Opinión
La Jornada Maya
14/07/2026 | Mérida, Yucatán
Las protestas contra los apagones en Yucatán alcanzaron este martes un nuevo hito: el bloqueo -incidental, hay que aclarar -de un encierro de autobuses del sistema Va y Ven, lo que a su vez afectó al público usuario de los primeros turnos.
Vecinos de varias colonias al poniente de Mérida, en demanda de que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) atienda y solucione la incidencia y duración de los apagones que ocasionan los desperfectos en las líneas de distribución del rumbo conocido como “La Mulsay”, cerraron el tránsito en dos importantes avenidas, lo que impidió la salida de autobuses de la empresa Mobility Mérida, impidiendo el adecuado funcionamiento de cinco rutas que unen distintos puntos del poniente con el centro de la ciudad.
La movilización vecinal tiene una fuerte motivación: el servicio de energía eléctrica ha sido de lo más irregular en los últimos 10 días, y entre altibajos de la corriente y apagones, sus aparatos electrodomésticos han resultado dañados, lo que redunda en alimentos descompuestos e incomodidad por las altas temperaturas de la temporada. A esto se debe sumar la falta de atención por parte de la CFE, y esto implica a la Agencia de Energía de Yucatán, cuyo titular, Pablo Gamboa Miner, llegó a ofrecer su teléfono particular para recibir reportes de fallas y que él mismo las canalizaría a la paraestatal. Si se acepta que la dependencia recibió más de 700 reportes por fallas durante el fin de semana, es claro que ni a ella le hacen caso.
Las protestas también han causado descontento por parte de quienes transitan por las vialidades cerradas, quienes alegan que se afectan sus derechos; esto tal vez sin reconocer que las colonias en donde tengan su residencia pueden ser las próximas donde falle un transformador y el consiguiente apagón perjudique su sueño, sus refrigeradores y equipos de aire acondicionado, y sus alimentos.
Por otro lado, la tardanza de la CFE para atender y brindar una solución definitiva a la obsolescencia de la red de distribución en la península también está llevando a otras manifestaciones que pueden poner en riesgo la integridad de su personal. En redes sociales es fácil encontrar expresiones llamando a amarrar a los postes a los electricistas e ingenieros que lleguen a “poner un parche” y no a arreglar los desperfectos.
Acciones como a las que se convoca constituyen el delito de privación ilegal de la libertad y tampoco solucionarán la crisis de distribución de electricidad que enfrenta la península de Yucatán en general. Pero la falta de una respuesta pronta por parte de la CFE hace pensar que a los directivos de la paraestatal les importa muy poco la integridad de sus trabajadores, especialmente los que cumplen las labores de campo y quienes sí han demostrado su valía cuando ha sido necesario volver a poner en servicio las redes después de un huracán.
Como sociedad, también es necesario aceptar que los apagones que hoy se sufren son resultado del crecimiento acelerado y desordenado de Mérida, y de que jamás se buscó modernizar la infraestructura de distribución; que esa sí está rebasada y obsoleta. Es a esa red a la que se le exige en los meses de más calor que soporte la demanda de aires acondicionados y, más recientemente, de automóviles eléctricos que supuestamente son menos dañinos al medio ambiente.
Entonces, lo urgente es corregir el rumbo de lo que se ha querido llamar desarrollo, que pretende un crecimiento urbano acelerado para el cual no se tiene la infraestructura de servicios. Esto implica poner un límite al crecimiento, aunque se quejen unos pocos que han hecho negocio con la especulación inmobiliaria; pero también obligar a la CFE a modernizar sus líneas de distribución, y para esto se requerirá la unión de habitantes y gobierno, no protestas aisladas y mucho menos atacar al personal de la paraestatal.
Edición: Fernando Sierra