Opinión
Felipe Escalante Tió
18/06/2026 | Mérida, Yucatán
En ocasiones, uno se encuentra historias profundas en donde menos se espera, y no es que se trate de los llamados grandes acontecimientos, sino que los hallazgos son detonadores de otras historias y otras personas que no forman parte del entorno en ese momento, pero que se encuentran vinculadas por relaciones muy diferentes entre sí.
Lo anterior viene a colación porque en una publicación un tanto olvidada, pero que seguramente fue muy popular en su época, se encontraron algunos datos que terminaron por remitir a otra narración familiar, a los pocos años.
La nota en cuestión apareció en el semanario Deportes con el título “Deportivo Peninsular Campeón 1946 -1947”, que venía con un sumario que agregaba “Se acreditó la copa al empatar con Modelo 3 por 3 en gran juego”, y apareció publicada el 16 de enero de 1947. El “balazo” en el encabezamiento apuntaba “Futbol en el estadio”.
Existe un cierto prejuicio acerca de que en Yucatán se prefiere el beisbol muy por encima del futbol. Hay algo de cierto en esto, pero también hay otro elemento: el primero fue impulsado como deporte popular por los gobiernos socialistas y además, en esos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, era posible ver a jugadores con calidad de las ligas mayores de Estados Unidos, que ante la imposibilidad de incorporarse a un equipo ahí por su color de piel, prefirieron quedarse en México. Por otro lado, el llamado deporte de las patadas fue promovido por escuelas particulares, por lo que el balompié es tenido por actividad “de los ricos”.
El campeonato que nos ocupa fue la Copa Casa Duch, y según la crónica firmada por Scorer, la final fue “el partido más lucido, por su calidad y equilibrio, que se ha jugado en nuestros céspedes por muchos años”. Y en efecto, el encuentro fue tan reñido que hubo un momento en el que los jugadores se olvidaron del balón y convirtieron en ring el pasto del estadio Salvador Alvarado, que desde entonces era la “catedral” del deporte yucateco.
La novedad que tenía Deportes era la profusión de fotografías. Eso sí, también es necesario apuntar que parte del éxito de la revista debió ser un precio accesible. En la Biblioteca Yucatanense se conserva una colección que cubre unos tres años, algo que pocas revistas habían logrado antes, y ésta era especializada en la escena deportiva local, la cual era predominantemente amateur. La estrategia para que la publicación llegara a más personas fue emplear un papel muy económico para imprimirla, lo que con el paso del tiempo ha afectado la calidad de las imágenes, ya de por sí baja por emplear la técnica de medio punto para su reproducción.
Pues bien, las fotografías dejan ver a Jaime Tió Correa como un destacado integrante de la escuadra de la Escuela Modelo, y la crónica indica que dio dos pases para gol e hizo varios tiros al arco, sin hacer diana. Por lo ya mencionado, además de que para este número se empleó una tinta roja que hoy afecta la visión, mi pariente (me urge un genealogista para identificar el término preciso, pero era primo hermano de mi abuelo), apenas es identificable en las gráficas, las cuales están suscritas por un seudónimo: Torrente, el cual corresponde a Joaquín Reyes Sánchez, quien falleciera el 28 de septiembre de 1955, en cumplimiento del deber periodístico; había sido enviado a Chetumal, ciudad que fue embestida por el huracán Janet, una de cuyas últimas ráfagas derribó la avioneta en que viajaba.
Reyes Sánchez también está vinculado a mi familia: había cambiado la comisión con Felipe Escalante Ruz, según cuenta éste en el libro Emociones del Recuerdo, publicado en 1990. Será la sincronicidad, pero eso queda para otras notas y otros tiempos.
Edición: Estefanía Cardeña