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Se sabía, desde hace ya bastantes meses, que la infraestructura de distribución de la Comisión Federal de Electricidad experimentaría varios desperfectos durante la temporada de tormentas y huracanes, la cual coincide con la de mayores temperaturas en el sur -sureste de México. Ya hace un año, para estas mismas fechas, en esta casa editorial advertíamos que los altibajos en el suministro estaban dando pie a protestas cada vez más intensas en la península de Yucatán, las cuales podían derivar en agresiones al personal de la paraestatal.

Ya el 22 de mayo de 2025, coincidieron dos manifestaciones: en Mérida, vecinos de las colonias Zazil -Há y Cinco Colonias bloquearon la calle 50 A; mientras que en Campeche, los habitantes de El Polvorín protestaron frente a las oficinas de la CFE en demanda del cambio inmediato del transformador de la zona. Al poco tiempo, el 26 de septiembre, un apagón generalizado afectó a los tres estados de la península durante cuatro horas.

Con todo y el inicio de operaciones de la planta de ciclo combinado Elvia Carrillo Puerto, el pasado 13 de mayo, las fallas han vuelto a darse, tanto en Quintana Roo como en Yucatán y Campeche. Las protestas, también, impulsadas por la percepción de que la CFE es sumamente eficiente para cortar el servicio a quien se atrasa en el pago de su consumo, pero cuando se trata de reparar sus propias deficiencias y actualizar su infraestructura de distribución, especialmente en colonias donde es notorio que se tienen equipos y líneas que hace ya varias décadas quedaron obsoletos.

Por otro lado, independientemente de que se trate de interrupciones programadas o de apagones, la afectación es real. Servicios públicos como la distribución de agua se reanudan lentamente tras una falla eléctrica. Aparte está la imposibilidad de realizar cirugías en los hospitales, la suspensión forzosa de la banca y que también resulta imposible acceder a Internet. De ahí que sea entendible la molestia de la población ante cualquier fallo y, especialmente, cuando percibe una demora injustificada para el restablecimiento de la corriente eléctrica.

Es así como las protestas en la península, en demanda de que se dé mantenimiento a la red eléctrica, van de cierres de carreteras federales y vialidades principales a manifestaciones frente a las oficinas de la paraestatal. El número está por llamar la atención: en Ciudad del Carmen se han dado ocho bloqueos en lo que va de la temporada, que van desde calles hasta avenidas y llegando a la carretera federal 180. Los motivos parecerían absurdos, pero cuando los constantes apagones o las fluctuaciones en el suministro terminan por dañar los aparatos electrodomésticos que representaron un esfuerzo financiero o adquirir un crédito que se sigue pagando, o la descomposición de los alimentos de la familia, el enojo es hasta natural.

Pero si la reacción de molestia es exacerbada por la tardanza para que alguien conteste el 071, y que sea el mismo personal de la CFE al otro lado de la línea el que recomiende que, si quieren ser atendidos con prontitud, “deben bloquear las calles o manifestarse, ya que sólo así entienden los directivos”, raya en la inspiración literaria, o en un nuevo tema en el que México le gana a la inteligencia artificial.

La CFE se distingue por un aparato de comunicación social que brinda información incompleta. Así como el número telefónico para reportar fallas se ha vuelto un obstáculo para quien desee hacer un reporte -que por lo general son adultos mayores sin los conocimientos para hacerlo a través de una aplicación -. Lo mismo vale para la página de Internet destinada a este fin, que le pide al usuario indique su número de servicio y el “monto a pagar”, cuando lo que se necesita es informar de un desperfecto, no hacer un pago.

Los números siguen ahí. En Ciudad del Carmen se contaron 16 apagones en diferentes colonias este martes. De hacerse el ejercicio en Mérida, Campeche, Cancún y Chetumal, tendría que reconocerse que hay un problema enorme en la red de distribución, algo que es sabido desde hace tiempo, pero la CFE ha preferido concentrarse en la producción. Queda por ver si el excedente energético que se consiga no termina por colapsar la red peninsular, alimentando la idea de que México vive el surrealismo.

Lea, de la misma columna: La pobreza se vive en femenino

Edición: Fernando Sierra


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