Opinión
La Jornada Maya
13/07/2026 | Mérida, Yucatán
En el Centro INAH Yucatán en la Sección de Antropología Física, analizamos los restos óseos y los dientes de las poblaciones prehispánicas y coloniales para conocer cómo era su alimentación, su estatura, sus padecimientos, sus costumbres funerarias y algunas otras cuestiones de su vida cotidiana. Del mismo modo, abordamos otras investigaciones que involucran a la población actual de nuestro estado. Relacionado a esto último, compartiré los resultados de un trabajo realizado junto a mis colegas Alfonso Gallardo y Oana Del Castillo.
En nuestro país, la Península de Yucatán presenta la mayor incidencia de litiasis urinaria (LU), con una tasa que duplica el promedio nacional. Así, seis de cada diez consultas de urología están relacionadas con la presencia de cálculos renales. Además, el número de casos ha aumentado de manera sostenida y la enfermedad se ha convertido en la segunda causa de insuficiencia renal. Este padecimiento puede presentarse desde edades tempranas (neonatos, lactantes y niños), así como en los distintos grupos de adultos. En consecuencia, la litiasis urinaria constituye un importante problema de salud para la población de la península.
La litiasis urinaria o nefrolitiasis se define como la presencia de cálculos (masas sólidas formadas de pequeños cristales) en el sistema urinario (riñones, uretra, vejiga y uréteres). Los cálculos renales se forman por la cristalización de diversos materiales como oxalato de calcio, ácido úrico, estruvita, cistina, fosfato de calcio, y en muy raras ocasiones, también pueden estar compuestos de medicamentos. Como mencioné anteriormente, lo padecen hombres y mujeres de todas las edades y se presenta en todas las poblaciones del mundo.
La litiasis urinaria (LU) ha acompañado y afectado a la humanidad desde tiempos remotos. Se han hallado cálculos en restos humanos incluso anteriores a las primeras descripciones del sistema urinario. Uno de los casos más antiguos conocidos es el descubrimiento realizado en Egipto en 1901: una momia de aproximadamente 4800 años de antigüedad, correspondiente a un joven de 16 años, que presentaba en la región pélvica un cálculo con un núcleo de ácido úrico con láminas de oxalato de calcio y fosfato de magnesio y amonio.
La litiasis se ha asociado, entre otros factores, con el consumo de ciertos alimentos, la presencia de diabetes, hipertensión arterial y síndrome metabólico, así como con la cantidad y calidad del agua ingerida, incluida su dureza. Por ello, el grupo de investigadores de la Sección de Antropología Física del INAH emprendió un análisis para determinar si el tipo de agua consumida influye en la formación de cálculos urinarios.
El estudio se realizó con 1026 pacientes atendidos por litiasis urinaria en 2018 en el Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán (HRAEPY). Se analizaron los distintos tipos o familias de agua, así como las categorías de dureza total presentes en los municipios de Yucatán. Esto permitió evaluar si las características fisicoquímicas y la dureza del agua constituyen un factor relevante en la formación de cálculos renales.
Con los datos obtenidos hasta el momento, podemos afirmar que las características fisicoquímicas y el grado de densidad de cada familia de agua, así como la dureza total ésta, no mantienen correlación alguna con la incidencia de enfermos de litiasis urinaria (LU) en los pacientes incluidos en el estudio. Sin embargo, consideramos necesario ampliar la muestra a años anteriores y posteriores, así como realizar otros estudios que incluyan un mayor número de enfermos con litiasis urinaria (LU). Asimismo, es importante considerar otros aspectos, como la herencia genética, es decir si existe algún gen que esté propiciando la formación de cálculos renales junto con otros aspectos como la alimentación y condiciones de vida de los individuos.
Martha Pimienta Merlín es antropóloga física del Centro INAH-Yucatán
Coordinadora editorial de la columna:
María del Carmen Castillo Cisneros; profesora investigadora en Antropología Social
Edición: Fernando Sierra