de

del

Para pensar el sargazo

Un desafío que requiere ir más allá de la playa y el turismo
Foto: Juan Manuel Valdivia

Una y otra vez llegan a las playas de Quintana Roo las ya de sobra conocidas arribazones masivas de sargazo y, con ellas, resurgen los ríos de tinta que buscan explicar causas asignar responsables, proponer soluciones y delinear escenarios catastróficos o triunfantes., Hasta ahora, las discusiones se han dado más o menos a retazos, encerradas en “cámaras de eco”: los académicos rebotan sus ideas contra las cabezas de otros académicos, los medios rivalizan en estridencia y pavor, los prestadores de servicios turísticos pugnan por cargar los costos de la lidia con el sargazo a los organismos oficiales y éstos demandan que el sector privado contribuya a la limpieza de los litorales, los conservacionistas se lamentan de que se reduzca el asunto a tener playas limpias para los turistas en lugar de atender las causas últimas de la explosión demográfica de la macroalga, y los ingenieros y técnicos ofrecen soluciones tecnológicas que convierten al sargazo de residuos en materia prima; mientras los inversionistas interesados calculan el riego de colocar sus recursos en una actividad dependiente de una materia prima cuya permanencia nadie garantiza en el largo plazo, además de estar sujeta a permisos, licencia so autorizaciones inéditas, sin precedente ni sustento jurídico expreso. Ahora, por fin, empiezan a verse algunas posturas integradoras.

Al escuchar una entrevista con Ignacio Muñoz, ejecutivo de la consultora The Seas We Love, que presta servicios de asesoría al sector hotelero de Quintana Roo, he empezado a darle vueltas a lo que tiendo a concebir como una red de relaciones entre las ciencias ambientales, los intereses económicos, la política local, nacional e internacional, las ciencias de la salud, las ingenierías, el papel de la tecnología en las interacciones del hombre con la naturaleza, la sustentabilidad del desarrollo y, desde luego, la ética. Esta red está hecha de sargazo, y desentrañar su estructura y su funcionamiento exige la formulación de un ensayo mucho más extenso de lo que cabe en los pocos párrafos que admite esta breve nota.

Podría empezar por las discusiones en el terreno de las ciencias. Hace tiempo se empezó a difundir la hipótesis de que la explosión de crecimiento en las poblaciones de sargazo en el Atlántico se debía a la reunión de varios factores, entre los que destacan el incremento de la temperatura de las aguas marinas más someras, la pérdida de cobertura forestal en la cuenca del Amazonas, el incremento de los monocultivos de soya transgénica en Sudamérica, el deterioro de los bosques del trópico africano y el aporte masivo de agroquímicos al mar, arrastrados pro las corrientes de los grandes ríos americanos y africanos, como el Orinoco, Amazonas y Congo. Esta hipótesis resulta muy atractiva para quienes nos preocupamos por el avance de los fenómenos relacionados con el cambio climático global y la pérdida de los ecosistemas y la biodiversidad tropical. Ahora resulta también atractiva a una porción de inversionistas privados del sector turístico que empiezan a asumir que es importante respaldar sus posiciones con una sólida argumentación científica. Pero recientemente ha salido a la luz otro grupo de científicos que dice: “¡Pamplinas!, lo que explica la reproducción masiva y acelerada del sargazo en altamar es que se está desarrollando en una zona de surgencia”; es decir, un área donde las corrientes de agua fría provenientes del casquete polar antártico, al irse calentando a medida que se acercan al ecuador, suben a la superficie, arrastrando los nutrientes que se encontraban en el fondo del mar, como en las zonas de pesca de anchoveta cerca del litoral peruano. Pero ahora resulta que la NASA ofrece evidencias que parecen iniciar que los océanos se hacen cada vez más oligotróficos; esto es, que cada vez contienen menos nutrientes, lo que parecería contradecir la hipótesis de la zona de surgencia. Como se ve, no hay nada parecido a un consenso consistente y cerrado entre la comunidad científica. Quizá una salida fácil sea decir que se trata de un fenómeno complejo, multicausal, pero en tanto no haya un acuerdo común, la tentación será utilizar la hipótesis que más convenga a los intereses que cada cual representa (la ciencia, habrá que insistir, no es neutral). Mientras se resuelva la cacofonía de la controversia académica, la llegada de toneladas de sargazo a las playas del Caribe resulta un problema mayúsculo, no solamente para Quintana Roo, en nuestro país, sino para otras naciones insulares e la región, con economías que también dependen en buena medida del turismo y la pesca.

Por fortuna todo parece indicar que se empieza a pensar con seriedad en formas de atender este problema que no se limiten a limpiar las playas. Mientras se pensó que solamente se trataba de mostrar arena blanca a los visitantes, el asunto se enredo en una discusión acerca de quiénes tendrían que responsabilizarse d ellos gastos que este trabajo implica, considerando al sargazo un residuo del que había que deshacerse a toda costa (sin saber muy bien dónde y cómo disponer de él definitivamente), y sin tener en cuanta los impactos que la actividad tiene sobre la salud de las personas que trabajan físicamente en el trasiego del alga. Es cierto que se han propuesto varias formas de disponer del sargazo, considerándolo ya no un residuo, sino materia prima (para la construcción, producción de alginatos, camas para granjas porcícolas y un largo etcétera de ideas). Ahora hay que responder a la necesidad de evitar que llegue a las playas, al menos en las cantidades que se ven actualmente, y se le ¿coseche, pesque? en altamar. Ya se piensa en emitir permisos ¿de captura? Que lo asuman recurso pesquero. Toca ahora la difícil tarea de invertir en la construcción de una industria sustentable que no tiene al parecer una fuente continua y segura de materia prima, carece de mercado, desconoce la demanda y las condiciones de los productos que pueda ofrecer. Queda mucho de qué hablar alrededor de este tema, de modo que seguramente la semana próxima seguiré dándole vueltas, pensando ahora a quiénes toca encarar este formidable reto y cuáles son sus implicaciones más allá de nuestras fronteras y nuestras aguas nacionales.

Lea, del mismo autor: Cinco de junio

Edición: Fernando Sierra


Lo más reciente

Japay, ante su renovación

Editorial

La Jornada Maya

Japay, ante su renovación

Presidencia decreta suspensión de clases y home office por juegos del Mundial en CDMX y Guadalajara

La medida aplicará para el miércoles y jueves ante los partidos que se realizarán en México

La Jornada

Presidencia decreta suspensión de clases y home office por juegos del Mundial en CDMX y Guadalajara

Sheinbaum conversa con primera ministra de Barbados para impulsar cooperación con el Caribe

Las mandatarias hablaron sobre estrechar la relación bilateral y fortalecer la industria turística

La Jornada

Sheinbaum conversa con primera ministra de Barbados para impulsar cooperación con el Caribe

Bajo la sombra de Messi, Cristiano busca sellar su legado para Portugal en el Mundial

Los lusos debutan ante Congo; Colombia se enfrenta a Uzbekistán e Inglaterra a Croacia

La Jornada Maya

Bajo la sombra de Messi, Cristiano busca sellar su legado para Portugal en el Mundial