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Escritores sin ego

El proceso de esta literatura subterránea sucede precisamente en las sombras
Foto: Fernando Eloy

Hace apenas unos días, una escritora de renombre comentó en sus redes sociales que conocía a un amigo suyo que escribía las obras de otros, y éstas resultaban grandes éxitos literarios. El proceso de esta literatura subterránea sucede precisamente en las sombras: contactan a un buen escritor, le proponen la preparación de un libro a partir de un borrador y le hacen firmar con contrato de confidencialidad que les impide hablar del asunto. Lo peor de todo es que quienes aparecen como los grandes escritores (los que pagaron a otro por hacerles su obra), son de gran popularidad y reconocimiento. 

Si bien siempre han existido buenos escritores que viven de hacerles sus obras a otros, también existen aquellos que creen que lo que escriben es lo mejor de la literatura, lo que ha sucedido toda la vida. En su libro Poesía y verdad, Goethe relataba que, en la escuela de niños, los profesores de antaño pedían a sus alumnos escribieran poemas. Por supuesto, quienes pertenecían a familias adineradas y contaba con instructores particulares pedían a sus tutores que escribieran por ellos los trabajos escolares. Algunas veces, si el ayo de la familia era buen escritor, aquellos niños presumían esos poemas como suyos. Aunque otras veces, si el preceptor de la casa era desastroso en la escritura, el resultado era igual de pésimo, a pesar de que aquel niño presumiera el texto ajeno y recibiera las burlas de los demás.

En medio de estas y otras situaciones donde brilla el egocentrismo literario y el esclavismo escribano, difícilmente existen obras realizadas por dos autores al mismo tiempo. Digámoslo así: una obra literaria escrita a dos plumas, como sucede cuando es interpretada una pieza musical a cuatro manos, ya sea en un piano o en dos. Sin embargo, cuando sucede un experimento literario como éstos, no siempre es exitoso. Entonces, la idea es abandonada y cada quien regresa a su escritorio personal. Aunque esto no debería ahuyentar a aquellos a quienes les atrae la idea de escribir entre dos una obra.

Lo difícil de participar en este tipo de experimentos, donde dos escriben, por ejemplo, un cuento, es dominar el ego del escritor y amansarlo al grado de apaciguarlo al mínimo. Entonces las condiciones serán las adecuadas: dos autores dispuestos a sacrificar su ego con tal de escribir entre los dos una obra. Y si uno y otro escritor son de distinto género humano o biológico (masculino-femenino, por ejemplo), la experimentación literaria podría resultar más interesante, al considerar dos enfoques completamente distintos pero complementarios. Y si es añadido al género literario que se escribe otro género que corresponde a una expresión artística diferente, como la música, el experimento podría resultar, más que experimental, extraño, pero no negativo. 

Es posible imaginar, por ejemplo, un relato en el que participan dos personajes, uno femenino y otro masculino, a los cuales los hacen hablar los autores desde su visión femenina y masculina. Además, si ese mismo cuento trata asuntos propios de la música o la pintura o el cine o cualquier otra expresión artística, habría una fusión de manifestaciones del arte. La gran ventaja, para lograr esta amalgama de artes, es que, en el instante, es posible escuchar la música que discurre en el cuento a través de plataformas de emisión musical, como Spotify; o si se trata de temas cinematográficos, estará a la mano alguna plataforma de videos, como YouTube; o si es una pintura la que está implicada en la narración, bastaría con encontrarla en Internet al instante.

La experimentación literaria podría incluir otras fusiones, además de los géneros humanos y los géneros artísticos, como podría ser la geometría y el dibujo, como se ha aplicado en algunas obras, principalmente poéticas. Lo que importa es probar opciones de integración de la literatura con otras artes, aunque lo más importante es disminuir a su mínima expresión el ego del escritor. Como es posible constatar, no basta con que los genuinos escritores (sin los llamados escritores fantasmas, que hacen las obras a otros) creen sus propias obras, sino que disminuyan su ego y se atrevan a escribir textos literarios con otro autor. 

contacto@lajornadamaya


Edición: Fernando Sierra


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