, dijo que en conciencia él no votaría más que por el bonete” [acotamos que esto habría sido muy interesante porque hoy este árbol casi no se encuentra]; a lo que responde un “poeta radical rojo” que “el sagrado laurel o el alimenticio ramón eran los que él indicaba para el caso”, y dado que ese mismo año cayeron los precios del henequén y además se enfrentó a una plaga de langosta, otro sugirió que se sembraran muchos ejemplares. Así, hasta que “un coro de presupuestívoros exclamó desesperado ‘El mamey, el mamey’, en tanto que una docena de diputados clamaban ‘¡No! mejor es la papa!”... “Hasta que un simpático y progresista español [!!!] dijo: Para concluir este picho, que se opte por el pich”.

Hasta aquí, parece que la historieta está haciendo humor llano, pero retrocediendo hasta el 22 de julio de 1910, se encuentra una nota titulada “Las fiestas del Centenario” en la cual se acuerda el nombramiento de la comisión del árbol del centenario, e inmediatamente se agrega que “Con tal motivo unos opinaron porque el ‘pich’ es el árbol que alcanza mayor edad; otros el mamey; otro manifestó su preferencia por el ramón y los menos por el saramuyo”. Es decir, la historieta solamente amplió la información.

Lo cierto es que pasaron las semanas y la comisión no lograba consensuar si debía sembrarse una parota o pich, un ramón, um mamey o, como finalmente ocurrió, un zapote. El sitio apropiado también fue objeto de discusiones, pues se pretendió ubicarlo en la Plaza de la Independencia, “el pintoresco jardín botánico” que estaba a por inaugurarse, o la glorieta de San Fernando, que indicaba el límite de Mérida hacia el norte. Al final, se optó por el jardín, aunque alguien mencionó que no podía preverse “ si entre algún tiempo no se convierte aquel apartado lugar de la ciudad, en monte”.
El jardín es, hoy por hoy, uno de los lugares de recreo favoritos de los yucatecos. Que los descuidos institucionales hayan terminado por afectar hasta al trenecito que lo recorre es tema de otras notas y otros tiempos.



Lea, del mismo autor: Sólo cayó un vicioso…


Edición: Estefanía Cardeña



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