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Meditación sobre la inconformidad

Discernir la raíz del problema apunta a soluciones y a los responsables
Foto: Ap

Es indudable que en el país hay mucha inconformidad; sin embargo, ésta debe considerarse críticamente para que podamos discernir sus raíces y reconocer así de dónde viene y hacia dónde apunta.

Tenemos así la inconformidad que no le ha vuelto la espalda al régimen y que, a pesar de todo, le sigue otorgando su aval (según se demuestra en las encuestas), mismo que se traduce en una exigencia de justicia que para muchos de nosotros no ha quedado plenamente satisfecha al dejar pendiente, por ejemplo, el desafuero de “Alito” Moreno. Existe también una profunda insatisfacción al ver cómo el régimen, en su pragmatismo quizás ineludible, ha reeditado algunas prácticas del viejo sistema como el “chambismo”, el acarreo y otros vicios que no son saludables para la democracia y que aproximan peligrosamente al populismo un proyecto de gobierno popular.

Por otro lado, tenemos la insatisfacción de los que perdieron sus privilegios extra-legales (Salinas Pliego, Beatriz Pagés, Javier Lozano y muchos otros) y de todos los que de alguna manera se identifican con ellos, ya sea porque también perdieron canonjías o porque aspiraban a tenerlas de manera espuria. Son, por definición (pues son privilegiados o lo fueron), una minoría cuya circunstancia permite que su discurso pueda circular ampliamente en la estructura política y social de un espectro globalizado. Aquí el discurso de inconformidad es estridente y agresivo, lógicamente inconsistente y lleno de sofismas.

Asimismo, tenemos los grupos de presión, algunos de los cuales plantean, ciertamente, demandas legítimas, y donde aparecen también los sindicatos corruptos y la carne de cañón de las organizaciones que han medrado con la necesidad de la gente. En el espectro tampoco queda de lado la masa desinformada y, por tanto, manipulada de ese sector cuya única ventana al mundo es la televisión tradicional que, afianzada en una perspectiva melodramática de la vida, divide al mundo en buenos y malos en un maniqueísmo donde los primeros creen ciegamente en el orden establecido y esperan ser redimidos en razón de su fe y de un extrañísimo sentido del bien.

Escribo estas líneas hacia las 13 horas del 11 de junio de 2026; minutos antes de que se inaugure el Mundial de Futbol más leonino de la historia. No me interesa el juego ni el torneo me apetece: sólo quiero dejar constancia de que la inconformidad que mañana se consignará en los noticieros de los próximos días tiene muchas raíces y muchos rostros, pero los grandes consorcios de noticias solamente difundirán aquel que esté en sintonía con sus intereses. 

Me detengo un momento para ordenar un poco mis ideas. Me asomo a la red para ver si hay alguna novedad y encuentro un video donde Salina Pliego puja entre el aglomeramiento para ingresar al estadio. De pronto se oye un grito que parece darle sentido a lo que aquí se plantea: “ai’ va la perra de Trump… pinche Salinas culero… ¡chinga tu madre…!”

Efectivamente: hay mucho descontento…

Lea, del mismo autor: Infancia

Edición: Fernando Sierra


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