Opinión
Óscar Muñoz
04/08/2026 | Mérida, Yucatán
Si bien las cartas manuscritas tienen ciertas ventajas sobre las cartas digitales, en el fondo del asunto un tipo y el otro tiene sus propios beneficios según los propósitos de cada modelo. Por una parte, las manuscritas favorecen indiscutiblemente la salud emocional de la gente, ya que promueven la empatía y fortalece las relaciones afectivas entre las personas. Sin embargo, las misivas electrónicas cuentan con la ventaja de llegar más rápidamente al receptor, casi al instante en que éstas son enviadas a su destinatario.
Debe reconocerse que, al escribir cartas postales, éstas ofrecen la oportunidad de reflexión más profunda durante su redacción, ya que son textos más íntimos y personales. La expresión plasmada en estas cartas es mucho más sincera. En cambio, las cartas digitales resultan más protocolarias, más formales. Por otro lado, al elaborar misivas manuscritas, ayuda a ordenar mejor las ideas y se reduce la ansiedad, además de que favorece el agradecimiento, el perdón o el cierre de ciclos entre las personas.
Ciertamente, para muchas personas, escribir cartas postales es anticuado cuando se cuenta con sistemas de correo inmediato o de mensajería instantánea. Aunque el correo tradicional implica una forma efectiva de conectar con los demás de un modo más profundo y emotivo. Bastará saber que, durante la pandemia del COVID-19, cerca del 70% de las personas que recibieron correos de amigos y familiares sintieron levantados sus ánimos, según un estudio realizado por el Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS).
A partir de lo descubierto por los servicios postales de diversos países, la elaboración de cartas manuscritas ganó cierta popularidad ya que, además de ser una actividad pausada, permitió una profunda reflexión durante la redacción. Es verdad que escribir un mensaje digital se realiza en segundos, pero se pierde la oportunidad de prestar demasiada atención en lo que se escribe. Además, usar la letra manuscrita en las cartas ofrece una diversidad de beneficios mentales y afectivos.
Por otra parte, elaborar cartas manuscritas exige tiempo y dedicación para hacerla llegar a su destinatario: luego de redactar la misiva, hay que conseguir un sobre, adquirir un timbre postal y encontrar un buzón público. Pero valdrá la pena, porque los familiares o los amigos se sentirán muy valorados; será el valor agregado de las cartas manuscritas. Este tipo de actividad que recupera el uso de las misivas debería ser rescatada por las autoridades educativas y culturales de todo el país.
A finales del siglo XX, hubo un programa en la Secretaría de Educación Pública, en particular en las escuelas secundarias de la Ciudad de México, que promovía la elaboración de cartas y se llamaba Carta a un amigo. En este programa participó una diversidad de instituciones que unieron sus esfuerzos para alcanzar los objetivos. Proyectos como éste son necesarios en la actualidad, a pesar de tener encima los avances vertiginosos de la tecnología, los cuales han beneficiado varios aspectos de la comunicación, pero han afectado negativamente las formas más humanas de establecer contacto entre los individuos.
Algunos programas en otras naciones han promovido la elaboración de cartas manuscritas dirigidas a familiares y amigos, o a sí mismos. Pueden enviarlas o no a sus destinatarios, porque lo importante es lograr expresiones sinceras y afectivas en los textos, ya que, según algunos expertos, este tipo de misivas manuscritas tiene un efecto sanador. Y si se trata de recibir cartas de otros, se ganará optimismo, gratitud, serenidad y otras emociones importantes para el desarrollo humano.
En cambio, el uso de los sistemas digitales para elaborar cartas ralentiza la comunicación entre las personas, es decir, la sociedad actual es bombardeada por noticias instantáneas y exige respuestas inmediatas. Cada ser humano necesita un tiempo de entendimiento, de reflexión y de crítica, antes de responder inmediatamente. En lugar de que la gente se apresure a responder correos electrónicos y pase enseguida al siguiente mensaje, debe recuperar la ilusión de recibir una carta manuscrita.
Edición: Fernando Sierra